Vacaciones de invierno en casa. Entonces, ¿qué hacemos?

 

Para los padres y madres (o con quienes estén  en casa los estudiantes) es un nuevo acomodamiento. No hemos vivido situaciones similares, serán nuevas maneras de convivir.

¿Las tareas?

No es tiempo de hacer “tareas” ni de “completar el cuaderno”. Son momentos de descanso, necesario para nuestros chicos. Necesario para poder retomar la segunda parte en este año tan especial. Nuestros niños seguirán aprendiendo. Aprender distinto, sin exigencias, más tranquilos, más relajadas.

Porque podemos pensar el cuaderno no para ser completado, sino como centro de estudios, lugar para experimentar, donde se puede probar, tener errores de aprendizaje, continuar, ir y venir y dejar de pensarlo como ese lugar que tiene que estar prolijo, subrayado, pintado.

 

Reencuentros

Entonces, volviendo a este tiempo de descanso, comunicar claramente a nuestros niños y niñas que los padres siguen con sus actividades, que no están de vacaciones. Buscar juntos momentos para compartir planificando o de manera imprevista, a través de una receta, un juego, un chiste, un video y más.

Ese rato de compartir puede durar mucho o poco, no es cuestión de tiempo, es la intensidad lo que vale. Pensemos en nuestros recuerdos con nuestras familias. No siempre son aquellos que duraron. Muchas veces son pequeños momentos que hemos disfrutado y hoy recordamos.

 

Y solos, ¿qué harán?

En principio, dejar a los chicos tranquilos, libres de horarios y actividades escolares. Podemos dar ideas de actividades para hacer y, luego, dejarlos libres. El material de descarte es de una riqueza impensada para los juegos.

El aburrimiento es parte de la vida, también, y permite creatividad. Si es necesario, poner horarios para las pantallas.

Y, finalmente,

Estimular y elogiar el juego, el proceso, los resultados.

Escuchar con los oídos y con el alma.

Tenemos ganas de volver, encontrarnos, abrazarnos, compartir el mate

María Ribetti, vicedirectora de una escuela de nivel secundario de 900 alumnos de Villa Carlos Paz, Córdoba nos cuenta su historia.

Desde el primer momento de la cuarentena consideraron que era una escuela en situación de emergencia sanitaria.

Y comenzaron a implementar estrategias para estar comunicados y enviar material de aprendizaje a sus alumnos.

La llegada de la actividad fue bastante simple, la cuestión fue la respuesta. Tuvimos que buscar nuevas herramientas, una plataforma que todos pudiesen manejar. Cada docente tomó su modo por ejemplo utilizar la plataforma Classroom, mandar material por PDF . Y se comunicaban por whats app con los alumnos.

Los teléfonos personales del equipo directivos se pusieron a disposición de las familias.

Se armaron estrategias de trabajo:

Se propusieron trabajos prácticos. El recorrido fue: del profe al coordinador de curso, (anotaba y llevaba registro de qué profe entregaba el trabajo), de ahí al preceptor del curso que enviaba a los alumnos. Logramos interactuar. Todos sabíamos qué estaba pasando con la respuesta de cada TP. La experiencia fue muy positiva.

Pero los profes comenzaron a recibir los trabajos a cualquier hora, entonces acotamos los horarios. Y armamos una planilla con diferentes columnas donde organizamos la lista de estudiantes y los TP con asignaturas. Había una columna donde constaba el vínculo entre el docente y el estudiante y su nivel de participación (y si comunicaba su realidad).Aparecieron las desigualdades. Por ejemplo, las familias numerosas con un solo teléfono.

Los números dieron esto: El 85% de los estudiantes realizaba el TP.

¿Qué hacemos con el 15% restante? Nación envía cuadernillos para estudiantes con falta de conexión. Del 15% había solo un 5% con dificultades más importantes. El 10% eran parciales: desmotivación, cuestiones familiares, (luego de un mes del aislamiento), cuestiones económicas y desconexiones de wifi. Entonces, los docentes le mandaban el trabajo al papá, el hijo respondía, formato papel vía foto. Esto fue un desgaste tremendo. Se aumentó mucho el trabajo para estudiantes, familias y docentes.

Propusimos trabajos interdisciplinarios por curso. De esta manera: el estudiante hace un solo trabajo que responde a cuatro asignaturas. Los docentes presentaron el trabajo. ¡Tuvimos muy buenos resultados! Cada docente elaboró 5 TP con diferentes tipos de actividades, hasta físicas.

Uno de nuestros objetivos principales fue sostener el vínculo con las familias. Mandamos adivinanzas, juegos para la familia o les pedíamos que canten una canción y la compartan. Se enseñó, por ejemplo, compostaje, para poder sembrar. Mandamos dos videos institucionales y una carta a cada familia.

Los cuadernillos del gobierno llegaron a fines de mayo. Se les entregó. El material era simple pero interesante. Está pensado para que no se corten las tareas, pero responden a los CBC (Contenidos Básicos Comunes). Tuvimos que llevarlo en autos particulares por la falta de transporte público. Lo difícil es tener el seguimiento, la devolución de lo que van haciendo.

Un alumno me llamó un día y me dijo: “Si a vos se te ocurre que hay que ir a la escuela el sábado, vamos, a la hora que sea”, se nota que el vínculo continúa.

Hubo muchos cambios, pocas continuidades.Formas de comunicación, de transmisión. Cambios positivos con idea de ser sostenidos: la presencialidad y la virtualidad unidas; modos de trabajo que no sean solo en presencia.

Extrañamos mucho, todos, docentes y alumnos. Tenemos muchas ganas de volver, encontrarnos, compartir, abrazarnos, mate. De volver a tener la charla cotidiana con estudiantes, profes y directivos.