Aprendiendo a Aprender. Parte 2

Aprendiendo a aprender. Parte 2

Delia Azzerboni

Vamos a recuperar algunos conceptos que enuncié en “Aprendiendo a aprender”. Parte 1.

Experiencias. Metacognición. Estrategias de aprendizaje. Retroalimentación.

En una escuela interesada en provocar experiencias en los estudiantes, hay educadoras/es que cuentan con estrategias que ayudan a que sus estudiantes sientan interés, curiosidad, disposición hacia el aprendizaje. Las intervenciones de los educadores generan ambientes en los cuales los estudiantes pueden comprender qué tienen que realizar cuando se propone alguna actividad, planificar cómo resolverla, apreciar con qué habilidades cuentan para encararla, y consecuentemente emplear las estrategias de aprendizaje más apropiadas para la situación.

A su vez los educadores/as realizan un seguimiento da las estrategias que usan los estudiantes para andamiarlos –retroalimentar– en lo que sea necesario y los ayudan a reflexionar sobre la pertinencia y adecuación de las estrategias seleccionadas, -metacognición-.

Recursivamente se genera una interacción permanente entre estudiantes que aprenden a aprender y educadoras/es que enseñan cómo se puede aprender en función de una determinada situación.

¿Qué tener en cuenta para intervenir más adecuadamente en la enseñanza de estrategias metacognitivas?

Algunas intervenciones efectivas son: propiciar la metacognición durante la enseñanza de los contenidos y el desarrollo de las capacidades que se ponen en juego en ese momento, y que sin duda, se abordarán en diversas experiencias recursivamente; hablamos de transversalidad.

Para que los estudiantes puedan pensar sobre sus intervenciones, tienen que estar orientadas a un fin, por lo cual las/os educadoras/es necesitan hacer explícitos los objetivos que subyacen a la propuesta. Obviamente la propuesta tiene que ser adecuada a las características y posibilidades de los estudiantes, y es necesario que la información que se brinde también lo sea.

La propuesta necesita ser sugerente, provocadora del interés y el deseo de aprender. Y también es muy importante que el educador aliente las relaciones entre unas y otras experiencias para propiciar la transferencia de aprendizajes y estrategias.

El análisis, la reflexión y el reconocimiento de esas estrategias se constituyen en un aspecto medular para su ampliación, extensión, resignificación y revisión.

Estos procesos promueven el fortalecimiento de las redes neuronales que se establecen cuando se viven experiencias. Recordemos que el cerebro es moldeable y sumamente plástico a partir de la experiencia. Actualmente destacamos el saber pensar, saber hacer, saber ser, saber estar con otros.

No todos aprendemos de la misma manera, obviamente. Algunos estudiantes pueden autorregular sus conductas y controlarlas con naturalidad; otros no tanto y necesitan hacer un esfuerzo intencional mayor, requiriendo entonces, una tutela por alguien desde “el exterior”; puede ser un par, el educador, recursos múltiples, ayudas verbales, etc.

Estos procesos internos, asociados a los estados emocionales y las relaciones sociales, se configuran como las fortalezas y habilidades, u obstáculos y barreras para aprender. Lo cognitivo y lo emocional están intrínsecamente vinculados; las interacciones con los demás juegan también un lugar relevante en las posibilidades de aprender con placer y armónicamente.

Conociendo teóricamente estos conceptos, y observando y resignificando el conocimiento de los estudiantes, la escuela podrá generar buenas condiciones para aprendizajes más gratificantes y profundos, disminuyendo la incidencia de aspectos que impactan desfavorablemente, por lo que endurecen y obstaculizan el deseo de aprender.

 

 

 

 

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