Madre y diagnósticos

 

Cuando me pidieron que escriba sobre mi experiencia como madre, me encantó la idea; pero al pasar los días lo encontré como un desafío increíble. ¡Cuántas diferencias hay entre lo que una quiere ser como madre y lo que realmente puede hacer con ese título! Por un lado, está lo que una PIENSA que podría hacer o compartir con sus hijos o hijas, por otro, lo que el día a día y la experiencia te complican o limitan y por otro, lo que la misma naturaleza trae con ese niño o niña para vos. Sí, leíste bien, creo que la naturaleza nos guía en eso también y de nuestro hijos e hijas tenemos muchísimo que aprender, en realidad de todos los niños y niñas tenemos que aprender.

Mi marido, Mariano, tiene dos hijas de un matrimonio anterior, así que mi desafío materno comenzó antes de tener mis propios hijos. Esa parte es complicada en algunos aspectos, sos “como madre” con las reglas y acuerdos de tu hogar, pero traen otros de la casa donde viven con su mama. ¡OJO! Cada acuerdo, cada costumbre, cada idea, todo debe ser respetado y charlado ya que en cada casa pueden variar y para los niños/as todas deben ser validas o ponerse de acuerdo entre padres para que algunas cosas sean en común.

Allá por el año 2010 nació Nico, nuestro hijo mayor. El embarazo y el parto fue todo muy simple, nunca tuve malestares ni complicaciones, de las tres falsas alarmas que indicaba la obstetra jamás me enteré y nació en un abrir y cerrar de ojos por parto natural. Jugamos muchísimo, aprendí a dar la teta y cambiar pañales. Nico tenia muchísimo reflujo (vomitaba mucha cantidad y repentinamente), así que buscar un maternal para que se quede mientras yo trabajaba era muy difícil, pero yo debía volver al trabajo. Un día una osteópata amiga nos dijo que lo llevemos, que hay una pequeña maniobra que no les hace daño ni genera dolor que hace que no tengan más reflujo. Nos explicó que, a veces, de la fuerza que hacen durante el parto natural, queda presionado el nervio digestivo entre las vértebras de la nuca. ¡Lo llevamos, le hizo como un masajito y no vomito nunca más!!! Yo trabajaba en microcentro y encontramos un muy buen jardín maternal en el barrio de San Telmo, donde hizo sus primeros cuatro años de escolaridad. Transcurriendo el 2012 nació Mora, nuestra niña más pequeña; con ella sí, tuve reposo todos los días hasta que volvía mi marido con Nico del jardín y del trabajo, ahí los doctores me habían permitido levantarme un par de horas para hacer merienda y jugar un ratito.

De a poco comenzaba una odisea que en mi imaginativo de madre nunca estuvo. En sala de dos había un niño que todo el tiempo agredía a Nico y él no se defendía. Nosotros, como padre y madre, nos enteramos casi finalizando el año. Una maestra le había dicho varias veces “DEFENDETE”, ¿es correcta esta terminología dicha a un niño de 2 años? En el momento no nos pareció grave. Al año siguiente el niño que lo agredía ya no estaba y Nico se defendía y defendía a sus compañeros de todo lo que le parecía injusto reaccionando o empujando. Nos empezaron a citar del jardín. “Nico hizo esto, Nico aquello, Nico golpeo a tal, Nico rompió el dibujo de tal otro”, etc. A mitad de año consultamos una psicóloga quien comenzó a ver a Nico y a nosotros, fue en varias oportunidades al Jardín a ver y charlar con las maestras y entre todos fuimos viendo que no era LO QUE NICO HACÍA, sino que el simplemente SE DEFENDÍA, O DEFENDÍA  A SUS AMIGOS/AS. Es por esto que hago hincapié en la terminología con la que hablamos a los pequeños/as.

Cuando debían pasar a sala de 5 y sala de 3, decidimos que era momento de cambiarlos a un jardín donde puedan continuar la primaria con sus compañeros/as y que estuviera más cerca de casa (vivimos en Hurlingham, provincia de Bs. AS.) así podrían jugar con amigos y amigas días de semana y no depender del fin de semana para que los podamos llevar o traer. Los inscribimos en el Jardín LA RANA JUANA, donde tuvieron amigos y docentes excelentes. Cambió por completo nuestra logística diaria, ya que el jardín era jornada simple y al mediodía volvían con la combi para que en casa los reciba una señora que les hacía la comida y estaba con ellos hasta que llegaba yo del trabajo a las 17 hs aprox. Ese año, nos citaron por Nico algunas veces, pero nada importante ni imposible de resolver por la docente. De todos modos, nos aconsejaron cambiar de psicóloga porque había temas que por ahí la actual no podía resolver o ya estaba estancado el tratamiento (a veces sucede). Así que todo ese año fue a una nueva psico. Al año siguiente comenzaba 1º grado de la escuela primaria, TODO UN DESAFÍO para cualquier niño/a. Tanto la psicóloga como nosotros considerábamos que sería bueno acompañarlo con tratamiento en ese momento de tanto cambio; en ese último año de jardín vimos todos que le costaba muchísimo manejar sus frustraciones, no podía soportar un juego sin enojarse por estar perdiendo antes que esto suceda (cuando de más chico no se enojaba por perder en lo más mínimo y justamente lo poníamos como buen ejemplo ante situaciones de enojo de primos o amigos).

La primera semana de ese primer grado de escolaridad primaria nos cita la maestra. Fuimos y charlamos con ella, nos comentó algunas situaciones de discusiones con los compañeros. La pusimos al tanto del tratamiento con psicóloga y le comentamos que en nuestra experiencia Nico suele defender a los compañeros/as o reaccionar de mala manera cuando acumula muchos ataques hacia sí mismo. Así que le pedimos que por favor prestara especial atención a qué había sucedido un rato antes de que el reaccionara. Esto nunca sucedió, nunca le importo el niño ni los demás niños de la sala. Tenía un curso de 31 alumnos a los cuales no les podía prestar atención ni lograr que ellos le prestaran atención a ella. Nos comenzaron a citar cada una semana siempre con que Nico había hecho algo distinto. De a poco y probando distintas estrategias desde casa y con la psicóloga, logré que en vez de preguntarle qué sucedió o leerle la nota que ponía la docente o la directora ME CUENTE ANTES DE DORMIR ALGO DE LO SUCEDIDO. PARA NOSOTROS UN PASO SUPER IMPORTANTE, ahora lográbamos tener la versión del niño. Con esta información cada nota que llegaba respondía en el cuaderno para que sepan que sucedió realmente y en algunas oportunidades lo iba a plantear directamente en reunión con la docente y la directora. De cada uno de estos encuentros salía, prácticamente, llorando, agotada, angustiada; no creían en la versión del niño, no les importaba lo que él tenía para expresar, para decir o como había actuado en defensa de lo justo. Si esto nos sucedía a nosotros en la reunión ¿escucharían su versión antes del reto? ¿preguntarían que sucedió antes de atacarlo?

Con el pasar de las reuniones fuimos respondiéndonos esas preguntas, efectivamente no preguntaban a los niños que sucedió, no los dejaban dar su versión de los hechos y cuando nosotros explicábamos lo que según el niño había sucedido nos decían que era mentira y que la razón la tiene el/la docente.  En este punto me detengo para expresar que nosotros desde el comienzo del maternal siempre fuimos de confiar y creer en las/los docentes a cargo, son los que deberían mediar y ayudar a los niños todas las horas que pasan en el establecimiento educativo, pero hay un punto que aprendimos que primero hay que creer en el niño también, sin llegar a atacar (como hay muchos casos) al docente, pero dialogando sobre lo sucedido. El establecimiento tiene que dar lugar a respuesta y opinión por parte de los padres y del niño también.

Ese año, luego de muchas reuniones con directora y docente, muchos ataques de su parte al niño y a nosotros ya como adultos responsables y diciendo sobre todo en una reunión de padres que _” LOS PADRES QUE LLEGAN DEL TRABAJO A LAS CINCO DE LA TARDE NO SE OCUPAN DE SUS HIJOS” _ cuando todos sabemos que no es un tema de horarios, nosotros estábamos disponibles para ellos siempre, mucho más que algunos casos donde físicamente estaban todo el día en la casa con el niño.

Ya teníamos sentimientos encontrados, enojos y frustraciones de todos, no sabíamos ya si el problema éramos nosotros, si eran los niños o si era el mismo colegio. Ya no sabíamos para donde correr, la psicóloga de Nico en sesión lo veía bien y consideraba que el problema era el colegio, pero él quería a sus amigos y no manifestaba malestar. Se había acostumbrado a esa situación, a ser él el culpable, según el colegio, de todo lo que sucedía en el grado. Decidimos consultar a una especialista la licenciada Claudia Rosales, quien luego de algunas entrevistas nos recomendó cambiarlo de colegio. Nos ayudó a buscar que otros colegios de la zona podrían ser favorables para él.

Al año siguiente comenzó en el COLEGIO ERNESTO SABATO, Mora cambió al jardín de este mismo colegio porque no podríamos tener a uno en cada establecimiento. A la par de todo eso yo deje mi trabajo en relación de dependencia, ya que allí estaba todo muy complicado y no comprendían mi situación de lejanía y ocuparme de los niños. Mi marido colaboraba muchísimo y él iba a todas las reuniones de padres, pero al regresar eran horas y horas con la tarea y con las malas notas que venían en el cuaderno, así que consideramos que esta era la mejor opción. Yo ya estaba pasada y agotada mental y físicamente.

En el nuevo colegio nos entendieron y acompañaron desde un principio. Nos recomendaron, una vez más que cambiáramos de psicóloga, al charlar con la que lo estaba atendiendo ella nos comenta también que hay algo que ella no está pudiendo ver y prefiere delegar a ver si otro/a profesional llega a otro punto… F

uimos a una psicóloga que nos recomendó el colegio, pero sin muchas referencias. Ella lo vio 5 sesiones y diagnostico ASPERGER. Con ese diagnóstico comienza una gran etapa, muchos miedos, búsqueda, investigación, incertidumbre. Nos dice que el asperger es una rama del AUTISMO pero que pueden socializar, de otro modo. Que suele ser en niños super inteligentes (como es el caso de Nico) y otras tantas explicaciones. Al comentarle a mi psicóloga me explica que para dar fehacientemente ese diagnóstico tiene que derivar primero a neurología o psiquiatría para hacer estudios ya que esos casos tienen un componente biológico cerebral. DE TODOS MODOS, LA PSICOLOGA DE NICO HABIA MANDADO SU INFORME CON DIAGNOSTICO AL COLEGIO. ESO NO SE HACE HASTA NO TENER LA SEGURIDAD DE LOS HECHOS, LOS DIAGNOÓSTICOS DE LOS NIÑOS SE ESCRIBEN EN LÁPIZ Y SIN PRUEBAS NO LO PODÉS DIVULGAR POR EL MUNDO. ¡LA GENTE ETIQUETA Y NO ESTÁ BIEN!

Por suerte para nosotros, la maestra que le toco ese año era una MAESTRA con todas las letras y en mayúscula, se preocupaba por cada niño/a, por como aprendía cada niño/a, cuando tuvimos la reunión sobre el diagnostico de Nico se mostró muy dispuesta a colaborar y así fue. Ella, al igual que nosotros, investigamos y nos fuimos pasando información sobre el tema, que puntos del diagnóstico coincidían con el niño y cuáles no, los que coincidían tomábamos referencia para investigar cómo ayudarlo en esos puntos y a los que no, los omitíamos. Paralelo a esto tuvimos la consulta con SU neuróloga (habíamos llevado a Nico allí al año de vida porque se despertaba como acalambrado y encontraron una gran anemia en el) ella nos explica que ciertas reacciones pueden tener que ver con una enzima que falta a raíz de su anemia pero que de todos modos consideraba derivarnos a PSIQUIATRA.

NOS MORIAMOS DE MIEDO, le pedimos que nos recomiende a alguien, no queríamos que lo mediquen porque sí, por solo ser psiquiatras, queríamos que realmente vean qué pasaba y cuál era el problema. No derivó, no estaba la doc. en nuestra obra social pero afortunadamente hacia reintegros, nos quedaba muy lejos de casa, pero por suerte atendía sábados. Con tal de llegar a alguien de confianza ya íbamos hasta la quiaca si era necesario. La psiquiatra le mando ciertos estudios y test de inteligencia y de motricidad, todos ítems para definir un diagnostico o ver que sucedía.

Ella desde el primer minuto que conoció a Nico, dijo que no tenía ASPERGER ni por casualidad.  Luego de meses de estudios y que en paralelo íbamos ayudándonos y ayudándolo la maestra y nosotros con lo poco que habíamos investigado sobre un diagnostico ERRÓNEO, pero del cual algunos puntos coincidían y nos ayudaba a mejorar, la doc. nos dice que tiene TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad), pero que está muy al límite de eso, que son muy pocas las cosas a trabajar y que ella simplemente escribe un diagnóstico para poder ver en qué puntos debe trabajar el colegio y las profesionales. Nos envió a que durante dos años Nico asista a Terapia Ocupacional (donde lo ayudarían a acomodarse en el espacio, y con la motricidad), a psicopedagogía y a psicología.

 Acá nos encontramos otra vez con un gran dilema, queríamos cambiar de psicóloga, ya que la anterior simplemente había dado un diagnóstico sin medir consecuencias, pero ¿sería bueno otra vez el cambio para Nico? Y nosotros ya estamos agotados de todo esto también. Sentíamos que no podíamos más, había que darle un lugar a Morita también, con quien yo aprovechaba el rato de terapia de Nico para jugar una hora en la plaza sola con ella. Teníamos mucho miedo, miedo de los diagnósticos, miedo que de repente el colegio deje de ayudarnos humanamente, miedo de sumarle terapias, miedo que nada mejorara, angustia de que todo lo que veníamos haciendo desde hace años nada llevaba a ningún lado y simplemente paseábamos por psicólogos que no nos ayudaron (aunque en el momento de cada uno parecía que sí), en mi caso se sumaba la incertidumbre y  miedos de haber dejado el trabajo en relación de dependencia, querer armar mi emprendimiento pero que todo esto no sirva de nada si todo seguía igual. Alquilen dijo una vez que los cambios no son ni buenos ni malos, son cambios y siempre sirven para algo.

Buscamos donde podría hacer las terapias indicadas, en provincia no hay casi nada por la obra social, y en lo posible queríamos que fuera en un solo lugar así el tratamiento sería más efectivo.

Llegamos a un centro llamado AUKAN, a 30 cuadras de casa donde lo atienden las tres profesionales, incluso le buscaron un horario para que pueda ir a las tres terapias de corrido en un solo día. Parecía mucho ya que son tres horas (una con cada una) pero el disfruta de sus actividades libremente el resto de la semana y concurrimos al establecimiento solo una vez. Va contento y disfruta de sus sesiones, incluso ahora con la cuarentena hicieron a elección y necesidad de cada niño charlas por video llamada, las cuales el disfrutó con mucho entusiasmo. En la psicóloga algunas sesiones nos citan a nosotros papa y mama, porque un niño no es un ente aislado, trae una historia consigo, una historia que ya traíamos los adultos/as, aunque no fuera propia, sino también traída de nuestros progenitores y así se van sumando pesos en la mochila de emociones y respuestas de cada uno/a.

Muy contentos con el nuevo centro de tratamiento nos encontramos con que para la obra social psicología y psicopedagogía salen del mismo límite anual, el cual completas a los pocos meses de tratamiento. Tuvimos que ir al hospital a solicitar el turno para la junta médica y entrega de CARNET UNICO DE DISCAPACIDAD para que la obra social nos cubra el total del tratamiento. ¿Porque llegar a esto simplemente por burocracia y caprichos de la obra social? ¿Qué implica esto? Correr todos los octubres para juntar los papeles que le obra social te pide presentar en diciembre para cubrir las prestaciones desde enero o febrero, ir a llevarlos en tiempo y forma y que siempre se les ocurra que falta algún papel o que algo no está firmado por la persona correspondiente, que todo debe estar dentro de las fechas que ellos consideran y en el formato que ellos lo envían. Desde el primer momento en casa se planteó como un tema meramente burocrático, así que por suerte en Nico no tuvo ningún impacto social.

Poco a poco, mes a mes, con terapia y fundamentalmente con modificaciones nuestras como adultos, de las docentes con todo su apoyo y de la voluntad que pone el también, sale adelante, cada día, maneja mejor sus enojos y frustraciones, aunque no va a dejar de tenerlos nunca porque los tenemos todos, no pretendemos cambiar ni su forma de ser, ni de pensar ni de comunicarse, simplemente ayudarlo a modificar las acciones que dañan tanto a otros como a sí mismo.

Este año cambió de colegio por un tema económico nuestro, a una escuela pública (como hemos querido todas las veces que los cambiamos, pero las vacantes no nos lo permitían) y otra vez nos enfrentamos a cambios y miedos. Pero nos dimos cuenta que eran nuestros, no de ellos. Ni de Nico, ni de Mora. Venimos de dos experiencias totalmente opuestas en los dos colegios y los miedos son muchos. Por suerte en lo que va del año se hizo amigos, son pocos en el curso y adora a la seño. La misma me comentó dos episodios, pero los resolvieron charlando juntos. Y así debería ser y haber sido siempre, escuchando y observando toda la situación desde el/la docente, confiando en los niños y las niñas. Y si algo, realmente no se puede resolver, citar a la familia.

Desde mi lugar, amo ayudarlos con lo que no comprenden del cole o con investigar para la tarea. Pero en este caso cuando sé que lo puede hacerlo solo y lo único que recibo es un NO PUEDO a los gritos, al rato un enojo, al rato un llanto y así toda la tarde simplemente por no querer escribir, comienza un agotamiento inexplicable, quiero seguir ayudando, le explico de mil formas distintas, pero termino enojada sin razón, y sin saber bien si con él o conmigo misma. Pero con el tiempo y la ayuda de los profesionales aprendí que algunas escenas hay que tratar de ignorarlas para dar lugar a que pasen y volver a charlar. Aprendimos a darle espacio cuando lo necesita. Cuando era mas chico le molestaban muchísimo los ruidos fuertes, entonces tratábamos de evitarlo.

Y por último les recomiendo una alimentación sin tacc, sin lácteos y sin azucares refinadas, que se comprobó biológicamente mejora el circuito neuronal y ayuda en todos estos casos, sea el diagnostico que fuere. Siempre con nutricionista especializado/a en el tema, y viendo las posibilidades de cada familia. Pero hay niños con incluso autismos severos que se han curado en base a la alimentación.

TODOS DEBEMOS APRENDER, MODIFICAR Y COMPRENDER. DEBEMOS TRATAR DE PONERNOS EN EL LUGAR DEL OTRO/A. DEBEMOS MIRAR PARA NUESTROS ADENTROS PARA COMPRENDER. Y PRESTAR ESPECIAL ATENCION SI LO QUE CREEMOS QUE ESTAMOS HACIENDO PARA EL BIEN DEL OTRO ES LO QUE EL OTRO ESTA NECESITANDO QUE HAGAMOS.

 

 

 

 

La escuela

 

En la escuela podemos aprender muchas cosas, pero LA VIDA no se aprende en la escuela. Yo, por ejemplo, siempre tuve muy buenas notas, y en la secundaria facilidad en el estudio, pero las emociones, las amistades, las relaciones interpersonales, ubicarte en el espacio, orientarte o desenvolverte en el medio que te rodea, NO TE LO ENSEÑA LA ESCUELA. Aunque en muchas de esas cosas debería colaborar, ayudar y acompañar; por lo general no sucede. Las escuelas están, cada vez más, en una postura de solamente “enseñar contenido” – TOTAL PARA EL RESTO ESTAN LOS PADRES- pero creo que no es así, ni debería serlo. Los chicos pasan varias horas de su día en el colegio y los padres / madres debemos trabajar, entonces es hora de que los colegios se hagan cargo también de esos valores.

Todos criticamos, imputamos y nos enojamos con cualquier chico que golpea a otro:

“esto no puede ser”

“esto son los padres”

Se escucha decir.

Y yo me pregunto ¿es tan así? Creo que no, que, si bien los padres debemos enseñar valores y comportamientos, debe haber un estado y colegios que acompañan, una sociedad que lo haga y ayuden a los niños a que no sucedan tales cosas; pero no desde el reto, castigo o malas notas en los cuadernos de comunicados sino viendo que le sucede y por qué.

 

¿mi hijo podría ser el próximo Fernando o los mismos rugbiers?

Cuando veo toda la noticia y el tema que no para de dar vueltas con debates de uno y otro lado, se me pone la piel de gallina y se me erizan el alma y corazón. No solo por FERNANDO, quien no merecía lo que le sucedió. Sino por mi hijo.

Capaz no solo me pasa a mí, sino a muchas madres que tienen niños con diagnósticos de TDA, TDAH, TRASTORNO OPOSICIONISTA DESAFIANTE, ETC. Te llaman desde pequeño porque el niño pego a tal o cual, porque reacciono sin medir, etc. Uno le explica y va a tratamientos porque es algo que no pueden controlar solos. Biológicamente algo en el cerebro no les permite reaccionar a tiempo y medir la consecuencia. ¿y entonces?

En casa se charla muchísimo sobre estos temas y a mí me deja tranquila, en algún punto, que lo entiendan y traten de aplicar a la vida los valores más sanos. Pero esto no me saca el miedo, el miedo que mi hijo el día de mañana puede estar de uno u otro lado. El busca justicia de lo que pasa a su alrededor ¿y si sin medir esto implica golpear? ¿Si defendiendo algo “JUSTO” se le va la mano? ¿O como le sucede otras veces, por no querer reaccionar o contestar se queda cayado y otro lo golpea y lo mata? Moriría sabiendo que él quería actuar y no lo hizo.

Naty 

 

 

 

 

Francesco Tonucci: «Cuando empecemos de nuevo, deberemos inventar otra escuela»

Por Gustavo Sarmiento

«Me arruiné las vacaciones». Francesco Tonucci sonríe al otro lado del teléfono y menciona una agenda interminable de videollamadas (con colegas, funcionarios, periodistas) que le impide un consumo típico de cuarentena, como libros o series. «Y va a seguir, porque me preguntan mucho por el después», agrega en perfecto español. Tonucci habla del Covid-19, como todos en estos días, pero especialmente de las infancias y de la escuela en este contexto de crisis, ilusionado con que sirva como oportunidad para cambiar el modelo educativo imperante.

Un currículum a las apuradas dirá que es pedagogo, escritor, dibujante, investigador y creador del proyecto internacional La Ciudad de los Niños y las Niñas, que se replica en más de 200 localidades de todo el mundo –unas 30 en la Argentina–, en las que se propone dar voz a los pequeños y brindarles espacios públicos donde puedan jugar en libertad. Uno de los que habló con él esta semana fue el ministro de Educación, Nicolás Trotta, que apoyó su iniciativa de que, cuando se abran completamente las ciudades, se les deje el primer día solo a los chicos y chicas, para que jueguen y las disfruten como nunca las vieron.

Francesco vive en Roma, «con el miedo de una persona vieja como yo, y la preocupación de que no se generen más problemas ahora que todo se empieza a abrir». Lo que más lo angustia es que hace más de 70 días no puede ver a sus hijos y, sobre todo, a sus nietos. «Estoy solo en mi casa, aislado, como todos, abriendo la puerta una vez a la semana para comprar». Al segundo se corrige. De hecho, el miércoles dio un paseo por su barrio, en la periferia de la capital italiana, por primera vez en dos meses. «Hice tres kilómetros, paseando por calles y monumentos que no conocía, cerca del Cementerio del Verano, que sorprendentemente tiene nombre español y aquí nadie sabe qué significa. Después de 50 años de transitar una ciudad que vive de manera caótica, con un movimiento espantoso, verla vacía es un efecto muy fuerte… Qué poder tiene un virus para conseguir parar el trabajo y el tráfico, dos dioses de nuestra cultura. Pensemos que aquí la contaminación aérea produce el doble de muertos que el Covid».

-Lo mismo que estamos recogiendo de los chicos de nuestros Consejos de Niños de todo el mundo. Cuando empezó todo este rollo, me golpeó mucho que todos buscaran expertos para dar consejos a padres y maestros y nadie se preocupara por preguntarles a los niños qué pensaban y qué proponían, por lo cual le pedí a alcaldes e intendentes de nuestra red de ciudades, que convoquen al Consejo de Niños. Y lo que sale de esos testimonios son tres cosas básicas. Lo principal: les faltan los amigos. Esto ha sido mal interpretado, creyendo que decían «me falta la escuela». Pero no: les falta la escuela porque es el único lugar donde se encuentran sus amigos. Décadas atrás, se los encontraban en la calle, en el tiempo libre, para hacer otras cosas, inventar, jugar, y en la escuela estaban los compañeros de clase. Ya no es así: se perdió la calle. Lo segundo que dicen en las encuestas es que les gusta pasar tiempo con sus padres. Es un regalo de la pandemia. Muchos niños o no los conocían o los veían casi de casualidad. Ahora tienen que compartir y participan de las cosas de la casa. Lo tercero: todos manifiestan que están hartos de la tarea de manera virtual. Es algo que la escuela no ha entendido que no debía hacer. Por eso propuse aprovechar la casa para que sea un laboratorio, y que sean las acciones con los padres las verdaderas tareas, no las del libro de texto. Aprender a cocinar, coser, recuperar las fotos, pintar, y que la escuela trabaje con los niños sobre estas experiencias. Si «hacen pasta” y nada más, no sirve; veamos si hay matemáticas dentro de la cocina: hay pesos, proporciones, tiempos de cocción. O aprovechar para hacer lengua, escribiendo recetas, que no es escribir cualquier texto, debe ser útil para que otra persona que no me conoce pueda repetir el mismo plato. Cuando el mundo se amplíe de nuevo fuera de las casas, me gustaría que la escuela no perdiera este descubrimiento: que se puede trabajar sobre el mundo, el barrio, las historias, la naturaleza y los problemas ambientales, y no sobre los libros de textos.

 

-¿Cree posible un cambio en la escuela después de la pandemia?

-Clases y tareas en este tiempo son cosas que no tienen sentido, porque vivimos situación extraordinaria, no puede ser que la escuela siga como antes. Pero esta manera de interpretar la educación y la escuela no debe ser sólo en tiempos de crisis y coronavirus, sino para siempre. Los cambios cuestan. Normalmente, las estructuras intentan quedarse iguales para siempre. La escuela italiana adoptó como lema en esta crisis: «La escuela continúa». Sería un “seguimos como antes”. Y es algo paradójico: ¿cómo que no cambia nada si cambió todo para todos? Pero si la mayoría piensa que la escuela no tiene que cambiar, vendrá agosto u octubre y todo seguirá igual. Tenemos que aprovechar esta oportunidad para lanzar una idea nueva de una escuela que corresponda a lo que nuestra sociedad necesita.

-¿Y qué necesita?

-Por ejemplo, la diversidad. En la escuela hay niños de culturas y lenguas diferentes, minorías indígenas, niños con discapacidades, de diferentes sectores sociales, niños pobres que en este momento manifiestan limitaciones porque no tienen aparatos tecnológicos para conectarse con la escuela. El tema de fondo es que hay una idea equivocada de que la escuela debe ser para iguales, entonces todas las veces que alguien no es igual a los demás se considera un problema. Y la verdad es que los niños son diferentes uno del otro, por lo cual si queremos hacer una propuesta educativa democrática y eficaz, tenemos que hacerla para diferentes, y no para iguales. Lo dice la Convención de los Derechos del Niño, a la que Argentina adhirió hace 30 años con carácter constitucional: la educación no tiene como objetivo que todos consigan los mismos resultados. El propósito de la escuela y la familia en conjunto debe ser que los chicos descubran sus aptitudes, vocación y talento, sus inteligencias, y una vez que cada uno descubrió su camino, ofrecerle los instrumentos adecuados para desarrollarlo hasta el máximo nivel posible. Por eso tiene que haber diversidades en la escuela, y trabajar sobre lo bueno que cada uno tiene, no sobre lo malo. Con los mismos textos para todos, pensados desde un ministerio casi siempre desde la capital del país, la escuela está dejando afuera a un porcentaje enorme de alumnos que no nacieron para ser literatos o matemáticos, que quieren ser músicos, pintores, deportistas, arquitectos o mecánicos. Hay una injusticia. Una propuesta igual para desiguales.

-¿El Covid-19 es una oportunidad para pensar en una escuela diferente?

-La crisis, como dijo Albert Einstein, puede ser una bendición, porque produce progresos. Espero eso, especialmente para casos como el de la Argentina, donde las autoridades parecen motivadas a impulsar cambios y no la conservación. Las escuelas que mejor funcionan en el mundo, como las de Finlandia, no tienen exámenes; hay muchas menos horas de cursada a lo largo del año; empiezan la primaria a los 7 años y no hay tareas. Se hace mucho hincapié en repetir o pasar de año, y eso no es lo central. Cuando empecemos de nuevo, tendremos que inventar una escuela que hoy no existe. No es verdad que vamos a poder volver a la escuela de antes; porque el virus nos obligará, con las condiciones de distancia y de cuidado, a pensar cosas totalmente distintas. Aquí, por ejemplo, hemos analizado la posibilidad de dividir las clases en dos grupos, uno en casa y otro en la escuela, e ir rotándolos. Pero lo principal es que tenemos que idear una escuela pensada de otra manera. La debilidad es que se funda en una base jerárquica y que los de la misma edad saben lo mismo, creyendo que cuando empiezan el proceso escolar no saben nada y después empiezan a saber lo que los maestros supieron pasarles. El mérito del aprendizaje se pone siempre en los niños: si no aprenden, no se castiga al docente que no supo enseñarles, sino al alumno que no tuvo capacidad o no quiso aprender. Podemos abandonar la idea de la clase con pupitres en la que los alumnos escuchan y repiten, y pensar que trabajen entre ellos. Si tenemos grupos de 6 a 12 años, hasta se pueden manejar solos, por lo cual un profesor puede lanzar propuestas, o crear grupos de trabajo que luego supervisa. En este momento, donde tenemos que enfrentar una situación nueva y problemática, mezclar edades lo haría mucho más fácil.

-¿Cómo están los niños en estas semanas en las que les cambió el mundo?

-No se los escucha, en casi ningún lugar, excepto en países como Finlandia o Nueva Zelanda, que no casualmente son liderados por políticas mujeres, que desde el principio les hablaron a los niños. Los niños valen poco porque no votan. No están en agenda. Y si la escuela quiere modificar la relación con ellos, no puede repetir siempre lo mismo. El tema central es si la escuela es consciente de que hay que cambiar: así como era ya no funcionaba desde antes de la pandemia. No es que antes funcionaba bien y entonces lamentamos no poder seguir como antes. No. Muchos niños se aburrían, no seguían la clase, y después olvidaban lo que habían aprendido. Era una estructura débil, incluso en el aula. Por eso me gustaría una escuela donde todos los espacios se utilicen como talleres y laboratorios, con muchísimas propuestas distintas: baile, música, física, huertas, ir moviendo a los grupos. En estas épocas puede ser útil la idea de la jornada escolar como un recorrido y no como una estancia. Hace 30 años que lo propongo, pero ahora parece que llegó el momento en el que a los gobiernos que me consultan les parece viable. Algo bueno habrá hecho este virus maldito.

Que las ciudades sean para los niños

Una de las propuestas de Tonucci para estos tiempos de pandemia apunta a que, el día que «reabran» las ciudades, cuando todo vuelva a una mínima normalidad, se las entreguen por 24 horas a los niños y las niñas. «Lo lanzamos como proyecto internacional de la Ciudad de los Niños. La gente puede firmar la petición en nuestra página lacittadeibambini.org o en nuestro Facebook. Lo que decimos es que esta crisis tuvo errores sanitarios, víctimas (sobre todo nosotros, los viejos), y ha tenido campeones, que son los niños. Porque resistieron al virus, no por mérito de ellos solos, claro, pero viven esta temporada muy larga, encerrados en casa, que les significa algo incomprensible, y lo están haciendo muy bien. Darles un día la ciudad vacía para que jueguen y la disfruten en libertad, como nunca han podido, y como les gusta a ellos, sin tráfico, peligros ni contaminación, es el regalo que les podemos hacer a modo de agradecimiento».

Hizo llegar su iniciativa a los 200 alcaldes de las localidades que forman parte de la red internacional, entre ellas varias argentinas. Tonucci menciona a Arrecifes y a Rosario, una de las históricas desde que el proyecto de la Ciudad de los Niños arrancó en mayo de 1991, con la idea de que «los niños asuman un papel activo en el proceso de cambio, participando de forma concreta en el gobierno y en la delineación de su ciudad, apropiándose de nuevo del espacio urbano».

También le comentó al ministro de Educación, Nicolás Trotta, la iniciativa de liberar un día las ciudades para los niños: «Prometió que se iba a sumar a la petición, igual que Rosario o Neuquén. Es más una decisión política que educativa. Sé que es una propuesta muy utópica, pero lamentablemente todo el tiempo que proponemos algo para niños, es utópico».

Pruebas Pisa

Afirma Tonucci: «La escuela sigue siendo la escuela de lengua y matemáticas, y el resto es algo que si hay, hay, y si no, no importa, como las Pruebas Pisa que toman estas dos o tres competencias y las miden por igual en todos los países sin tener en cuenta las diferentes realidades. El niño mapuche ve distinto la vida del que vive en Palermo o en una villa miseria, todos tienen el mismo derecho de aprender, y lo hará mejor cuanto más pueda examinar su propia realidad».

Fuente: Tiempo Argentino

Cuando somos pocos en el aula

 

Hace unos años, cuando todavía me desempeñaba como maestra de grado, se me presenta un gran desafío en ese rol. La dirección de la escuela, me asigna el trabajo con un grupo de estudiantes de tercer grado. La  peculiaridad de grado era que el total del grupo  constaba solo de cinco estudiantes, entre los que se encontraban cuatro niñas y un niño.

Todas las recomendaciones giraban en torno a poder mantener a ese grupo matriculado sin perder un solo estudiante que implicaba el cierre del grado por el bajo número de alumnos inscriptos. Era un gran peso para mí.

Es posible pensar que, siendo un grupo pequeño, la tarea sería menor. Menos para corregir, para planificar y  para acompañar. Pero, la enseñanza es una tarea difícil que no entiende de las proporcionalidades ni de las matemáticas. Enseñar implica un sin número de variables  que van desde el conocimiento del área, la didáctica, la planificación, lo convivencial , el vínculo con la comunidad, etc.

Mis  interrogantes giraban en torno a: ¿de qué manera mantener la interacción, la motivación, la acción entre los estudiantes? , ¿cómo lograr que se presenten situaciones problemáticas  que los inviten  a pensar y construir conocimiento?. Sintiéndome una docente que observa  y  acompaña los procesos de cada estudiante, me propuse no convertirme en una lupa que no permite que se equivoquen y estar todo el tiempo corrigiéndoles las actividades y llenarlos de un sinfín de tareas. Por lo contrario, mi reflexión giraba en torno a darles el tiempo para lograr los procesos que todos los estudiantes de tercer grado realizan, permitiéndoles  tener también un espacio para divertirse y jugar.

Entonces aparecieron los proyectos compartidos con cuarto grado, que les daba la posibilidad de encontrarse con otros e interactuar. Los proyectos compartidos con segundo y primero donde ellos se sentían más importantes y podían explicarles a otros y ayudarlos.

El espacio del aula se llenó de rincones para leer, para investigar y para jugar.

Hubo momentos en los que se tuvo que pedir silencio por el barullo que se escuchaba. También hubo que pedirles que se sentaran y dejarán de andar corriendo por el aula cuando se estaba explicando una consigna.

Me acuerdo del cansancio con el que llegaba a casa por poner el cuerpo y la cabeza cada día.

Me acuerdo de cada uno de ellos y de sus particularidades.

Fuimos muy felices ese año.

 

Li. Prof. Vanesa Correa

 

La brecha social y digital que deja en evidencia la pandemia

Por Luciana Malamud

No es una novedad que existe una enorme brecha de oportunidades entre los que más tienen y los más humildes. Tampoco es novedad que esa brecha social se traduce en una enorme diferencia de oportunidades. Pero la pandemia y la cuarentena hicieron esto mucho más evidente, especialmente en relación a la educación.

Es imposible hablar de una sola Argentina, hay muchas realidades dentro de cada comunidad, de cada municipio, de cada provincia. También dentro de cada escuela, y mucho más si hablamos de las familias. Mientras un amplio sector  reemplaza las clases en la escuela por las «clases virtuales» en casa vía Zoom, en cientos de hogares apenas pueden cumplir con las tareas porque no sólo no tienen conectividad ni computadoras, sino que muchas veces ni siquiera tienen lápices, marcadores u hojas para escribir o dibujar.

La mayoría de los hogares en Argentina tienen teléfonos celulares. Ric@s y pobres, tod@s. La diferencia es que mientras un@s tienen planes mensuales y dispositivos modernos, otr@s tienen planes prepagos con crédito apenas disponible para mensajes por whatsapp y alguna que otra videollamada. Apenas pueden navegar por internet. Y en este momento donde todo se volvió virtual, el acceso es demasiado limitado.

La brecha digital se pone entonces en primer plano. L@s docentes de las escuelas que trabajan con familias de barrios vulnerables tuvieron que apelar a la creatividad más que nunca. Y en muchos lugares sólo pueden manejarse con fotocopias en lugar de enviar las tareas por correo electrónico.

Pero la brecha social también se evidencia en la posibilidad que tienen madres y padres de acompañar a sus hij@s con las propuestas escolares. Y si bien es cierto que la pandemia nos tomó a tod@s por sorpresa, presentando desafíos y oportunidades pero sobre todo obligándonos a hacer cosas que no sabemos -como reemplazar a la escuela en casa-, también es cierto que hay quienes tienen más herramientas que otr@s.

Podemos decir que en el 90% de los hogares son las mujeres las que se ocupan de acompañar a l@s niñ@s con las tareas escolares. En los barrios más humildes, 90% de las mujeres no terminó la primaria. Y además, son muchas las familias que atraviesan situaciones sociales complejas. Les cuesta mucho ayudar a sus hij@s, o no saben cómo hacerlo o tienen que atender demasiad@s hij@s y demasiadas tareas al mismo tiempo.

Organizaciones sociales están trabajando con voluntari@s que puedan hacer apoyo escolar. También están acercando útiles para que puedan estudiar, pero también para que puedan hacer actividades recreativas. Si recordamos que el 50% de l@s niñ@s en nuestro país vive en situación de pobreza, sabemos que habrá todavía por muchísimo por hacer para ofrecerles una vida mejor.

 

ENCENDER EL FUEGO

Por Prof, Lic, Mg. Claudia Rosales

Encender el encender el fuego en estos momentos, todo un desafío cuando no tenemos un aula ni el contacto físico.

¿De qué manera pueden, los maestros, estar cerca de los alumnos?
Volver a tener esa conexión, tan íntima, tan auténtica. A puro coraje.

Estar cerca de nuestros alumnos. Tal vez ya está sucediendo sin haberlo pensado tanto. Maestros corajudos.
Coraje, del latín, “corazón”. Maestros con tanto corazón.

Les dejo algunas ideas, para estar cerca, para encender el fuego, tras haber hablado con muchos docentes:

1️⃣  Te leo. En las tareas, en los desafíos, en lo que relatan los alumnos. Con esa lectura que hacen los maestros, sentida y profunda.

2️⃣  Te escucho. Ese escuchar las palabras y los tonos de voz para saber cómo están.

3️⃣  Te pregunto. A partir de lo que leés y escuchás como docente, aparecen las preguntas para hacerle a tu alumno. Preguntas sobre temas de aprendizaje y preguntas de estados de ánimo, de situaciones especiales.

4️⃣  Te cuento. El relato de del maestro acerca de lo que ve de sus alumnos en sus emociones, de sus actividades privilegiando la motivación y favoreciendo la autoestima.

Y vos, ¿cómo encendés el fuego, maestro corazón?

Acompañando a las familias en el apoyo escolar

Por Luciana Malamud

Justo antes de que se suspendieran las clases por el invisible Coronavirus, fuimos con Claudia Rosales a Pilar donde un grupo de madres nos habían comentado su preocupación acerca del aprendizaje de sus hijos en la escuela. Son familias de los barrios Peruzzotti y Villa Verde que participan del programa MAMI (Módulo de Acompañamiento Materno Infantil) de la Asociación Civil SAHDES.

«Uriel está por pasar a tercer grado y no sabe escribir», me había dicho María Herrera entre mate y mate, mientras hablábamos de los controles médicos de su hijita de 2 años. «Yo no sé cómo hacer porque cuando nos sentamos a practicar, directamente se pone a llorar».

Estábamos sentadas en el alero de la casa con la abuela de Uriel también y algunas vecinas , y él entraba y salía a cada rato como diciendo «miren que estoy por acá». Entre todas aportaban datos de las escuelas, de las ausencias de las maestras sin reemplazos, de las reuniones que habían tenido con la directora sin ningún éxito….y yo escuchaba tratando de aportar algunas ideas.

En otra visita, María Duarte me había dicho: «yo quisiera apoyo porque mi nena está por empezar y no sabe escribir». María tiene 26 años, 5 hijos, vive en una casillita de una sola habitación y es una de las mejores madres que conozco.

También Rocío, mamá de Brian, me había dicho ya en diciembre que iba a buscar a ayuda porque había pasado de primero a segundo grado sin saber escribir, y menos leer. L@s hij@s de todas van a la escuela N°35.

Fui escuchando más historias. Cuando salí de la casa de Uriel sentí que teníamos que hacer alguna intervención. Si esto sucede en los primeros grados, qué se espera después? Cómo pretenden que l@s chicos terminen la primaria, y más aún, la secundaria? En Pilar, como en otros lugares del país, cerraron hace 2 años las salas de 3 para concentrarse en dar vacantes a l@s de 4 porque es obligatoria, en lugar de buscar más oferta y contratar más docentes. En qué situación llegan l@s chic@s a primer grado?? Pensando además que hablamos de familias en situación de vulnerabilidad, y este es uno de sus derechos vulnerados.

Me fui de Pilar y en seguida la llamé a Claudia para ver cómo podíamos ayudar y pensar juntas una estrategia. Por supuesto se sumó en seguida y la propuesta fue ayudar a las mamás a que pudieran acompañar a sus hij@s en su aprendizaje. Ayudarlas a empoderarse y a motivar a l@s chic@s en cada proceso.

A las dos semanas fuimos juntas a la Parroquia Nuestra Señora de las Gracias que nos prestó el espacio para el primer encuentro. Llegamos y ya nos estaban esperando con l@s chic@s. Se presentaron cada una, y mientras compartían sus historias, los chicos dibujaban y jugaban. A medida que hablaban se podía sentir que, poco a poco, ellas mismas se iban empoderando.

  

Pudimos escuchar como decían «mi hijo o mi hija no puede, no sabe, etc» y comenzar a revertir esa idea.
La propuesta fue hablar de todo lo que SI pueden sus hij@s y escuchar: «sí! No sabés cómo le gusta matemática», o «sí! No sabés cómo dibuja!».
Estar con ell@s, los chicos. Hablar, compartir un rato. Verlos pintar y jugar con los materiales que habíamos llevado.
Comprobar que los que «no sabían escribir» están en el proceso de construcción del aprendizaje. En un estadío silábico. Tal vez primitivo para la edad, pero en camino a construir.

Volver y pensar juntas en materiales de lectura accesible para las madres:
– Material para las madres sobre autoestima, revalorización de las personas, etc
– Material para los chicos para que completen. Como si fuese el  libro de texto pero «caserito».
Y saber que hay terreno fértil para lograr un paso más.
Chicos, chicas y madres dispuestos. Y por supuesto, nosotras también.

La idea era volver una vez por mes, ahora estamos viendo cómo ayudar a distancia.

 

 

 

Adolescentes, coronavirus y escuela

por Prof. Lic. Mg Claudia Rosales

Estás en la escuela secundaria y tenés una cantidad importante (¿abrumadora?) de tareas para hacer en casa a partir de la falta de clases presenciales y el aislamiento.

¿Falta de concentración? ¿Dispersión?¿Hacer la tarea te lleva más tiempo del que pensabas?Tal vez sea menos en cantidad que lo que harías en clase. Pero, claro, no estás en clase.
Dicen que tampoco son vacaciones.

Todos y todas entendemos eso. Pero, si no son clases tal como estás acostumbradx y tampoco son vacaciones, ¿qué son? ¿cómo son? ¿cómo llevarlas a cabo?

Las personas que damos clase en algún nivel y que lo hacemos habitualmente en presencia estamos viendo de qué manera llegamos a nuestras aulas para que las consignas se entiendan, para tener más claro los conocimientos de nuestros estudiantes.
Ideas o propuestas para vos, alumno y alumna de secundaria que “sos grande”, “sos responsable”, como suelen decirte y que, en estos momentos, estás preocupado, asustada, inquieto, atenta a lo que está sucediendo como cualquier persona.

TIPS

Elegí un momento del día para hacer las actividades, preferentemente usá la organización escolar: días, horas y materias, tal como lo tenías en la escuela.

– Compartí en casa lo que puedas. Mostrá lo que hiciste y no para que te corrijan, para que expliques vos y te des cuenta de cuánto sabés de ese tema o de cómo resolviste la propuesta.

– Hablá con compañeras y compañeros sobre las tareas.

– Realizá las actividades que puedas con un par.

– Pedí a tu profesor/a que te explique aquello que no entendiste.

– Confirmá la comprensión de las consignas que te resulten difíciles de entender.

– Una vez finalizada la actividad, enviala rápidamente. Que no quede en tu cabeza cuál es la que te falta enviar y cuál mandaste

– Tené un cuaderno, papel, block de notas o lo que sea para ir anotando ideas, imprevistos, dudas, etc que si las guardás en la cabeza, te las olvidás.

No es que vos no podés o no te interesa o estas hecho (a) un vago (a); es que esta pandemia nos atravesó a todxs. Y, cada uno, estamos haciendo lo que podemos.

Lenguas extranjeras en la escuela primaria. La necesidad de articular

Intercambios registrados en una escuela primaria de la Ciudad de Buenos Aires:

 

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¿Seño, nos podemos quedar en el aula durante el recreo para seguir armando el game de los animals de desert, tundra y rainforest? (alumnos de 3er grado)

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Que están viendo de ciencias? (docente de inglés)
-Seres vivos y la relación con su hábitat. (docente de ciencias naturales)
-Que te parece entonces si en inglés indagamos sobre migración de ballenas? Tengo un cuento muy lindo sobre el tema cómo disparador y enlace de literatura
. ¿Podemos pensar juntas cómo trabajarlo en el aula? (docente de inglés)
Fijémonos en los NAPS (Núcleos de aprendizaje prioritario) ¿te parece? (docente de ciencias naturales)
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Estos diálogos/intercambios nos hablan de un tipo de aprendizaje donde se logra la motivación intrínseca. En áreas como la enseñanza de idiomas es maravilloso observar tanto a maestros como a alumnos absolutamente involucrados con proyectos donde se articulan contenidos con sentido.

El enfoque constructivista nos convoca al armado de unidades didácticas donde se articulen pedagógicamente los contenidos de naturales, sociales, lengua y literatura con los contenidos lingüísticos del idioma.

El concepto de articulación de contenidos también se encuentra íntimamente relacionado con el abordaje del lenguaje a través del curriculum ya que sabemos que conocer un idioma/lenguaje representa más que una habilidad comunicativa. Se encuentra enlazado con los procesos mentales convirtiéndose además en una importante herramienta para construir conceptos y procesar información.

Cabe recordar lo que expresa Carretero, “cuando se sostiene que el aprendizaje es un proceso constructivo interno, se defiende la idea de que no basta con la presentación de la información a un alumno para que éste la aprenda, sino que es necesario que la construya mediante una representación interior. En este proceso, cumplen un papel fundamental las ideas previas del alumno, así como sus expectativas, sus habilidades, sus intereses y otros aspectos cognitivos que interactúan”
Se trata de utilizar a los idiomas como vehículos de nuevos aprendizajes, considerando saberes previos, hipótesis y conocimientos de lengua materna.

Al igual que en otras áreas del aprendizaje, los docentes de lenguas extranjeras inicialmente inspirarán provocando curiosidad y deseo. Para ello, se hace indispensable el objetivo de articular con contenidos curriculares, considerando las didácticas específicas de cada área. Se deberá tener en cuenta, además, los tipos textuales y las estrategias de pensamiento. Durante este proceso se proverán andamiajes significativos y fomentará el uso de la gramática contextualizada y con sentido. Es de este modo que los alumnos sentirán un deseo, real y auténtico, de comunicarse en el nuevo idioma tanto en forma oral como escrita.

Los que trabajamos de este enfoque sabemos que el aprendizaje significativo nos conduce por un camino donde tanto el proceso como los resultados, constituyen una increíble experiencia para alumnos y para docentes.

 

Lic. Marta Braylan

Clip Education
Asesoramiento y Capacitación en el área de Lenguas Extranjeras

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Directoras:
Lic. Marta Braylan
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Prof.Dolores Bereterbide
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«Mis compañeros me recibieron como uno más»

Soy Martín Moras, tengo 35 años, vivo en Suipacha (provincia de Buenos Aires). Estoy casado con Melisa, y me recibí de Profesor de Educación Física en el año 2009.

A los dos años, me diagnosticaron sordera bilateral profunda y por este motivo asistí al Instituto Oral Modelo en la ciudad de Buenos Aires durante 5 años para educarme, escuchar y aprender a hablar mejor.

Luego continué los estudios, en escuelas primarias de Suipacha, hasta recibirme de Bachiller en Ciencias Naturales en el Colegio Nuestra Señora del Carmen.

Siempre quise estudiar el Profesorado de Educación Física porque, durante mi infancia y adolescencia, practiqué varios deportes que se convirtieron en mi pasión.

Durante mi educación en las escuelas de oyentes, tuve el apoyo permanente de los docentes y, especialmente, de la mayoría de mis compañeros que me recibieron como un compañero más.

Adaptarme a una escuela común no fue fácil. Eran grupos numerosos y yo estaba acostumbrado a una atención más personalizada. Muchas veces no entendía las tareas, y también me costaba interactuar con mis pares. Pero, con el apoyo de mi familia, especialmente de mi mamá (que es docente), logré superar esas barreras e ir adaptándome a ese contexto y que los demás se adapten a mí. Fue un trabajo lento, pero se logró.

Antes de egresar del nivel secundario, comenzamos con mi familia a pensar en mi futuro. Consultamos en un profesorado de la vecina ciudad de Chivilcoy, y me permitieron asistir, pero siempre muy temerosos nos aclaraban que nunca iba a poder trabajar. Estos comentarios no me desalentaron, tenía muy clara mi vocación. Encontré profesores que me ayudaron y apoyaron mucho, alentándome siempre a continuar y, otros que no estaban de acuerdo. En una oportunidad, las autoridades hablaron con mis padres y les avisaron que iba a ser muy difícil que concluyera mi carrera, pero, a pesar de estas trabas, seguí pensando en que iba a poder ya que amaba la profesión.

No fue nada fácil. Había materias que me resultaban difíciles pero mi mamá me ayudó mucho; también Meche, una compañera del secundario, que estudió el profesorado conmigo. Ella fue mi “bastón”, ya que me explicaba lo que no podía entender de algunas clases. Fue invalorable su ayuda. La parte práctica de las materias era mi fuerte; en ese aspecto no tuve inconvenientes y, en las prácticas docentes tampoco, porque me encanta enseñar.

A pesar de todo y con todo, a los cuatro años, me recibí y empecé a trabajar en escuelas. Desde ese momento no paré, cada vez fui tomando más horas de clases. Hoy trabajo en varias escuelas primarias, jardines de infantes y en el CEF 30 (Centro de Educación Física) de mi ciudad, lugar que quiero profundamente y donde me enseñaron lo que hoy transmito a mis alumnos.

Hoy, como profesor, considero que las escuelas y sus docentes están trabajando en la inclusión de todos los niños. No es tarea sencilla, pero se está tomando conciencia al respecto. También creo que todavía hay mucho por hacer y es importante el trabajo en conjunto familia – escuela.

También puedo contarles que integro la Selección Argentina de Fútbol para Sordos, “Los Toros”, desde el año 2009. He competido en varios países del mundo y estas experiencias me permitieron conocer muchas personas que hoy son mis amigos. Hace pocos días, en el mes de noviembre, regresamos de Chile donde participamos de las Eliminatorias y clasificamos para el Mundial de Fútbol para Sordos en Korea del Sur 2020.

La diversidad en el aula

La coyuntura actual pone sobre la mesa las problemáticas en torno a los modos de inclusión de la diversidad en las aulas. Frases como: “Este chico no es para esta escuela”, “acá no tenemos las herramientas”, “no fuimos preparados para esto” circulan en los pasillos de las escuelas y nos impulsan a preguntarnos cómo trabajar para sortear estas dificultades. Si pensamos que lo diferente “estorba”, ¿estamos pretendiendo una normalidad a la hora de educar? ¿Cómo fundamentamos que las necesidades sociales y emocionales de un niño serían abordadas de una mejor manera en una Escuela Especial? ¿Qué puentes construimos para atravesar dichos obstáculos? En el siguiente artículo intentaremos problematizar la construcción de saberes y de subjetividades de los niños y niñas en el ámbito educativo.

  La escuela: lugar de cotidianeidad y continuidad, pero también, lugar de conflictos y dificultades para conversar y comprendernos. Carlos Skliar señala que el “estar juntos” forma parte de la descripción de una comunidad, pero no sólo desde la posibilidad del encuentro o la capacidad de desarrollar un proyecto común, sino también desde la posibilidad del desencuentro. Para el autor la impotencia y la dificultad forman parte del origen de enseñar y aprender. Desde allí, el “estar juntos” se transforma en un punto de partida para “hacer algo juntos”. Será entonces desde estos desencuentros que adviene el interrogante acerca del poder pensar junto con otros. Si el conflicto es el motor de las posibilidades nos preguntamos: ¿Cómo la institución educativa incluye allí lo diferente?

Según Baquero (2001): “Lo diverso puede ser entendido como un enemigo a combatir, como un funcionamiento primitivo aún no desarrollado, o bien, por el contrario, como un funcionamiento idiosincrático a preservar según contextos de uso o identidad de los sujetos”. Los discursos que muchas veces circulan en las escuelas sostienen que “el diferente” es quien siempre debe adaptarse a la “normalidad” del otro. Para Skliar la existencia de ese otro puede pensarse en un plano de responsabilidad y de justicia: todo otro es, por definición, una alteración a cualquier idea de normalidad. Las respuestas que se dan a esa existencia, no pueden ser ni de asimilación ni de inclusión a un mundo construido con anterioridad. No se trata de que ellos se “adapten” a la escuela, de que puedan “incluirse” en una educación normalizadora.

Retomando la necesidad de una “preparación para la diferencia”, Skliar nos recuerda que no se trata de no estar preparados, sino de estar predispuestos, disponibles, ser responsables de multiplicar y diversificar tanto la idea de alumno (que modificaríamos a la de estudiante para brindarle un rol más activo) tradicional como también la de un aprendizaje común, normal. Estar disponibles es tomar una posición ética desde nuestro rol de educadores: disponibles a recibir a cualquiera, a todos, a cada uno, con sus singularidades. Hay una naturalización políticamente indebida que ofende y maltrata a ciertos individuos por sus singularidades, como es el caso de niños o niñas con tiempos de aprendizaje que no responden a lo “esperable” a lo “establecido” y que requieren de otros tiempos, de otras trayectorias. Educar es lo contrario del orden natural, contra eso se levanta. Todo gesto educativo es ético en la medida en que se opone radicalmente al orden natural de las cosas, en la medida que logra desnaturalizar y problematizar. Tomar distancia, en la experiencia educativa, de lo dado, lo previsto y pre-establecido, no es decir que todo es igual, ni dejar de valorar lo establecido como un punto de partida posible.

Reconocer la alteridad no es adaptarla a una práctica consagrada, se trata de sentir el peso del otro en nosotros. La existencia de ese otro es una presencia que nos obliga todo el tiempo a una tensión entre el conocimiento y el desconocimiento, la respuesta a su existencia es una cuestión que tiene que ver con la responsabilidad de enseñar. El sentido del gesto-acto de educar es desde la hospitalidad: recibir al otro sin cuestiones y sobre todo sin juzgar. A esto deben apuntar nuestras prácticas docentes, permitirle a los niños y niñas el estar, el permanecer y el poder hacer cosas juntos, no esperar que ellos se adapten a un orden instituido.

Sostenemos la importancia del diálogo permanente como la clave para repensar nuestro lugar como educadores y en cómo logramos que esa existencia del otro nos conmueva, nos atraviese. Como profesionales de la salud en el campo educativo debemos intentar que las marcas que traen esos niños y niñas dañados, rotos, no sean considerados un destino inevitable. La educación ha de ser siempre una invitación a salir al mundo, salir al mundo y aprender a vivir.

 

  • Lic. Florencia Berardi

Profesora y Licenciada en Psicología
MN 54.257

Ex concurrente del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. Docente del Profesorado de Psicología en la UBA. Maestra de Apoyo Pedagógico en Educación Especial.

 

  • Lic. Lucía Bonifacio

Lic. En psicología. MN 54601

Ex residente del hospital Ramos Mejia. Actualmente Psicóloga de planta del centro de día en salud mental y adicciones del CEMAR 2 – Barracas.