Madre y diagnósticos

 

Cuando me pidieron que escriba sobre mi experiencia como madre, me encantó la idea; pero al pasar los días lo encontré como un desafío increíble. ¡Cuántas diferencias hay entre lo que una quiere ser como madre y lo que realmente puede hacer con ese título! Por un lado, está lo que una PIENSA que podría hacer o compartir con sus hijos o hijas, por otro, lo que el día a día y la experiencia te complican o limitan y por otro, lo que la misma naturaleza trae con ese niño o niña para vos. Sí, leíste bien, creo que la naturaleza nos guía en eso también y de nuestro hijos e hijas tenemos muchísimo que aprender, en realidad de todos los niños y niñas tenemos que aprender.

Mi marido, Mariano, tiene dos hijas de un matrimonio anterior, así que mi desafío materno comenzó antes de tener mis propios hijos. Esa parte es complicada en algunos aspectos, sos “como madre” con las reglas y acuerdos de tu hogar, pero traen otros de la casa donde viven con su mama. ¡OJO! Cada acuerdo, cada costumbre, cada idea, todo debe ser respetado y charlado ya que en cada casa pueden variar y para los niños/as todas deben ser validas o ponerse de acuerdo entre padres para que algunas cosas sean en común.

Allá por el año 2010 nació Nico, nuestro hijo mayor. El embarazo y el parto fue todo muy simple, nunca tuve malestares ni complicaciones, de las tres falsas alarmas que indicaba la obstetra jamás me enteré y nació en un abrir y cerrar de ojos por parto natural. Jugamos muchísimo, aprendí a dar la teta y cambiar pañales. Nico tenia muchísimo reflujo (vomitaba mucha cantidad y repentinamente), así que buscar un maternal para que se quede mientras yo trabajaba era muy difícil, pero yo debía volver al trabajo. Un día una osteópata amiga nos dijo que lo llevemos, que hay una pequeña maniobra que no les hace daño ni genera dolor que hace que no tengan más reflujo. Nos explicó que, a veces, de la fuerza que hacen durante el parto natural, queda presionado el nervio digestivo entre las vértebras de la nuca. ¡Lo llevamos, le hizo como un masajito y no vomito nunca más!!! Yo trabajaba en microcentro y encontramos un muy buen jardín maternal en el barrio de San Telmo, donde hizo sus primeros cuatro años de escolaridad. Transcurriendo el 2012 nació Mora, nuestra niña más pequeña; con ella sí, tuve reposo todos los días hasta que volvía mi marido con Nico del jardín y del trabajo, ahí los doctores me habían permitido levantarme un par de horas para hacer merienda y jugar un ratito.

De a poco comenzaba una odisea que en mi imaginativo de madre nunca estuvo. En sala de dos había un niño que todo el tiempo agredía a Nico y él no se defendía. Nosotros, como padre y madre, nos enteramos casi finalizando el año. Una maestra le había dicho varias veces “DEFENDETE”, ¿es correcta esta terminología dicha a un niño de 2 años? En el momento no nos pareció grave. Al año siguiente el niño que lo agredía ya no estaba y Nico se defendía y defendía a sus compañeros de todo lo que le parecía injusto reaccionando o empujando. Nos empezaron a citar del jardín. “Nico hizo esto, Nico aquello, Nico golpeo a tal, Nico rompió el dibujo de tal otro”, etc. A mitad de año consultamos una psicóloga quien comenzó a ver a Nico y a nosotros, fue en varias oportunidades al Jardín a ver y charlar con las maestras y entre todos fuimos viendo que no era LO QUE NICO HACÍA, sino que el simplemente SE DEFENDÍA, O DEFENDÍA  A SUS AMIGOS/AS. Es por esto que hago hincapié en la terminología con la que hablamos a los pequeños/as.

Cuando debían pasar a sala de 5 y sala de 3, decidimos que era momento de cambiarlos a un jardín donde puedan continuar la primaria con sus compañeros/as y que estuviera más cerca de casa (vivimos en Hurlingham, provincia de Bs. AS.) así podrían jugar con amigos y amigas días de semana y no depender del fin de semana para que los podamos llevar o traer. Los inscribimos en el Jardín LA RANA JUANA, donde tuvieron amigos y docentes excelentes. Cambió por completo nuestra logística diaria, ya que el jardín era jornada simple y al mediodía volvían con la combi para que en casa los reciba una señora que les hacía la comida y estaba con ellos hasta que llegaba yo del trabajo a las 17 hs aprox. Ese año, nos citaron por Nico algunas veces, pero nada importante ni imposible de resolver por la docente. De todos modos, nos aconsejaron cambiar de psicóloga porque había temas que por ahí la actual no podía resolver o ya estaba estancado el tratamiento (a veces sucede). Así que todo ese año fue a una nueva psico. Al año siguiente comenzaba 1º grado de la escuela primaria, TODO UN DESAFÍO para cualquier niño/a. Tanto la psicóloga como nosotros considerábamos que sería bueno acompañarlo con tratamiento en ese momento de tanto cambio; en ese último año de jardín vimos todos que le costaba muchísimo manejar sus frustraciones, no podía soportar un juego sin enojarse por estar perdiendo antes que esto suceda (cuando de más chico no se enojaba por perder en lo más mínimo y justamente lo poníamos como buen ejemplo ante situaciones de enojo de primos o amigos).

La primera semana de ese primer grado de escolaridad primaria nos cita la maestra. Fuimos y charlamos con ella, nos comentó algunas situaciones de discusiones con los compañeros. La pusimos al tanto del tratamiento con psicóloga y le comentamos que en nuestra experiencia Nico suele defender a los compañeros/as o reaccionar de mala manera cuando acumula muchos ataques hacia sí mismo. Así que le pedimos que por favor prestara especial atención a qué había sucedido un rato antes de que el reaccionara. Esto nunca sucedió, nunca le importo el niño ni los demás niños de la sala. Tenía un curso de 31 alumnos a los cuales no les podía prestar atención ni lograr que ellos le prestaran atención a ella. Nos comenzaron a citar cada una semana siempre con que Nico había hecho algo distinto. De a poco y probando distintas estrategias desde casa y con la psicóloga, logré que en vez de preguntarle qué sucedió o leerle la nota que ponía la docente o la directora ME CUENTE ANTES DE DORMIR ALGO DE LO SUCEDIDO. PARA NOSOTROS UN PASO SUPER IMPORTANTE, ahora lográbamos tener la versión del niño. Con esta información cada nota que llegaba respondía en el cuaderno para que sepan que sucedió realmente y en algunas oportunidades lo iba a plantear directamente en reunión con la docente y la directora. De cada uno de estos encuentros salía, prácticamente, llorando, agotada, angustiada; no creían en la versión del niño, no les importaba lo que él tenía para expresar, para decir o como había actuado en defensa de lo justo. Si esto nos sucedía a nosotros en la reunión ¿escucharían su versión antes del reto? ¿preguntarían que sucedió antes de atacarlo?

Con el pasar de las reuniones fuimos respondiéndonos esas preguntas, efectivamente no preguntaban a los niños que sucedió, no los dejaban dar su versión de los hechos y cuando nosotros explicábamos lo que según el niño había sucedido nos decían que era mentira y que la razón la tiene el/la docente.  En este punto me detengo para expresar que nosotros desde el comienzo del maternal siempre fuimos de confiar y creer en las/los docentes a cargo, son los que deberían mediar y ayudar a los niños todas las horas que pasan en el establecimiento educativo, pero hay un punto que aprendimos que primero hay que creer en el niño también, sin llegar a atacar (como hay muchos casos) al docente, pero dialogando sobre lo sucedido. El establecimiento tiene que dar lugar a respuesta y opinión por parte de los padres y del niño también.

Ese año, luego de muchas reuniones con directora y docente, muchos ataques de su parte al niño y a nosotros ya como adultos responsables y diciendo sobre todo en una reunión de padres que _” LOS PADRES QUE LLEGAN DEL TRABAJO A LAS CINCO DE LA TARDE NO SE OCUPAN DE SUS HIJOS” _ cuando todos sabemos que no es un tema de horarios, nosotros estábamos disponibles para ellos siempre, mucho más que algunos casos donde físicamente estaban todo el día en la casa con el niño.

Ya teníamos sentimientos encontrados, enojos y frustraciones de todos, no sabíamos ya si el problema éramos nosotros, si eran los niños o si era el mismo colegio. Ya no sabíamos para donde correr, la psicóloga de Nico en sesión lo veía bien y consideraba que el problema era el colegio, pero él quería a sus amigos y no manifestaba malestar. Se había acostumbrado a esa situación, a ser él el culpable, según el colegio, de todo lo que sucedía en el grado. Decidimos consultar a una especialista la licenciada Claudia Rosales, quien luego de algunas entrevistas nos recomendó cambiarlo de colegio. Nos ayudó a buscar que otros colegios de la zona podrían ser favorables para él.

Al año siguiente comenzó en el COLEGIO ERNESTO SABATO, Mora cambió al jardín de este mismo colegio porque no podríamos tener a uno en cada establecimiento. A la par de todo eso yo deje mi trabajo en relación de dependencia, ya que allí estaba todo muy complicado y no comprendían mi situación de lejanía y ocuparme de los niños. Mi marido colaboraba muchísimo y él iba a todas las reuniones de padres, pero al regresar eran horas y horas con la tarea y con las malas notas que venían en el cuaderno, así que consideramos que esta era la mejor opción. Yo ya estaba pasada y agotada mental y físicamente.

En el nuevo colegio nos entendieron y acompañaron desde un principio. Nos recomendaron, una vez más que cambiáramos de psicóloga, al charlar con la que lo estaba atendiendo ella nos comenta también que hay algo que ella no está pudiendo ver y prefiere delegar a ver si otro/a profesional llega a otro punto… F

uimos a una psicóloga que nos recomendó el colegio, pero sin muchas referencias. Ella lo vio 5 sesiones y diagnostico ASPERGER. Con ese diagnóstico comienza una gran etapa, muchos miedos, búsqueda, investigación, incertidumbre. Nos dice que el asperger es una rama del AUTISMO pero que pueden socializar, de otro modo. Que suele ser en niños super inteligentes (como es el caso de Nico) y otras tantas explicaciones. Al comentarle a mi psicóloga me explica que para dar fehacientemente ese diagnóstico tiene que derivar primero a neurología o psiquiatría para hacer estudios ya que esos casos tienen un componente biológico cerebral. DE TODOS MODOS, LA PSICOLOGA DE NICO HABIA MANDADO SU INFORME CON DIAGNOSTICO AL COLEGIO. ESO NO SE HACE HASTA NO TENER LA SEGURIDAD DE LOS HECHOS, LOS DIAGNOÓSTICOS DE LOS NIÑOS SE ESCRIBEN EN LÁPIZ Y SIN PRUEBAS NO LO PODÉS DIVULGAR POR EL MUNDO. ¡LA GENTE ETIQUETA Y NO ESTÁ BIEN!

Por suerte para nosotros, la maestra que le toco ese año era una MAESTRA con todas las letras y en mayúscula, se preocupaba por cada niño/a, por como aprendía cada niño/a, cuando tuvimos la reunión sobre el diagnostico de Nico se mostró muy dispuesta a colaborar y así fue. Ella, al igual que nosotros, investigamos y nos fuimos pasando información sobre el tema, que puntos del diagnóstico coincidían con el niño y cuáles no, los que coincidían tomábamos referencia para investigar cómo ayudarlo en esos puntos y a los que no, los omitíamos. Paralelo a esto tuvimos la consulta con SU neuróloga (habíamos llevado a Nico allí al año de vida porque se despertaba como acalambrado y encontraron una gran anemia en el) ella nos explica que ciertas reacciones pueden tener que ver con una enzima que falta a raíz de su anemia pero que de todos modos consideraba derivarnos a PSIQUIATRA.

NOS MORIAMOS DE MIEDO, le pedimos que nos recomiende a alguien, no queríamos que lo mediquen porque sí, por solo ser psiquiatras, queríamos que realmente vean qué pasaba y cuál era el problema. No derivó, no estaba la doc. en nuestra obra social pero afortunadamente hacia reintegros, nos quedaba muy lejos de casa, pero por suerte atendía sábados. Con tal de llegar a alguien de confianza ya íbamos hasta la quiaca si era necesario. La psiquiatra le mando ciertos estudios y test de inteligencia y de motricidad, todos ítems para definir un diagnostico o ver que sucedía.

Ella desde el primer minuto que conoció a Nico, dijo que no tenía ASPERGER ni por casualidad.  Luego de meses de estudios y que en paralelo íbamos ayudándonos y ayudándolo la maestra y nosotros con lo poco que habíamos investigado sobre un diagnostico ERRÓNEO, pero del cual algunos puntos coincidían y nos ayudaba a mejorar, la doc. nos dice que tiene TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad), pero que está muy al límite de eso, que son muy pocas las cosas a trabajar y que ella simplemente escribe un diagnóstico para poder ver en qué puntos debe trabajar el colegio y las profesionales. Nos envió a que durante dos años Nico asista a Terapia Ocupacional (donde lo ayudarían a acomodarse en el espacio, y con la motricidad), a psicopedagogía y a psicología.

 Acá nos encontramos otra vez con un gran dilema, queríamos cambiar de psicóloga, ya que la anterior simplemente había dado un diagnóstico sin medir consecuencias, pero ¿sería bueno otra vez el cambio para Nico? Y nosotros ya estamos agotados de todo esto también. Sentíamos que no podíamos más, había que darle un lugar a Morita también, con quien yo aprovechaba el rato de terapia de Nico para jugar una hora en la plaza sola con ella. Teníamos mucho miedo, miedo de los diagnósticos, miedo que de repente el colegio deje de ayudarnos humanamente, miedo de sumarle terapias, miedo que nada mejorara, angustia de que todo lo que veníamos haciendo desde hace años nada llevaba a ningún lado y simplemente paseábamos por psicólogos que no nos ayudaron (aunque en el momento de cada uno parecía que sí), en mi caso se sumaba la incertidumbre y  miedos de haber dejado el trabajo en relación de dependencia, querer armar mi emprendimiento pero que todo esto no sirva de nada si todo seguía igual. Alquilen dijo una vez que los cambios no son ni buenos ni malos, son cambios y siempre sirven para algo.

Buscamos donde podría hacer las terapias indicadas, en provincia no hay casi nada por la obra social, y en lo posible queríamos que fuera en un solo lugar así el tratamiento sería más efectivo.

Llegamos a un centro llamado AUKAN, a 30 cuadras de casa donde lo atienden las tres profesionales, incluso le buscaron un horario para que pueda ir a las tres terapias de corrido en un solo día. Parecía mucho ya que son tres horas (una con cada una) pero el disfruta de sus actividades libremente el resto de la semana y concurrimos al establecimiento solo una vez. Va contento y disfruta de sus sesiones, incluso ahora con la cuarentena hicieron a elección y necesidad de cada niño charlas por video llamada, las cuales el disfrutó con mucho entusiasmo. En la psicóloga algunas sesiones nos citan a nosotros papa y mama, porque un niño no es un ente aislado, trae una historia consigo, una historia que ya traíamos los adultos/as, aunque no fuera propia, sino también traída de nuestros progenitores y así se van sumando pesos en la mochila de emociones y respuestas de cada uno/a.

Muy contentos con el nuevo centro de tratamiento nos encontramos con que para la obra social psicología y psicopedagogía salen del mismo límite anual, el cual completas a los pocos meses de tratamiento. Tuvimos que ir al hospital a solicitar el turno para la junta médica y entrega de CARNET UNICO DE DISCAPACIDAD para que la obra social nos cubra el total del tratamiento. ¿Porque llegar a esto simplemente por burocracia y caprichos de la obra social? ¿Qué implica esto? Correr todos los octubres para juntar los papeles que le obra social te pide presentar en diciembre para cubrir las prestaciones desde enero o febrero, ir a llevarlos en tiempo y forma y que siempre se les ocurra que falta algún papel o que algo no está firmado por la persona correspondiente, que todo debe estar dentro de las fechas que ellos consideran y en el formato que ellos lo envían. Desde el primer momento en casa se planteó como un tema meramente burocrático, así que por suerte en Nico no tuvo ningún impacto social.

Poco a poco, mes a mes, con terapia y fundamentalmente con modificaciones nuestras como adultos, de las docentes con todo su apoyo y de la voluntad que pone el también, sale adelante, cada día, maneja mejor sus enojos y frustraciones, aunque no va a dejar de tenerlos nunca porque los tenemos todos, no pretendemos cambiar ni su forma de ser, ni de pensar ni de comunicarse, simplemente ayudarlo a modificar las acciones que dañan tanto a otros como a sí mismo.

Este año cambió de colegio por un tema económico nuestro, a una escuela pública (como hemos querido todas las veces que los cambiamos, pero las vacantes no nos lo permitían) y otra vez nos enfrentamos a cambios y miedos. Pero nos dimos cuenta que eran nuestros, no de ellos. Ni de Nico, ni de Mora. Venimos de dos experiencias totalmente opuestas en los dos colegios y los miedos son muchos. Por suerte en lo que va del año se hizo amigos, son pocos en el curso y adora a la seño. La misma me comentó dos episodios, pero los resolvieron charlando juntos. Y así debería ser y haber sido siempre, escuchando y observando toda la situación desde el/la docente, confiando en los niños y las niñas. Y si algo, realmente no se puede resolver, citar a la familia.

Desde mi lugar, amo ayudarlos con lo que no comprenden del cole o con investigar para la tarea. Pero en este caso cuando sé que lo puede hacerlo solo y lo único que recibo es un NO PUEDO a los gritos, al rato un enojo, al rato un llanto y así toda la tarde simplemente por no querer escribir, comienza un agotamiento inexplicable, quiero seguir ayudando, le explico de mil formas distintas, pero termino enojada sin razón, y sin saber bien si con él o conmigo misma. Pero con el tiempo y la ayuda de los profesionales aprendí que algunas escenas hay que tratar de ignorarlas para dar lugar a que pasen y volver a charlar. Aprendimos a darle espacio cuando lo necesita. Cuando era mas chico le molestaban muchísimo los ruidos fuertes, entonces tratábamos de evitarlo.

Y por último les recomiendo una alimentación sin tacc, sin lácteos y sin azucares refinadas, que se comprobó biológicamente mejora el circuito neuronal y ayuda en todos estos casos, sea el diagnostico que fuere. Siempre con nutricionista especializado/a en el tema, y viendo las posibilidades de cada familia. Pero hay niños con incluso autismos severos que se han curado en base a la alimentación.

TODOS DEBEMOS APRENDER, MODIFICAR Y COMPRENDER. DEBEMOS TRATAR DE PONERNOS EN EL LUGAR DEL OTRO/A. DEBEMOS MIRAR PARA NUESTROS ADENTROS PARA COMPRENDER. Y PRESTAR ESPECIAL ATENCION SI LO QUE CREEMOS QUE ESTAMOS HACIENDO PARA EL BIEN DEL OTRO ES LO QUE EL OTRO ESTA NECESITANDO QUE HAGAMOS.

 

 

 

 

La escuela

 

En la escuela podemos aprender muchas cosas, pero LA VIDA no se aprende en la escuela. Yo, por ejemplo, siempre tuve muy buenas notas, y en la secundaria facilidad en el estudio, pero las emociones, las amistades, las relaciones interpersonales, ubicarte en el espacio, orientarte o desenvolverte en el medio que te rodea, NO TE LO ENSEÑA LA ESCUELA. Aunque en muchas de esas cosas debería colaborar, ayudar y acompañar; por lo general no sucede. Las escuelas están, cada vez más, en una postura de solamente “enseñar contenido” – TOTAL PARA EL RESTO ESTAN LOS PADRES- pero creo que no es así, ni debería serlo. Los chicos pasan varias horas de su día en el colegio y los padres / madres debemos trabajar, entonces es hora de que los colegios se hagan cargo también de esos valores.

Todos criticamos, imputamos y nos enojamos con cualquier chico que golpea a otro:

“esto no puede ser”

“esto son los padres”

Se escucha decir.

Y yo me pregunto ¿es tan así? Creo que no, que, si bien los padres debemos enseñar valores y comportamientos, debe haber un estado y colegios que acompañan, una sociedad que lo haga y ayuden a los niños a que no sucedan tales cosas; pero no desde el reto, castigo o malas notas en los cuadernos de comunicados sino viendo que le sucede y por qué.

 

¿mi hijo podría ser el próximo Fernando o los mismos rugbiers?

Cuando veo toda la noticia y el tema que no para de dar vueltas con debates de uno y otro lado, se me pone la piel de gallina y se me erizan el alma y corazón. No solo por FERNANDO, quien no merecía lo que le sucedió. Sino por mi hijo.

Capaz no solo me pasa a mí, sino a muchas madres que tienen niños con diagnósticos de TDA, TDAH, TRASTORNO OPOSICIONISTA DESAFIANTE, ETC. Te llaman desde pequeño porque el niño pego a tal o cual, porque reacciono sin medir, etc. Uno le explica y va a tratamientos porque es algo que no pueden controlar solos. Biológicamente algo en el cerebro no les permite reaccionar a tiempo y medir la consecuencia. ¿y entonces?

En casa se charla muchísimo sobre estos temas y a mí me deja tranquila, en algún punto, que lo entiendan y traten de aplicar a la vida los valores más sanos. Pero esto no me saca el miedo, el miedo que mi hijo el día de mañana puede estar de uno u otro lado. El busca justicia de lo que pasa a su alrededor ¿y si sin medir esto implica golpear? ¿Si defendiendo algo “JUSTO” se le va la mano? ¿O como le sucede otras veces, por no querer reaccionar o contestar se queda cayado y otro lo golpea y lo mata? Moriría sabiendo que él quería actuar y no lo hizo.

Naty 

 

 

 

 

Francesco Tonucci: «Cuando empecemos de nuevo, deberemos inventar otra escuela»

Por Gustavo Sarmiento

«Me arruiné las vacaciones». Francesco Tonucci sonríe al otro lado del teléfono y menciona una agenda interminable de videollamadas (con colegas, funcionarios, periodistas) que le impide un consumo típico de cuarentena, como libros o series. «Y va a seguir, porque me preguntan mucho por el después», agrega en perfecto español. Tonucci habla del Covid-19, como todos en estos días, pero especialmente de las infancias y de la escuela en este contexto de crisis, ilusionado con que sirva como oportunidad para cambiar el modelo educativo imperante.

Un currículum a las apuradas dirá que es pedagogo, escritor, dibujante, investigador y creador del proyecto internacional La Ciudad de los Niños y las Niñas, que se replica en más de 200 localidades de todo el mundo –unas 30 en la Argentina–, en las que se propone dar voz a los pequeños y brindarles espacios públicos donde puedan jugar en libertad. Uno de los que habló con él esta semana fue el ministro de Educación, Nicolás Trotta, que apoyó su iniciativa de que, cuando se abran completamente las ciudades, se les deje el primer día solo a los chicos y chicas, para que jueguen y las disfruten como nunca las vieron.

Francesco vive en Roma, «con el miedo de una persona vieja como yo, y la preocupación de que no se generen más problemas ahora que todo se empieza a abrir». Lo que más lo angustia es que hace más de 70 días no puede ver a sus hijos y, sobre todo, a sus nietos. «Estoy solo en mi casa, aislado, como todos, abriendo la puerta una vez a la semana para comprar». Al segundo se corrige. De hecho, el miércoles dio un paseo por su barrio, en la periferia de la capital italiana, por primera vez en dos meses. «Hice tres kilómetros, paseando por calles y monumentos que no conocía, cerca del Cementerio del Verano, que sorprendentemente tiene nombre español y aquí nadie sabe qué significa. Después de 50 años de transitar una ciudad que vive de manera caótica, con un movimiento espantoso, verla vacía es un efecto muy fuerte… Qué poder tiene un virus para conseguir parar el trabajo y el tráfico, dos dioses de nuestra cultura. Pensemos que aquí la contaminación aérea produce el doble de muertos que el Covid».

-Lo mismo que estamos recogiendo de los chicos de nuestros Consejos de Niños de todo el mundo. Cuando empezó todo este rollo, me golpeó mucho que todos buscaran expertos para dar consejos a padres y maestros y nadie se preocupara por preguntarles a los niños qué pensaban y qué proponían, por lo cual le pedí a alcaldes e intendentes de nuestra red de ciudades, que convoquen al Consejo de Niños. Y lo que sale de esos testimonios son tres cosas básicas. Lo principal: les faltan los amigos. Esto ha sido mal interpretado, creyendo que decían «me falta la escuela». Pero no: les falta la escuela porque es el único lugar donde se encuentran sus amigos. Décadas atrás, se los encontraban en la calle, en el tiempo libre, para hacer otras cosas, inventar, jugar, y en la escuela estaban los compañeros de clase. Ya no es así: se perdió la calle. Lo segundo que dicen en las encuestas es que les gusta pasar tiempo con sus padres. Es un regalo de la pandemia. Muchos niños o no los conocían o los veían casi de casualidad. Ahora tienen que compartir y participan de las cosas de la casa. Lo tercero: todos manifiestan que están hartos de la tarea de manera virtual. Es algo que la escuela no ha entendido que no debía hacer. Por eso propuse aprovechar la casa para que sea un laboratorio, y que sean las acciones con los padres las verdaderas tareas, no las del libro de texto. Aprender a cocinar, coser, recuperar las fotos, pintar, y que la escuela trabaje con los niños sobre estas experiencias. Si «hacen pasta” y nada más, no sirve; veamos si hay matemáticas dentro de la cocina: hay pesos, proporciones, tiempos de cocción. O aprovechar para hacer lengua, escribiendo recetas, que no es escribir cualquier texto, debe ser útil para que otra persona que no me conoce pueda repetir el mismo plato. Cuando el mundo se amplíe de nuevo fuera de las casas, me gustaría que la escuela no perdiera este descubrimiento: que se puede trabajar sobre el mundo, el barrio, las historias, la naturaleza y los problemas ambientales, y no sobre los libros de textos.

 

-¿Cree posible un cambio en la escuela después de la pandemia?

-Clases y tareas en este tiempo son cosas que no tienen sentido, porque vivimos situación extraordinaria, no puede ser que la escuela siga como antes. Pero esta manera de interpretar la educación y la escuela no debe ser sólo en tiempos de crisis y coronavirus, sino para siempre. Los cambios cuestan. Normalmente, las estructuras intentan quedarse iguales para siempre. La escuela italiana adoptó como lema en esta crisis: «La escuela continúa». Sería un “seguimos como antes”. Y es algo paradójico: ¿cómo que no cambia nada si cambió todo para todos? Pero si la mayoría piensa que la escuela no tiene que cambiar, vendrá agosto u octubre y todo seguirá igual. Tenemos que aprovechar esta oportunidad para lanzar una idea nueva de una escuela que corresponda a lo que nuestra sociedad necesita.

-¿Y qué necesita?

-Por ejemplo, la diversidad. En la escuela hay niños de culturas y lenguas diferentes, minorías indígenas, niños con discapacidades, de diferentes sectores sociales, niños pobres que en este momento manifiestan limitaciones porque no tienen aparatos tecnológicos para conectarse con la escuela. El tema de fondo es que hay una idea equivocada de que la escuela debe ser para iguales, entonces todas las veces que alguien no es igual a los demás se considera un problema. Y la verdad es que los niños son diferentes uno del otro, por lo cual si queremos hacer una propuesta educativa democrática y eficaz, tenemos que hacerla para diferentes, y no para iguales. Lo dice la Convención de los Derechos del Niño, a la que Argentina adhirió hace 30 años con carácter constitucional: la educación no tiene como objetivo que todos consigan los mismos resultados. El propósito de la escuela y la familia en conjunto debe ser que los chicos descubran sus aptitudes, vocación y talento, sus inteligencias, y una vez que cada uno descubrió su camino, ofrecerle los instrumentos adecuados para desarrollarlo hasta el máximo nivel posible. Por eso tiene que haber diversidades en la escuela, y trabajar sobre lo bueno que cada uno tiene, no sobre lo malo. Con los mismos textos para todos, pensados desde un ministerio casi siempre desde la capital del país, la escuela está dejando afuera a un porcentaje enorme de alumnos que no nacieron para ser literatos o matemáticos, que quieren ser músicos, pintores, deportistas, arquitectos o mecánicos. Hay una injusticia. Una propuesta igual para desiguales.

-¿El Covid-19 es una oportunidad para pensar en una escuela diferente?

-La crisis, como dijo Albert Einstein, puede ser una bendición, porque produce progresos. Espero eso, especialmente para casos como el de la Argentina, donde las autoridades parecen motivadas a impulsar cambios y no la conservación. Las escuelas que mejor funcionan en el mundo, como las de Finlandia, no tienen exámenes; hay muchas menos horas de cursada a lo largo del año; empiezan la primaria a los 7 años y no hay tareas. Se hace mucho hincapié en repetir o pasar de año, y eso no es lo central. Cuando empecemos de nuevo, tendremos que inventar una escuela que hoy no existe. No es verdad que vamos a poder volver a la escuela de antes; porque el virus nos obligará, con las condiciones de distancia y de cuidado, a pensar cosas totalmente distintas. Aquí, por ejemplo, hemos analizado la posibilidad de dividir las clases en dos grupos, uno en casa y otro en la escuela, e ir rotándolos. Pero lo principal es que tenemos que idear una escuela pensada de otra manera. La debilidad es que se funda en una base jerárquica y que los de la misma edad saben lo mismo, creyendo que cuando empiezan el proceso escolar no saben nada y después empiezan a saber lo que los maestros supieron pasarles. El mérito del aprendizaje se pone siempre en los niños: si no aprenden, no se castiga al docente que no supo enseñarles, sino al alumno que no tuvo capacidad o no quiso aprender. Podemos abandonar la idea de la clase con pupitres en la que los alumnos escuchan y repiten, y pensar que trabajen entre ellos. Si tenemos grupos de 6 a 12 años, hasta se pueden manejar solos, por lo cual un profesor puede lanzar propuestas, o crear grupos de trabajo que luego supervisa. En este momento, donde tenemos que enfrentar una situación nueva y problemática, mezclar edades lo haría mucho más fácil.

-¿Cómo están los niños en estas semanas en las que les cambió el mundo?

-No se los escucha, en casi ningún lugar, excepto en países como Finlandia o Nueva Zelanda, que no casualmente son liderados por políticas mujeres, que desde el principio les hablaron a los niños. Los niños valen poco porque no votan. No están en agenda. Y si la escuela quiere modificar la relación con ellos, no puede repetir siempre lo mismo. El tema central es si la escuela es consciente de que hay que cambiar: así como era ya no funcionaba desde antes de la pandemia. No es que antes funcionaba bien y entonces lamentamos no poder seguir como antes. No. Muchos niños se aburrían, no seguían la clase, y después olvidaban lo que habían aprendido. Era una estructura débil, incluso en el aula. Por eso me gustaría una escuela donde todos los espacios se utilicen como talleres y laboratorios, con muchísimas propuestas distintas: baile, música, física, huertas, ir moviendo a los grupos. En estas épocas puede ser útil la idea de la jornada escolar como un recorrido y no como una estancia. Hace 30 años que lo propongo, pero ahora parece que llegó el momento en el que a los gobiernos que me consultan les parece viable. Algo bueno habrá hecho este virus maldito.

Que las ciudades sean para los niños

Una de las propuestas de Tonucci para estos tiempos de pandemia apunta a que, el día que «reabran» las ciudades, cuando todo vuelva a una mínima normalidad, se las entreguen por 24 horas a los niños y las niñas. «Lo lanzamos como proyecto internacional de la Ciudad de los Niños. La gente puede firmar la petición en nuestra página lacittadeibambini.org o en nuestro Facebook. Lo que decimos es que esta crisis tuvo errores sanitarios, víctimas (sobre todo nosotros, los viejos), y ha tenido campeones, que son los niños. Porque resistieron al virus, no por mérito de ellos solos, claro, pero viven esta temporada muy larga, encerrados en casa, que les significa algo incomprensible, y lo están haciendo muy bien. Darles un día la ciudad vacía para que jueguen y la disfruten en libertad, como nunca han podido, y como les gusta a ellos, sin tráfico, peligros ni contaminación, es el regalo que les podemos hacer a modo de agradecimiento».

Hizo llegar su iniciativa a los 200 alcaldes de las localidades que forman parte de la red internacional, entre ellas varias argentinas. Tonucci menciona a Arrecifes y a Rosario, una de las históricas desde que el proyecto de la Ciudad de los Niños arrancó en mayo de 1991, con la idea de que «los niños asuman un papel activo en el proceso de cambio, participando de forma concreta en el gobierno y en la delineación de su ciudad, apropiándose de nuevo del espacio urbano».

También le comentó al ministro de Educación, Nicolás Trotta, la iniciativa de liberar un día las ciudades para los niños: «Prometió que se iba a sumar a la petición, igual que Rosario o Neuquén. Es más una decisión política que educativa. Sé que es una propuesta muy utópica, pero lamentablemente todo el tiempo que proponemos algo para niños, es utópico».

Pruebas Pisa

Afirma Tonucci: «La escuela sigue siendo la escuela de lengua y matemáticas, y el resto es algo que si hay, hay, y si no, no importa, como las Pruebas Pisa que toman estas dos o tres competencias y las miden por igual en todos los países sin tener en cuenta las diferentes realidades. El niño mapuche ve distinto la vida del que vive en Palermo o en una villa miseria, todos tienen el mismo derecho de aprender, y lo hará mejor cuanto más pueda examinar su propia realidad».

Fuente: Tiempo Argentino

El gobierno porteño analiza un método israelí para la reapertura de las escuelas

La Ciudad quiere avanzar en la redacción de un protocolo para el regreso a clases. El jueves pasado se hizo la primera de una serie de reuniones de trabajo con distintos expertos para discutir sobre el tema y se compartieron varios modelos de países como Israel, Francia, Estados Unidos y también Uruguay. De todos, confiaron desde la jefatura de gabinete del Ministerio de Educación porteño, que lidera Luis Bullrich, que hay uno que por estos días se está observando en detalle: el esquema israelí, al que consideran como «lo más novedoso que hay dando vueltas».

La regla que propone un grupo de científicos israelíes es conocida como 4-10 , y propone un ciclo de actividad de dos semanas donde la gente sale de sus casas por cuatro días consecutivos para hacer sus actividades, ya sea ir a la escuela o trabajar, y luego entra en un aislamiento de diez días corridos. De esta manera, explican Uri Alon y Ron Milo, profesores de biología computacional y de sistemas en el Instituto de Ciencias Weizmann, en Israel, se puede encontrar una salida provisoria aprovechando una de las propiedades clave del virus, su período de latencia. Es decir, ese lapso promedio de tres días, según afirman los expertos, entre el momento en que una persona se infecta y llega al pico donde puede contagiar a otros.

«La epidemia de Covid-19 nos enfrentó a un gran dilema. Cómo encontrar un equilibrio entre dos males: uno es estar encerrado, con las consecuencias económicas, educativas y sociales que eso conlleva; y la otra es abrirse, arriesgándonos a tener un rebrote del virus. Lo que necesitamos ahora es una solución temporal, de uno, dos o tres meses, donde la economía vuelva a activarse y la gente vuelva a recuperar el equilibrio. Y ahí es donde la idea de poner en práctica una salida intermitente juega un papel importante», dice Milo en un video publicado en YouTube, que dura menos de cinco minutos y donde los científicos explican en detalla cómo funciona este esquema.

«Número mágico»

«Sabemos que cuando una persona se infecta -agrega Alon- tiene un período latente, no contagia el virus por unos tres días». Después, continúa el experto, las chances de contagiar a otro aumentan, y la persona llegará al pico de contagio en su casa, ya en confinamiento. «Eso permite llevar el número reproductivo del virus [conocido como RO y que indica el número promedio de personas infectadas por cada persona enferma] por debajo de uno, y ya sabemos que ése es el número mágico para que disminuya la cantidad de casos nuevos», alienta Alon, que asegura que la fórmula podría aplicarse en una empresa, una escuela, un municipio o un país.

En Austria, por ejemplo, con una población de alrededor de un millón de estudiantes sobre casi un total de 9 millones de habitantes, decidieron reabrir las escuelas el 18 de mayo pasado, adoptando en algunas ciudades una versión particular de la regla: dividieron a los alumnos en dos grupos. Cada uno, de manera alternada y sin coincidir, iba cada cinco días a las aulas por otros 10 que se quedaban en sus casas. Según los expertos, la variable aplicada en las escuelas australianas, la de separar a la población en dos grupos, es un plus adicional que potencia los resultados del modelo. «Se aplica el mismo esquema en semanas alternativas, y así se logra una densidad menor de gente circulando», dice Alon.

Hoy, en el ámbito educativo nacional, casi nadie pone en duda de que cuando llegue el momento de reabrir las escuelas se hará bajo un sistema escalonado, por niveles, y donde se combine la educación presencial con el aprendizaje a distancia, como se impuso sin más remedio desde el 16 de marzo pasado, cuando se suspendieron las clases. Por eso, en el Instituto de Ciencias Weizmann consideran que este es un esquema que puede aplicarse sin inconvenientes en las escuelas. Que los estudiantes asistan por cuatro días consecutivos cada dos semanas, en dos grupos alternativos, y luego usar métodos de educación remota el resto de los días, que se quedan en sus casas. Los creadores de la regla van por más: también sugieren que se podría organizar una agenda para que coincidan los días en que los chicos van a la escuela con los días que sus padres van a trabajar.

Para Milo y Alon, la estrategia cíclica es fácil de explicar y hacer cumplir. Es equitativa y se puede aplicar en distintas escalas, sea una escuela, una empresa, una ciudad, un estado. Además, puede ayudar a disminuir los trastornos psicológicos, como el estrés y la ansiedad causados por el encierro. «Le das a la gente esos cuatro días para tener espacios de aire, y eso ayuda a que la gente adhiera mejor a los días de encierro», sugiere Milo, que insiste que solo se trata de una estrategia de salida transitoria. «A largo plazo buscamos una vacuna, y queremos ganar la batalla contra el virus por completo. Es una combinación de modelos matemáticos y epidemiológicos, que en el mediano plazo puede ser útil como una forma para volver a reactivar la economía, volver a nuestros trabajos, que los estudiantes vuelvan a la escuela», concluyen los expertos en su exposición, que se hizo viral en las redes durante la última semana.

Fuente: La Nación

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Informe de Fundación Cimientos confirma las dificultades de estudiar a distancia

La Fundación Cimientos, especializada en acompañamiento educativo, presentó en mayo un informe que confirma la falta de recursos que tienen los estudiantes para cumplir con las tareas de la escuela a distancia. Pero también hay dificultades para l@s docentes. La organización  realizó encuestas a 1.220 becados y 45 tutores, de donde surgió que la gran mayoría de las escuelas (96%) está implementando una estrategia de continuidad pedagógica, pero la falta de computadoras, tanto en los hogares de estudiantes como de docentes, dificulta la tarea.

El 70% de l@s alumn@s becad@s no tiene computadora ni conexión a internet, utilizando sólo el celular con los impedimentos que ello conlleva. Y solo el 17% de las escuelas relevadas está entregando material impreso.

“Antes de esta crisis sanitaria, en Argentina 1 de cada 2 jóvenes no obtenía el título secundario. Este número, cuando los estudiantes vuelvan a las aulas, seguramente se incremente ya que muchos de ellos deberán insertarse en el mercado informal de trabajo para hacerle frente a la crisis económica de sus familias. Es necesario generar campañas y políticas educativas especificas para que, cuando esto pase, estar preparados para la vuelta a clases”, señaló Marcelo Miniati, director ejecutivo de Cimientos.

La mayoría de los chicos encuestados (80%), procedentes de 15 provincias del país, dispone de un celular propio con Internet. El 92% tiene algún tipo de conectividad en su casa, pero el 62% se conecta únicamente a través de un dispositivo móvil, sea propio o familiar. Casi todos utilizan Internet habitualmente, principalmente en redes sociales (82%) y para la búsqueda de información (77%).

“Nadie estaba preparado para esta situación. Ni los chicos, ni los docentes ni las familias. Todos utilizan un celular para recibir las consignas de sus docentes. El inconveniente es que son viejos, tienen las pantallas rotas y hasta algunos no tiene wifi. Tienen que estar comprando datos para recibir la información. Les piden trabajos en Word por lo que deben bajar la aplicación y escribir hasta 5 carillas en un celular de esas características”, comentó la tutora Virginia Cleti, de San Lorenzo, Rosario, que acompaña a adolescentes por debajo de la línea de la pobreza.

Los docentes, según las encuestas, optan por enviar tareas a través de plataformas online y mensajes de WhatsApp como estrategias prioritarias. Sucede que, en muchas ocasiones, el vínculo no va más allá del envío de la actividad y solo el 5% de los chicos señala que no necesita ayuda para realizar las tareas que se les proponen. El 95% requiere apoyo.

“Existen muchas familias con varios hijos en edad escolar que solo cuentan con un celular con capacidad de conexión dentro del hogar. Se vuelve muy dificultosa la tarea de organizar la educación dentro del hogar. No hay una política unificada en las escuelas. Se va alternando entre Facebook, Google ClassRoom y WhatsApp para comunicar las consignas”, planteó Juan Palma, que acompaña a 45 alumnos en Berazategui y Guernica.

Para algunas familias, el inconveniente radica más bien en el exceso de deberes que están enviando los maestros. Según advierten los chicos, sus docentes los contactan para mandarles tarea (62%) y, en menor medida, con devoluciones o correcciones de los trabajos realizados (36%).

“Hay un exceso de tareas por la falta de organización y medios que no son acordes para recibirlas. El docente está transitando un cambio de paradigma donde el alumno se ve perjudicado ya que, por lo urgente e inesperado de la situación, se va aprendiendo sobre la marcha”, sostuvo Julieta Lagoa, tutora de jóvenes en Barracas y Tres de Febrero.

Fuente: Infobae y Fund Cimientos.