Cuando somos pocos en el aula

 

Hace unos años, cuando todavía me desempeñaba como maestra de grado, se me presenta un gran desafío en ese rol. La dirección de la escuela, me asigna el trabajo con un grupo de estudiantes de tercer grado. La  peculiaridad de grado era que el total del grupo  constaba solo de cinco estudiantes, entre los que se encontraban cuatro niñas y un niño.

Todas las recomendaciones giraban en torno a poder mantener a ese grupo matriculado sin perder un solo estudiante que implicaba el cierre del grado por el bajo número de alumnos inscriptos. Era un gran peso para mí.

Es posible pensar que, siendo un grupo pequeño, la tarea sería menor. Menos para corregir, para planificar y  para acompañar. Pero, la enseñanza es una tarea difícil que no entiende de las proporcionalidades ni de las matemáticas. Enseñar implica un sin número de variables  que van desde el conocimiento del área, la didáctica, la planificación, lo convivencial , el vínculo con la comunidad, etc.

Mis  interrogantes giraban en torno a: ¿de qué manera mantener la interacción, la motivación, la acción entre los estudiantes? , ¿cómo lograr que se presenten situaciones problemáticas  que los inviten  a pensar y construir conocimiento?. Sintiéndome una docente que observa  y  acompaña los procesos de cada estudiante, me propuse no convertirme en una lupa que no permite que se equivoquen y estar todo el tiempo corrigiéndoles las actividades y llenarlos de un sinfín de tareas. Por lo contrario, mi reflexión giraba en torno a darles el tiempo para lograr los procesos que todos los estudiantes de tercer grado realizan, permitiéndoles  tener también un espacio para divertirse y jugar.

Entonces aparecieron los proyectos compartidos con cuarto grado, que les daba la posibilidad de encontrarse con otros e interactuar. Los proyectos compartidos con segundo y primero donde ellos se sentían más importantes y podían explicarles a otros y ayudarlos.

El espacio del aula se llenó de rincones para leer, para investigar y para jugar.

Hubo momentos en los que se tuvo que pedir silencio por el barullo que se escuchaba. También hubo que pedirles que se sentaran y dejarán de andar corriendo por el aula cuando se estaba explicando una consigna.

Me acuerdo del cansancio con el que llegaba a casa por poner el cuerpo y la cabeza cada día.

Me acuerdo de cada uno de ellos y de sus particularidades.

Fuimos muy felices ese año.

 

Li. Prof. Vanesa Correa

 

La brecha social y digital que deja en evidencia la pandemia

Por Luciana Malamud

No es una novedad que existe una enorme brecha de oportunidades entre los que más tienen y los más humildes. Tampoco es novedad que esa brecha social se traduce en una enorme diferencia de oportunidades. Pero la pandemia y la cuarentena hicieron esto mucho más evidente, especialmente en relación a la educación.

Es imposible hablar de una sola Argentina, hay muchas realidades dentro de cada comunidad, de cada municipio, de cada provincia. También dentro de cada escuela, y mucho más si hablamos de las familias. Mientras un amplio sector  reemplaza las clases en la escuela por las «clases virtuales» en casa vía Zoom, en cientos de hogares apenas pueden cumplir con las tareas porque no sólo no tienen conectividad ni computadoras, sino que muchas veces ni siquiera tienen lápices, marcadores u hojas para escribir o dibujar.

La mayoría de los hogares en Argentina tienen teléfonos celulares. Ric@s y pobres, tod@s. La diferencia es que mientras un@s tienen planes mensuales y dispositivos modernos, otr@s tienen planes prepagos con crédito apenas disponible para mensajes por whatsapp y alguna que otra videollamada. Apenas pueden navegar por internet. Y en este momento donde todo se volvió virtual, el acceso es demasiado limitado.

La brecha digital se pone entonces en primer plano. L@s docentes de las escuelas que trabajan con familias de barrios vulnerables tuvieron que apelar a la creatividad más que nunca. Y en muchos lugares sólo pueden manejarse con fotocopias en lugar de enviar las tareas por correo electrónico.

Pero la brecha social también se evidencia en la posibilidad que tienen madres y padres de acompañar a sus hij@s con las propuestas escolares. Y si bien es cierto que la pandemia nos tomó a tod@s por sorpresa, presentando desafíos y oportunidades pero sobre todo obligándonos a hacer cosas que no sabemos -como reemplazar a la escuela en casa-, también es cierto que hay quienes tienen más herramientas que otr@s.

Podemos decir que en el 90% de los hogares son las mujeres las que se ocupan de acompañar a l@s niñ@s con las tareas escolares. En los barrios más humildes, 90% de las mujeres no terminó la primaria. Y además, son muchas las familias que atraviesan situaciones sociales complejas. Les cuesta mucho ayudar a sus hij@s, o no saben cómo hacerlo o tienen que atender demasiad@s hij@s y demasiadas tareas al mismo tiempo.

Organizaciones sociales están trabajando con voluntari@s que puedan hacer apoyo escolar. También están acercando útiles para que puedan estudiar, pero también para que puedan hacer actividades recreativas. Si recordamos que el 50% de l@s niñ@s en nuestro país vive en situación de pobreza, sabemos que habrá todavía por muchísimo por hacer para ofrecerles una vida mejor.

 

ENCENDER EL FUEGO

Por Prof, Lic, Mg. Claudia Rosales

Encender el encender el fuego en estos momentos, todo un desafío cuando no tenemos un aula ni el contacto físico.

¿De qué manera pueden, los maestros, estar cerca de los alumnos?
Volver a tener esa conexión, tan íntima, tan auténtica. A puro coraje.

Estar cerca de nuestros alumnos. Tal vez ya está sucediendo sin haberlo pensado tanto. Maestros corajudos.
Coraje, del latín, “corazón”. Maestros con tanto corazón.

Les dejo algunas ideas, para estar cerca, para encender el fuego, tras haber hablado con muchos docentes:

1️⃣  Te leo. En las tareas, en los desafíos, en lo que relatan los alumnos. Con esa lectura que hacen los maestros, sentida y profunda.

2️⃣  Te escucho. Ese escuchar las palabras y los tonos de voz para saber cómo están.

3️⃣  Te pregunto. A partir de lo que leés y escuchás como docente, aparecen las preguntas para hacerle a tu alumno. Preguntas sobre temas de aprendizaje y preguntas de estados de ánimo, de situaciones especiales.

4️⃣  Te cuento. El relato de del maestro acerca de lo que ve de sus alumnos en sus emociones, de sus actividades privilegiando la motivación y favoreciendo la autoestima.

Y vos, ¿cómo encendés el fuego, maestro corazón?

Coronavirus: evalúan que las clases no se retomen hasta después de las vacaciones de invierno

Con abril descartado, aún ningún funcionario se anima a aventurarse sobre una fecha estimada para la apertura de las escuelas en este contexto de epidemia del nuevo coronavirus . Sin embargo, la posibilidad concreta de que las clases presenciales se retomen después de las vacaciones de invierno comienza a naturalizarse cada vez con más fuerza entre quienes toman las decisiones de políticas educativas.

De acuerdo al ciclo lectivo vigente, con una duración de dos semanas, el receso invernal está pautado en tres fechas distintas: en algunas provincias comenzaría el 6 de julio, en otras el 13 de julio y, en la mayoría, entre ellas la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires , el 20 de ese mes.

Ya es público que el mismo Alberto Ferández afirma que las clases presenciales serán «lo último» que se retome , lo que da a entender que otras actividades se irán habilitando progresivamente antes que el regreso a las aulas.

«Si la cuarentena se extiende en mayo, se podrían adelantar las vacaciones de invierno y retomar en julio, con la tranquilidad de que lo peor del coronavirus ya pasó», dice un ministro de Educación provincial, que quiere llevar su propuesta al Consejo Federal de Educación.

Los funcionarios son muy cuidadosos y prefieren no afirmarlo en público. Están de acuerdo en que un anuncio así sería contraproducente y alteraría la tensa calma con que las familias atraviesan la cuarentena. Pero saben que esa posibilidad está cada vez más cerca.

Incluso, cayó muy mal en varios ámbitos educativos que la Universidad de Buenos Aires (UBA) anunciara tempranamente, y de modo inconsulto con el resto de la comunidad universitaria, la suspensión de las clases y que el nuevo ciclo lectivo comenzaría en junio y culminaría en marzo, con un receso entre mediados de diciembre y enero. En definitiva, nadie se quiere adelantar.

«La UBA estableció un cronograma académico que hay que ver si puede cumplir», dijo el ministro de Educación, Nicolás Trotta a LA NACION.

«Esto es día a día», aclara Trotta. Y agrega: «No sabemos cuándo podremos volver a clases. Se pueden recuperar los días, lo que no podemos permitir es tener el costo de vida como han tenido otros países».

Trotta muestra ejemplos del extranjero que van en ese sentido: «Hago videoconferencias con ministros de otros países y tampoco lo saben. Hablé con la ministra de Educación de España y no tienen ni siquiera una fecha aproximada», sentenció.

¿La Argentina puede seguir ese camino? Nadie lo sabe, pero es una posibilidad que muchos distritos barajan. «No hay un dato concreto. Afirmar una fecha u otra es arriesgar algo que nadie sabe concretamente», señala un funcionario que participa del comité de crisis en la Ciudad de Buenos Aires. Y agrega: «Hay que seguir apostando a la educación a distancia y fortalecer esa modalidad».

» En las escuelas rurales, sobre todo en zonas donde el virus no ha llegado, se podrían abrir nuevamente las escuelas como parte de esta nueva modalidad de aislamiento comunitario como anunció el Presidente «, señala un ministro de Educación de una provincia del noroeste (NEA). Y agrega: «No hay que olvidar que en esos lugares no cuentan con tanta tecnología y la costumbre para que los alumnos se adapten fácilmente a la educación a distancia», agrega.

Incluso, en algunas escuelas privadas, ya circulan ideas para que al menos los alumnos de los últimos años de la escuela secundaria puedan seguir estudiando a distancia todo el año y así poder despejar aulas y ganar espacio físico para distribuir de mejor manera a los demás cuando vuelvan a abrir.

Fuente: diario La Nación