El Gobierno nacional acordó con los docentes y el salario mínimo será de $23 mil

El Gobierno anunció ayer un acuerdo con los gremios docentes nacionales para llevar el sueldo mínimo a los $23 mil a partir de marzo, lo que implica un aumento del 13%. Además, el piso subirá a $25 mil en todo el territorio a partir del 1 de julio, y se sumará al aumento un monto fijo de $4.840 que se pagará en cuatro cuotas consecutivas entre abril y julio.

No se habilitará la cláusula gatillo, que permite un ajuste automático en línea con la inflación y que ya fue dado de baja en varias provincias. Y se ratificó la vigencia del pago de los 1.210 pesos por cargo -hasta dos- en concepto del Fondo Nacional de Incentivo Docente (FONID).

El encuentro se dio en el Palacio Sarmiento entre los ministros nacionales de Educación Nicolás Trotta, y de Trabajo Claudio Moroni, y los referentes sindicales de las cinco organizaciones gremiales nacionales.

Las discusiones salariales en las provincias se habían paralizado a la espera de las fichas que mueva la Casa Rosada. Es lo que sucedió con la negociación bonaerense, tras un primer desencuentro entre la gestión del gobernador Axel Kicillof y los gremios provinciales por la postergación de un pago correspondiente a 2019. Finalmente con una oferta mejorada y una mayor predisposición de los gremios docentes, el inicio de clases el lunes próximo en la Provincia estaría garantizado. Kicillof propuso a los educadores bonaerenses un aumento escalonado que llega al 16,6%, en promedio, hasta la primera mitad del año. Consiste en una mejora del 8,9% en marzo y 7,7% en junio. De esta manera el sueldo de un maestro de grado con una carga, que recién comienza quedaría en 31,000 pesos al final de ese período.

La oferta se formalizó este jueves en la paritaria con los gremios y ahora las entidades anunciaron que será evaluada en congresos y asambleas. Este viernes, estará la respuesta oficial. «No es el aumento que esperábamos, pero incluye montos al básico y está el compromiso de una recomposición del salario», dijo el secretario General de Suteba, Roberto Baradel.

Si bien algunas provincias ya comenzaron las clases esta semana, como Mendoza, aún reclamando que las paritarias se abrieron tarde y tendrían que estar resueltas ya para el inicio del ciclo lectivo, el caso más preocupante hoy es el de Chubut, donde no comenzarán esta semana las clases, pese a la conciliación obligatoria dictada por la gestión de Mariano Arcioni. El año pasado hubo 85 días de paro en esa provincia. El miércoles próximo los docentes harían el primer paro de este año por 72 hs.

VIVÍA SIEMPRE CONTENTO

“Fer era mi amigo”, dice Camila, compañera de escuela de Fernando Báez Sosa.

Fernando fue asesinado por un grupo de adolescentes de Zárate; asesinado a golpes.

Dice Camila:
“Era la persona más buena y graciosa que conocí. Siempre me molestaba para hacerme reír y lo lograba. Tenía una risa muy particular, que contagiaba”.

La voz de los compañeros se ahoga en lágrimas, en recuerdos, mucha tristeza, demasiada impotencia:
“Siempre estaba pendiente del resto. Se notaba el esfuerzo que le ponía a todo y lo que quería conseguir todo lo que se proponía”.

Injusticia, desolación. Así están los compañeros y las compañeras.
“Vivía siempre contento, siempre con los amigos”.

¿Cómo transitan semejante dolor?
“Todos los días siguientes a lo ocurrido fue muy fuerte para todos lo que lo queríamos.
Nos juntamos a hablar sobre él, a recordarlo con lágrimas y risas con los recuerdos que cada uno/a tenía de él. Era muy importante para todos, tenía muchísimos amigos”.

La voz de Camila concluye. Así se muestran los jóvenes, con todo su dolor y con toda la convicción para que se haga justicia:
“Nos apoyamos entre nosotros, estando más juntos que nunca y peleando por que se haga justicia. No se merecía lo que le hicieron. Lo vamos a extrañar siempre”.

La naturalización de sentidos en los medios de comunicación: estrategias para su deconstrucción

En la actualidad, los medios de comunicación forman parte de nuestra vida cotidiana, la televisión ubicada en espacios vitales de nuestras casas, la computadora con entrada a internet y los celulares con aplicaciones tanto a redes sociales como a portales de noticias.

Así podemos acceder a información sobre acontecimientos políticos como las elecciones presidenciales, marchas y protestas sociales, los resultados de los partidos de fútbol y otros deportes, estrenos de películas y series, entrevistas a personalidades de la cultura hasta informes sobre pobreza y más. Este combo de noticias es presentado, de acuerdo al medio y soporte, desde diferentes enfoques, haciendo énfasis en aspectos determinados e incluso omitiendo otros.

Pareciera que la realidad está a un clic o botón de distancia, que se puede saber con certeza qué sucede en cualquier parte del mundo mediante la conexión globalizada de la información. ¿Esto es así? ¿Podemos saber qué sucede con los refugiados en Siria, la pobreza en India, la lucha social en Chile o cómo vive una persona en situación de calle solo accediendo a nuestras aplicaciones del celular? ¿Conocemos qué conflictos suceden en otras partes del mundo o a dos barrios de distancia?

Desde la lectura de los medios, ¿podemos interpelar críticamente a estos discursos? ¿Qué preguntas podemos hacerles? ¿Qué opiniones no se están contando? ¿De qué modo se definen a grupos y personas? Esto nos lleva a preguntarnos, cómo podemos potenciar la lectura crítica de nuestres alumnes, generar lecturas que deconstruyan sentidos naturalizados sobre modelos y formas de vida, y principalmente, sobre otras personas o grupos.

Si comenzamos a hacer foco sobre las formas en que se denominan y definen a niñes, adolescentes, o incluso a grupos como migrantes, LGTB o a organizaciones como movimientos piqueteros, entre tantos otros; tenemos que preguntarnos, por ejemplo, qué tipo de adjetivos, expresiones, prácticas e incluso metáforas se utilizan para explicarlos. ¿Son siempre las mismas?

Las publicidades son un lugar muy común para encontrar estereotipos tanto sociales (clase, etnia) como de género. Por ejemplo, las propagandas de artículos de limpieza son, habitualmente, protagonizadas por mujeres, casadas (se observa en un primer plano la alianza), de clase media y alta que “sufre” los avatares de tener que limpiar ella sola la casa. Por su parte, las publicidades de venta de autos son protagonizadas por varones, en general jóvenes, que manejan en lugares remotos, con paisajes bellos o como si estuvieran de viaje. La heteronormatización de la presentación de los productos de consumo rige en las publicidades. Es decir, siempre se presenta el binarismo: es un mismo tipo de mujer o un mismo tipo de hombre. No hay lugar para la inclusión de la diversidad de género o incluso de la alternancia. Es decir, los hombres nunca aparecen como protagonistas en las publicidades sobre limpieza de pisos y las mujeres tampoco lo hacen en las de nuevos modelos de autos, especialmente, los de alta gama.

Sin embargo, las publicidades no son el único espacio donde se difunden estereotipos, y a su vez, no se muestran diversidades. En los discursos políticos, como puede ser una noticia en su versión tradicional o publicación en redes, mediante algún periodista o referente, también se observan elementos que refuerzan y difunden construcciones sobre un otro, que conllevan estigmatizaciones, reduccionismos o fragmentaciones.

La construcción de la niñez en conflicto con la ley

Desde una mirada comunicacional, los medios masivos de comunicación cumplen un papel fundamental en la construcción de imaginarios y estereotipos, en el proceso hegemónico más general (Hall, 1981), ya que, en tanto materialización de un estado de la lucha por el sentido, otorgan y niegan la palabra a los otros. En el caso en las formas en que se denominan a niñes y adolescentes en conflicto con la ley, se observan en los discursos mediáticos términos como el de “menor”, que permiten renovadas formas de control social dirigidas a aquellos sujetos que son construidos como “peligrosos” para la sociedad.

 

En un trabajo de investigación (Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires) que realizamos con María Eugenia Contursi y Florencia Brescia analizamos los sentidos construidos sobre niñes y adolescentes en conflicto con la ley en los medios de comunicación nacionales, por ejemplo La Nación y Clarín, en un corpus de noticias armado para tal fin.

Allí pudimos observar la presencia de estereotipos y criminalizaciones a través del uso de términos peyorativos, principalmente “menor” y la relación directa entre pobreza y delito; desamparo y “terror” y seguridad, mayores penas y presencia policial como moneda corriente.

Aunque los enfoques editoriales de los diarios analizados para este trabajo puedan diferir, la cobertura de los hechos de violencia que tienen a niñes como agentes o como víctimas de las acciones son coincidentes, especialmente en las crónicas policiales, en las que “[l]os adolescentes son presentados en papeles de agresores, como amenaza para el adulto” y el énfasis está colocado en la necesidad de protección de los vecinos (Unicef, 2008, p. 9). Podemos decir que el término “menor”[1], categoría que expresa el ingreso al circuito policial y jurídico-burocrático de niñes y adolescentes, predomina en las crónicas, aunque con algunas variantes entre los diarios mencionados.

Si hacemos un ejercicio de identificar en las noticias los apelativos utilizados para referir a los agentes de hechos de violencia, por ejemplo, en las crónicas de La Nación encontramos expresiones como: “el menor”, “el menor de 16 años”, “el chico que mató a otro”, “el atacante de 17 años”, “un peligro para toda la sociedad”, “el menor imputado de homicidio”, “un inadaptado”, “el atacante”, “el agresor”, “tres delincuentes”, “los detenidos”, “los asesinos”, “los salvajes asesinos”.

En cuanto a la mención de los agentes, en las noticias en Clarín se utilizan apelativos similares a los de La Nación: “Macarena y Nicole, ambas alumnas de 12 años”, “un chico de 10 años”, “el atacante”, “dos menores” , “estos chicos”, “la minoridad”, “los menores”, “los delincuentes”, “‘El Ángel’, con apenas 14 años”, “el adolescente”, “muchachos”, “un menor, apodado ‘Josecito’”, “un grupo de chicos de la calle”, “un nene de 9 años”, “un nene que apenas superaba el metro de altura”, “un adolescente de 14”, “el nene y su compañero”, “los sospechosos”, “el pequeño”. Lo que llama la atención de estos apelativos, entre los que alternan términos connotados negativamente como “menor”, “atacante” y “sospechoso” con otros aparentemente neutros como “chico”, “nene”, “adolescente” y “pequeño”, es que estos últimos, al estar ubicados en el contexto de acciones violentas efectuadas por los agentes, ponen de relieve que la peligrosidad no es una cuestión de edad, ya que “con apenas 14 años” o “un nene de 9 años” puede cometer un delito muy violento y ser una amenaza para la sociedad. La edad no es, en este caso, atenuante para las acciones, sino más bien un motivo de espectacularización de la violencia y de crítica a las leyes que permiten la excarcelación.

En cuanto a las fuentes citadas por La Nación para dar verosimilitud y legitimación a la noticia, siempre encontramos la voz de la policía, incluso desde sus altos rangos, fuentes judiciales, o de familiares, amigos y/o abogados de las familias de las víctimas.

En Clarín, volvemos a encontrar la omnipresencia de la policía, acompañada de funcionarios del Poder Ejecutivo y Judicial. En mucha menor medida aparece el testimonio de los médicos y nunca el de los familiares de los acusados o de sus defensores. Es decir, la temática se plantea en términos de víctimas y victimarios, de allí que la idea de “menor” se inscriba en ese paradigma con sus consecuencias como la vulneración de los derechos humanos, especialmente los relativos a la niñez; la estigmatización y violencia simbólica y material que perpetúan la desigualdad social.

Como vimos, en Clarín y en La Nación el relato de las acciones de los menores en conflicto con la ley es motivo de espectacularización. Esto se debe a la forma en que enunciativamente son caracterizados dichos menores. Este aspecto es importante ya que permite que la discusión y el debate sobre la edad de imputabilidad se dé en un marco de aparente pedido de mano dura por parte de una sociedad cansada de “comprender” a los menores por el sólo hecho de tratarse de niñes, adolescentes y/o jóvenes.

La deconstrucción de los sentidos construidos sobre niñes en conflicto con la ley mediante el rastreo de los apelativos, las fuentes, y otras expresiones, nos permiten potenciar la lectura crítica de los discursos mediáticos (también oficiales) que circulan. Podemos preguntarnos, ¿qué prácticas habilitan o consensuan este tipo de narraciones? De la misma manera, podemos poner en foco otras presentaciones de hechos, acontecimientos y noticias que naturalizan sentidos para reflexionar qué se afirma y qué se silencia.

 

Hall, Stuart (1981): “La cultura, los medios de comunicación y el «efecto ideológico». En Curran, Gurevitch et alii: Sociedad y comunicación de masas, México, FCE.

Unicef (2008): Infancia y violencia en los medios. Una mirada a la agenda informativa (2007), Montevideo, Unicef.

 

Ejercicio para pensar noticias

  1. Seleccionen durante un mes noticias políticas recurrentes en un medio de comunicación. Se pueden incluir temas como: conflictos con instituciones del Estado (policía, escuelas, hospitales) o en la vía pública (usos y formas de utilizar el espacio público) o maneras en que se nombran a colectivos u organizaciones sociales frente a un reclamo (partidos políticos, movimientos sociales, sindicatos).
  2. Marquen en cada noticia: de qué se trata el conflicto si es público o privado; qué se debate o se reclama; quiénes son los actores sociales involucrados que aparecen en el relato de forma explícita o implícita.
  3. Subrayen las adjetivaciones, verbos y denominaciones asociadas a cada protagonista de la noticia.
  4. Tengan en cuenta si se presentan fuentes oficiales o extraoficiales.
  5. Finalmente, reflexionen de qué manera se presentan los hechos narrados, cómo se describen a las protagonistas. Y a partir de allí, si en la construcción general de cada nota se sugieran prácticas, medidas políticas o sanciones.

 

[1]  Como dice un estudio realizado por UNICEF en cuatro países de América Latina sobre el tratamiento de los menores en los medios masivos de comunicación: “El término dominante para nombrar a niños y adolescentes es menor, y en general constituye un atributo agravante de su caracterización como agresor. A ello se suma una mimetización con el lenguaje de las partes policiales o la terminología judicial.” El efecto que dicha representación genera es que “[l]a asociación de la infancia y la adolescencia con la idea de peligrosidad se constituye en la percepción dominante, tanto por el volumen de las noticias acumuladas en las temáticas que vinculan a niños y adolescentes con el conflicto con la ley, como por el modo en que éstos son tratados en el discurso informativo.” (UNICEF, 2008, p. 9).

 

Gabriela Costanzo[1]

[1] Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA); Maestranda en Comunicación y Cultura (FSOC-UBA); becaria en Formación en Investigaciones Estratégicas (UBA), docente en Teorías y Prácticas de la Comunicación II. Investigadora y autora de Los indeseables. La ley de Residencia y la ley de Defensa Social. Buenos Aires, Editorial Madreselva.