La diversidad en el aula

La coyuntura actual pone sobre la mesa las problemáticas en torno a los modos de inclusión de la diversidad en las aulas. Frases como: “Este chico no es para esta escuela”, “acá no tenemos las herramientas”, “no fuimos preparados para esto” circulan en los pasillos de las escuelas y nos impulsan a preguntarnos cómo trabajar para sortear estas dificultades. Si pensamos que lo diferente “estorba”, ¿estamos pretendiendo una normalidad a la hora de educar? ¿Cómo fundamentamos que las necesidades sociales y emocionales de un niño serían abordadas de una mejor manera en una Escuela Especial? ¿Qué puentes construimos para atravesar dichos obstáculos? En el siguiente artículo intentaremos problematizar la construcción de saberes y de subjetividades de los niños y niñas en el ámbito educativo.

  La escuela: lugar de cotidianeidad y continuidad, pero también, lugar de conflictos y dificultades para conversar y comprendernos. Carlos Skliar señala que el “estar juntos” forma parte de la descripción de una comunidad, pero no sólo desde la posibilidad del encuentro o la capacidad de desarrollar un proyecto común, sino también desde la posibilidad del desencuentro. Para el autor la impotencia y la dificultad forman parte del origen de enseñar y aprender. Desde allí, el “estar juntos” se transforma en un punto de partida para “hacer algo juntos”. Será entonces desde estos desencuentros que adviene el interrogante acerca del poder pensar junto con otros. Si el conflicto es el motor de las posibilidades nos preguntamos: ¿Cómo la institución educativa incluye allí lo diferente?

Según Baquero (2001): “Lo diverso puede ser entendido como un enemigo a combatir, como un funcionamiento primitivo aún no desarrollado, o bien, por el contrario, como un funcionamiento idiosincrático a preservar según contextos de uso o identidad de los sujetos”. Los discursos que muchas veces circulan en las escuelas sostienen que “el diferente” es quien siempre debe adaptarse a la “normalidad” del otro. Para Skliar la existencia de ese otro puede pensarse en un plano de responsabilidad y de justicia: todo otro es, por definición, una alteración a cualquier idea de normalidad. Las respuestas que se dan a esa existencia, no pueden ser ni de asimilación ni de inclusión a un mundo construido con anterioridad. No se trata de que ellos se “adapten” a la escuela, de que puedan “incluirse” en una educación normalizadora.

Retomando la necesidad de una “preparación para la diferencia”, Skliar nos recuerda que no se trata de no estar preparados, sino de estar predispuestos, disponibles, ser responsables de multiplicar y diversificar tanto la idea de alumno (que modificaríamos a la de estudiante para brindarle un rol más activo) tradicional como también la de un aprendizaje común, normal. Estar disponibles es tomar una posición ética desde nuestro rol de educadores: disponibles a recibir a cualquiera, a todos, a cada uno, con sus singularidades. Hay una naturalización políticamente indebida que ofende y maltrata a ciertos individuos por sus singularidades, como es el caso de niños o niñas con tiempos de aprendizaje que no responden a lo “esperable” a lo “establecido” y que requieren de otros tiempos, de otras trayectorias. Educar es lo contrario del orden natural, contra eso se levanta. Todo gesto educativo es ético en la medida en que se opone radicalmente al orden natural de las cosas, en la medida que logra desnaturalizar y problematizar. Tomar distancia, en la experiencia educativa, de lo dado, lo previsto y pre-establecido, no es decir que todo es igual, ni dejar de valorar lo establecido como un punto de partida posible.

Reconocer la alteridad no es adaptarla a una práctica consagrada, se trata de sentir el peso del otro en nosotros. La existencia de ese otro es una presencia que nos obliga todo el tiempo a una tensión entre el conocimiento y el desconocimiento, la respuesta a su existencia es una cuestión que tiene que ver con la responsabilidad de enseñar. El sentido del gesto-acto de educar es desde la hospitalidad: recibir al otro sin cuestiones y sobre todo sin juzgar. A esto deben apuntar nuestras prácticas docentes, permitirle a los niños y niñas el estar, el permanecer y el poder hacer cosas juntos, no esperar que ellos se adapten a un orden instituido.

Sostenemos la importancia del diálogo permanente como la clave para repensar nuestro lugar como educadores y en cómo logramos que esa existencia del otro nos conmueva, nos atraviese. Como profesionales de la salud en el campo educativo debemos intentar que las marcas que traen esos niños y niñas dañados, rotos, no sean considerados un destino inevitable. La educación ha de ser siempre una invitación a salir al mundo, salir al mundo y aprender a vivir.

 

  • Lic. Florencia Berardi

Profesora y Licenciada en Psicología
MN 54.257

Ex concurrente del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. Docente del Profesorado de Psicología en la UBA. Maestra de Apoyo Pedagógico en Educación Especial.

 

  • Lic. Lucía Bonifacio

Lic. En psicología. MN 54601

Ex residente del hospital Ramos Mejia. Actualmente Psicóloga de planta del centro de día en salud mental y adicciones del CEMAR 2 – Barracas.

Infancias de época, en primera persona

Fui niña entre los ‘70 y los ’80. En esa época la infancia era un mundo más cerrado que el de ahora. Los pliegues que se generaban en el juego con otros niños no se resolvían con adultos que se sentaban entre nosotros y desmenuzaban el conflicto, disimulando la ansiedad por retomar lo que los ocupaba. No buscaban entender qué había pasado mientras diseñaban entre sus ideas una manera rápida de enseñar valores, ser justos y no estigamtizar al mismo tiempo. No se habían inventado términos como “bullyng” para pasar por esa lupa todo conflicto infantil. La sociedad estaba, en el mejor de los casos, sobreviviendo a una dictadura sangrienta.

Cuando yo era una niña, formar o no parte de un círculo de amigos era el resultado de un juego de fortalezas y debilidades que se daban en el campo exclusivo de la niñez. En mi caso, no siempre salí ganando en esa lucha (a veces más tácita y a veces más explícita) por pertenecer.

En esa otra forma de ser de la infancia de mi época, ese juego de fortalezas y debilidades era un poco más crudo cuando se trataba de los niños. Ser varón requería de dureza -cuanta menos sensibilidad mejor- y, de fondo, siempre estar dispuesto a las piñas si se presentaba una situación que lo ameritara. Se diera o no la oportunidad, animarse o no animarse era una pregunta interna que los niños de mi época debían hacerse y ocupaban en ella gran parte de sus infancias, resolviendo el dilema en silencio.

No hay mucha visagra entre ser niña y ser madre. Quiero decir, no hacemos un curso antes de tener niños para saber cómo se es niño en cada época. No hacemos un curso para ser madres. Punto.

Tengo dos hijos. Mi hija tiene una de esas personalidades a las que nada la doblega. Habrá que ayudarla a administrar su energía, pero nunca habrá que preocuparse porque alguien le esté pasando por encima. Y ella, que tiene unos valores tan inquebrantables como su personalidad, no usa su carácter para doblegar al otro, con excepción del hermano, claro.

Mi hijo tiene otras particularidades. Tiene una seguridad interna tal que los juegos de poder le pasan por el costado, no los ve. Intuyo que de ahí nace su capacidad de enseñarme cosas, su libertad para verme como un par, como un ser humano. Porque hay momentos en que Gaspar es mi maestro. Son momentos de otro clima, tiempos cerrados en sí mismos, naturales y singulares a la vez.

Un ejemplo de ello se dio una vez en que era pequeño y estaba enfermo. Debía andar por los 4 años. No sabíamos qué tenía. Era uno de esos casos en que vas al médico con dudas y no para pedir una receta. Lo llevaba el papá y cuando salía de casa lo saludé dicéndole: “Chau hijito, ojalá que no sea nada”. El, con su parsimonia habitual para pensar y hablar, me contestó: “Ojalá sea algo mami, si no no me van a poder curar”. Yo me quedé con la sensación de haber sido un poco idiota por un rato. Una madre que busca darle a su hijo la tranquilidad que en realidad necesita ella. Lo más bello de esos momentos es encontrarse con la libertad que él tiene a mano para poner sus ideas a la altura de las mías. A veces por encima.

Como aquella vez del verano pasado, cuando estábamos en la isla del Delta que frecuentamos. Salíamos de la casa, él cruzó corriendo, descalzo, el puente que pasa por encima del arroyo. Yo atrás, iba más lento. Del otro lado del puente, parado junto a un amigo, estaba el niño canchero de la isla. Uno de esos niños que pululaban en mi época y que pertenecían a la cultura de las reglas de pibes duros, esos que burlan a otros porque ya resolvieron el dilema interno de las piñas.

Gaspar había manifestado alguna vez, con honesta curiosidad, no entender a esos niños. Se había dado alguna escena en la que él se iba sin lograr pertenecer y sin el interés suficiente para averiguar qué estaba ocurriendo. Yo, en cambio, había puesto a funcionar mi historia para leer la suya. Otra vez la bisagra ausente entre niñez y maternidad. Una primero es niñez y luego es madre de niñez. En el medio, poca cosa.

En su trayecto veloz Gaspar se clava un dedo entre las maderas del puente y sigue corriendo con quejidos de dolor hasta llegar al otro lado y esperarme sobre el parque. Cuando llego, luego de pasar por al lado del niño “piola” y su amigo, Gaspar me empieza a pedir con insistencia que le haga upa. Primero pensé que no los habría visto y que lo mejor sería avisarle. Después pensé que el dolor por el golpe no le estaría dejando hacer la conexión entre dos escenas que, en mi infancia, no hubieran debido convivir. El insistía y como yo ya estaba a su lado, me acerqué más y le dije en voz baja: “¿te parece, están esos chicos ahí, que son medio…?” Me sentía muy extraña, algo de lo que estaba haciendo no estaba bien, pero no me daban los tiempos para descubrir qué, para parar y reordenar.

No hizo falta, Gaspar lo hizo por mí. Activó su libertad para ser mi par por un rato y me respondió con otra pregunta que volvió todo a “foja 0”, a ese estado tan sano y lejano a los prejuicios: “¿qué tiene de malo que una mamá le haga upa a un hijo que se golpeó?”. Seguimos camino hacia el río, él a upa mío. Mientras masticaba la distancia entre mi infancia y la suya, sintiendo una vez más que faltaba algo entre una y otra, comenté un tibio “tenés razón, hijo”. A lo que él agregó: “Además qué me importa lo que piensen. Si esos chicos son unos idiotas!”.

Me hubiera gustado volver a mi niñez con esas dos frases a cuestas. Me hubiera gustado volver para “no pertenecer”, con tranquilidad. Sé que las infancias son infancias de época, no se resuelven con un viaje al pasado porque la cultura no viaja en máquinas del tiempo. Prefiero además quedarme aquí, acompañando estas nuevas infancias, transitando la única bisagra posible: la experencia.

*Lic. en Ciencias de la Comunicación, trabaja en formación docente.

«Como mamá jamás me permití quedar instalada en el desánimo»

Por Elena

 

Días atrás en una reunión social, una de las invitadas, de profesión maestra, comentó que está muy difícil todo en las escuelas porque los padres ante cualquier situación levantan quejas y  a los maestros les hacen sumarios. El caso que comentó fue el de un chico al que ella agarró del brazo, sin ejercer daño alguno.

A partir de ahí surgió una conversación de ida y vuelta en la que mi amiga defendía la postura de los maestros agotados frente a tanta presión, con escasa capacitación desde la formación docente para atender a la diversidad y a la complejidad actual, con aulas superpobladas y poca comprensión de parte de los superiores para acompañar y asesorar a los maestros.

La queja reiterada era la soledad del cargo, los reclamos constantes de los padres que depositan a sus hijos en la escuela, y la prohibición de ciertas prácticas aceptadas hasta hace poco tiempo, y ahora denostadas y prohibidas por el auge de las denuncias por abuso sexual infantil, y la poca autoridad conferida a los maestros,  e inversamente otorgada a los padres.

Desde el otro lado del mostrador, y con la mirada propia de una madre, recordando la sinuosa trayectoria escolar de mi hijo Joaquín, sostuve que ninguno de los argumentos considerados eran razón suficiente para no ocuparse de un niño, y que si un docente elegía por propia voluntad esa profesión, eso implicaba buscar por todos los medios la forma de que un niño aprenda, que se integre a la escuela, que sea tenido en cuenta, que se investigue cuál es la manera más amigable para que el chico pueda aprender, qué recursos son más facilitadores y cuáles son sus fortalezas y debilidades (una frase a esta altura muy trillada, pero que no por ellos deja de ser una frase de oro).

Fue así que recordé los inicios de la escolarización de Joaquín, sin diagnostico (DX) ni la menor idea de los motivos de su comportamiento hostil, errático; de su  manera rígida de jugar alineando juguetes, de la desorganización sensorial que padecía por la que, por ejemplo se tapaba los oídos toda vez que caía un papel al piso y, extrañamente, ni siquiera notaba cuando caía algo de mucho peso; su desmesurada intolerancia a la frustración, etc. Una vez que, finalmente, dimos con la profesional que nos informo su DX de Síndrome de Asperger, comenzó una larga muy larga etapa de aprendizaje, de búsqueda de alternativas acordes a su estado evolutivo, a sus necesidades, de pruebas, de ensayo y error, de llevarlo a no menos de 5 terapias semanales, de contar hasta 10 ante cada llamado de la escuela que, por cierto, ocurrían regularmente. El colmo de los colmos fue en sala de 5 (mucho antes del DX), ¡¡¡¡no faltaba ningún maestro que nos llamara, hasta que nos llamó la maestra de comedor!!!!

Joaquín era un chico fácilmente irritable, que jugaba en soledad, que se peleaba con sus compañeros, y era un desafío para sus docentes.

Desde el principio hubieron maestros que se convirtieron en críticos y enjuiciadores, pusieron palos en la rueda apresurando conclusiones del estilo de falta de límites, poca atención de parte de los padres, mucha exposición a la televisión, hasta hubo quien se atrevió a insinuar que éramos promiscuos y seguramente andábamos desnudos por la casa (ya que por aquel entonces a Joaquín se le dio por tocarle la cola a las maestras). También por aquellos tiempos Joaquín  se desbordaba con facilidad golpeando a sus compañeros, tenía poca capacidad para prestar atención y muy baja autoestima.

Cuando los docentes empatizaban con él, entendiendo que todas esas reacciones eran síntomas de su malestar, de su escasa comprensión de códigos sociales, de un bajo feedback del entorno, de la imposibilidad de tramitar emociones negativas; entonces podían intentar estrategias que buscaran, en primer lugar, calmarlo, regularlo, darle validez a sus emociones y enseñarle otro tipo de respuestas socialmente adaptativas. La idea era, con paciencia y el amor, ir corriendo el límite de sus posibilidades.

Por ejemplo cuando se irritaba y se cerraba (qué niño puede aprender enojado, pataleando, llorando de la bronca?), la maestra le permitía ir a la dirección a jugar un rato con la computadora. Al relajarse y quitar la atención del conflicto, volvía a clase, retomaba el trabajo  y luego conversaba con la maestra sobre lo que había ocurrido. Se le hacía saber que sus sentimientos eran importantes y que sus necesidades eran tenidas en cuenta todo lo posible. De esa manera también se lo entrenaba en el arte de participar de una conversación, de argumentar y defender su punto de vista y paralelamente se le enseñaba que la violencia de ningún modo es un método válido para imponer su postura.

Hubo un tiempo en el que le permitían dibujar en clase cuando notaban que se iba inquietando, que su umbral de atención se agotaba. Todos estos recursos apuntaban a lo mismo, a ayudarlo a regularse, y obtener de él todo su potencial.

Una pieza clave en esta estrategia fue la excelente relación entre la psicóloga del EOE y su psicóloga particular; entre la dirección,  la maestra de la escuela y yo como madre.

Si nos culpamos unos a otros y pasamos la pelota afuera, si no asumimos ninguna responsabilidad con lo que pasa y no nos gusta, el tema no avanza y el chico sigue siendo literalmente expulsado del aula. Evidentemente, no está pudiendo aprovechar y disfrutar de la comunidad educativa y de su tiempo en la escuela, tiempo en el que todos somos responsables de que la pase bien y aprenda.

Lo que queríamos era que Joaquín pueda aprender, pueda sacarse buenas notas, y sentirse feliz por su desempeño, que sintiera la alegría de un buen resultado y la valoración de los adultos por sus logros, queríamos también que tuviera amigos, que fuera elegido y tenido en cuenta.

Para eso hubo que concientizar a la comunidad sobre sus dificultades pero también poner un reflector que iluminara sus capacidades y enormes ventajas: es muy detallista, dibuja maravillosamente bien, es muy hábil en matemáticas, tiene una memoria prodigiosa, es muy noble, tiene profundos y bienintencionados sentimientos, y disfruta ayudando a los demás.

En cuanto a sus dificultades, tenía una bajísima tolerancia a la frustración. Cuando algo le salía mal le agarraban ataques de furia, destrozaba cuadernos, juegos de mesa, etc. (este tema fue muy trabajado en los espacios terapéuticos y también en casa por intermedio del juego, por ejemplo  cuando jugábamos y yo perdía, hacia parodias y lo tomaba a la ligera). Tenía además, muy mala performance física,  era verdaderamente malo en cualquier deporte, hecho que le provocaba un profundo malestar ya que él deseaba intensamente jugar razonablemente bien. Los chicos no lo elegían, no lograba coordinar movimientos, patear la pelota en la dirección acertada, correr a una velocidad mínima, etc.

Probamos llevándolo a muchas escuelas deportivas infantiles de lo que el elegía, futbol, taek wondo, natación, etc. Amén de que otros chicos eran extremadamente crueles, a las pocas clases se desmoronaba ya que no tenía un mínimo de aptitud. Así  fue como una mamá de los talleres de padres de la Asociación Asperger Argentina cierta vez contó que su hijo con dificultades similares, tenía un personal trainer. Decidimos probar individualmente para nivelarlo con los chicos de su edad. Fue una decisión muy acertada.

Paralelamente lo llevamos a una nutricionista ya que tanta angustia y presión social lo impulsaban a comer y había engordado bastante.

Fueron unos tres años de trabajo personal, con profes y nutricionista que lo cuidaban, lo querían, lo estimulaban y alentaban cada uno de sus logros. Con el correr del tiempo mejoró notablemente y luego comenzó a ir al gimnasio donde hacía entrenamiento funcional y era uno más.

En los últimos años perdió peso, se estilizó, y en la actualidad integra un grupo de running con el que entrena dos veces por semana. El camino fue de lo  individual a lo grupal  ayudándolo a elevar el nivel. Hace poco corrió su primera carrera entre 15000 participantes.

Todos estos años, desde el descubrimiento del DX fue muy importante para mí no aislarme, estar contenida e informarme. Comencé a asistir a la Asociación Asperger Argentina y a su Taller de Padres para Padres para compartir experiencias con otros iguales a mí, primero en calidad de participante durante unos cuantos años, y finalmente tuve la gran oportunidad de coordinarlo y mientras socializábamos experiencias y compartíamos información yo seguía aprendiendo.

Desde allí también conocí profesionales, asistí a congresos, charlas, y jornadas, era una verdadera usina de actividades relacionadas al tema. Me fui metiendo y entusiasmado hasta llegar a integrar actualmente su Comisión Directiva con el ánimo de transmitir conocimientos, allanarle el camino a los nuevos padres, y por supuesto continuar aprendiendo porque nuestros hijos cambian y lo que necesitaban ayer ya no lo necesitan hoy,  y hay que buscar recursos nuevos.

Estaba ansiosa por aprender y poder ayudar a mi hijo en los años de la infancia, los años   de mayor plasticidad neuronal. También leí muchos libros. De cada fuente sacaba ideas potentes, estrategias, probaba con constancia distintas alternativas. Algunas funcionaban y otras no. Pero yo quería probar y darle tiempo. Conversaba todo con los profesionales ya que  consideraba que éramos un verdadero equipo. La principal y más entusiasta enamorada y defensora de mi hijo era yo, de manera que todas las ideas y propuestas que conversaba con ellos, en la mayoría de los casos eran bienvenidas. Iba tomando nota de los alcances y resultados de cada prueba, de una manera lógicamente muy informal, pero anotaba las curiosidades y  cambios que iban apareciendo. Los comentarios que me hacían los profesionales retroalimentaban mis iniciativas y les daban mucho material de primera mano para continuar trabajando con Joaquín. Nunca tome a mal un comentario que aportara información, criterios, interpretaciones, o que sugiriera una vuelta de tuerca a lo que estaba intentando. En muy pocos casos los profesionales lo tomaron como una intromisión y fui atacada desde un lugar de competencia que jamás permití. Esos profesionales quedaron afuera rápidamente.

Yo funcionaba como principal propulsora de los cambios que todos esperábamos y además era el nexo entre el equipo de educación y de salud que apenas se conocían.

Durante esos años también hice mucha terapia individual, por supuesto hubo momentos en los que me desanimaba, el desarrollo no es lineal y parejo. A veces parecía que avanzaba diez casilleros y, de golpe, retrocedía cinco. Cuando tenía una temporada mala necesitaba volcar en algún lugar mis temores y ver el bosque. En retrospectiva los avances eran enormes pero aún tenía comportamientos agresivos,  le costaba socializar, o no podía manejar algunas situaciones. También era necesario manejar el entorno, los comentarios “bienintencionados” que tienen la solución fácil….

Todos esos años se trataba de buscar métodos eficaces para él pero que también fueran fáciles y manejables para mí. Por ejemplo los métodos relacionales del estilo de Floor Time iban bien con mi estilo de juego descontracturado. En cambio métodos mas afines al estilo conductista, que trabajan con apoyos y recompensas, no daban buenos resultados. También con él funcionaba muy bien la negociación, si él quería algo lo obtenía a cambio de cierta conducta que yo quería que hiciera.

A Joaquín le llevo 10 años de su vida poder controlar su impulsividad. Es una enormidad, pero yo me convencí de que teníamos todo el tiempo por delante y que si lo lograba era una habilidad adquirida para toda la vida.

Hoy es un jovencito de 18 años, con muchos proyectos y alegrías, hace batería, running, se anotó en la facultad para comenzar una carrera universitaria el año próximo, tiene dos amigos y cada tanto sale. Disfruta muchísimo cada vez que se arma una salida, le encanta la vida social y todavía le cuesta tomar la iniciativa y aprender ciertos códigos. Aún así esta semana fue elegido entre sus compañeros como mejor estudiante. ¡¡¡¡!!!!

Como mamá jamás me permití quedar instalada en el desánimo, cuando me caía respiraba profundo, recuperaba fuerzas y continuaba. Siempre pensé que son momentos como los que tenemos todos, el sube y baja de la vida, y que los resultados de toda la enseñanza se ven más adelante con el correr de los años

Hoy estoy muchísimo más relajada, viendo cómo se desenvuelve de manera independiente y cómo toma sus propias decisiones. Ha tenido muchos méritos, ha trabajado duro y los resultados están a la vista.

Esta historia, por suerte, continuará.

 

Datos:

Floortime: “El niño con necesidades especiales”. Greenspan, Stanley.

Asociación Asperger Argentina: asperger.org.ar

 

 

 

El Constructivismo

«El conocimiento atraviesa todos los actos humanos», dice Mario Carretero en la entrevista que les dejamos.

Considerar al conocimiento y al aprendizaje como construcción y no como copia de la realidad.

Reconocer la construcción como un proceso dialogado. Interacción, dimensión social y diálogo interiorizado son ejes que considera Mario Carretero en esta entrevista.

Te invitamos a escucharla y dejar tu reflexión.

 

 

Google y Microsoft se (entro)meten en la educación

Por Bárbara Panico y Esteban Magnani

Si se argumentara que McDonalds es un buen proveedor para los comedores escolares porque su servicio es simple y conocido, las quejas no se demorarían gracias a la concientización previa sobre qué es una dieta sana. Sin embargo, cuando las corporaciones entran en las aulas las alarmas no se encienden.

or eso, es una buena señal lo ocurrido en Cataluña. Allí la suite “educativa” de Google es resistida por familias asesoradas por la ONG Xnet. Las preocupaciones: en primer lugar, que los datos alojados en servidores extranjeros permiten una radiografía de la evolución de los pequeños catalanes, información clave para influir en sus gustos e intereses (pensemos en Cambridge Analytica). Por otro lado, los usuarios tienden a utilizar herramientas que ya conocen, por tanto es probable que las prioricen en adelante. Por último, y no menor, la plataforma educativa de Google no fue pensada para enseñar: su versatilidad y su potencia pedagógica son limitadas comparándolas con plataformas como Moodle, de software libre, diseñada por una comunidad internacional con el objetivo de (¡sorpresa!) potenciar la educación.

Cataluña no está sola: en Uruguay el plan Ceibal se asoció en 2007 con Google pese a las resistencias de algunas organizaciones. En Argentina se buscó una alternativa al lanzar las PC del plan Conectar Igualdad: traían Windows y Huayra, versión de GNU/Linux diseñada para las aulas; en cambio las últimas PC del Plan Sarmiento entregadas en CABA usan solo Windows 10 de Microsoft, un sistema operativo que recolecta datos como modelo de negocios y en las que no se evitó que cámara y micrófono vinieran compartidos. A su vez, en las escuelas de CABA se exige el uso de la plataforma privativa Edmodo y se la promueve, entre otras cosas, por su parecido a la «amigable» red social Facebook.

Es un desperdicio que las escuelas trabajen con herramientas que priorizan lo conocido y sencillo por sobre el potencial pedagógico. La diferencia es sustancial: mientras Moodle permite crear escenarios de aprendizaje enriquecidos, los otros entornos consienten la mera incorporación de Internet en la interacción educativa, sea en forma de red social, sea combinando los servicios de Google. Cuesta creer que sigamos eligiendo plataformas enlatadas para las instituciones, entornos pensados por unos pocos expertos alejados de nuestras aulas, con una gratuidad condicionada por el uso de los datos. Apartándonos de la idea de que lo simple es mejor, quedan solo ventajas en la elección de un entorno como Moodle: hecho entre pares para fomentar el trabajo entre pares; con herramientas que en su estructura dan lugar a la colaboración como construcción colectiva (por ejemplo, el glosario colaborativo); de libre descarga y código abierto con eje en la pedagogía y en evitar rastrear información vital que dejan niños y niñas a lo largo de su desarrollo.

Gracias a Julian Assange, Edward Snowden y otros hemos perdido la ingenuidad frente al tecno-paraíso prometido, ahora sembrado de noticias falsas, manipulación, grietas y sobre-estimulación para captar atención y datos. La educación cuenta con presupuestos tentadores para estas empresas que buscan captar a los clientes del futuro. Los catalanes lo comprendieron. Esperemos que los responsables de la educación en Argentina y el resto del mundo también lo hagan.

*Esteban Magnani es licenciado en Comunicación, periodista y docente UBA y UNRaf

*Bárbara Panico licenciada en Comunicación, tecnóloga educativa UNAHUR y UNSAM

 

 

 

 

Fuente: diario Página 12

¿Quiénes son los normales en la escuela? ¿Qué es la normalidad?

Te dejamos un link para que puedas escuchar algunas ideas respecto de la «normalidad» en las instituciones escolares.

 

https://www.amdelplata.com/segmentos/57ebfbd7d04f9a18022988c2/-quienes-son-los-normales-en-una-escuela–por–claudia-rosales

 

 

La educación de alternancia permite a las comunidades rurales que sean las protagonistas de la educación de sus hijos

Poco se conoce sobre las propuestas educativas de zonas rurales, y el trabajo inmenso de docentes y equipos que se dedican a pensar con l@s chic@s alternativas para un presente y futuro mejor.

Compartimos una nota de Radio al Futuro Proa, en relación a la educación del alternancia.

Javier Prada, Presidente de la Federación de Asociaciones de Centros Educativos para la Producción Total (CEPT) dialogó con EL PROVINCIAL DE RADIO PROVINCIA DE BUENOS AIRES CON MARCELO MUCHI.

Javier Prada, Presidente de la Federación de Asociaciones de Centros Educativos para la Producción Total dialogó con EL PROVINCIAL DE RADIO PROVINCIA DE BUENOS AIRES CON MARCELO MUCHI.

Prada se refirió al trabajo en las escuelas rurales. Además a la labor que llevan adelante desde el Instituto Terciario que poseen y desde el Centro de Formación Laboraldonde dan cursos descentralizados en toda  la provincia de Buenos Aires.

Cada CEPT (Centros Educativos para la Producción Total) realiza proyectos comunitarios y en las pruebas realizadas dentro del programa “Aprender” obtuvieron resultados en algunos casos por sobre la educación convencional.

 

Implicancias en la sexualidad y estimulación temprana en chicxs con discapacidad

María Marta Castro Martín

La estimulación temprana debe reconocerse como el primer momento en que un profesional tiene oportunidad de brindar educación sexual tanto a las familias como a su paciente, ese bebe o niño con discapacidad que ingresa al consultorio a recibir su tratamiento.

En la mayoría de los casos los profesionales y los padres no imaginan que en esa sesión se estén intercambiando sensaciones corporales, emocionales que influyen en la construcción de la sexualidad e incluso en la vida sexual adulta de ese bebé. Las caricias y masajes van dando cuenta de un cuerpo que siente, que se nombra, que se percibe. Un cuerpo sexual que en algunos casos «sufrió de los cuidados intensivos», que quedó con «marcas psíquicas asociadas al dolor»

Los bebés desde la gestación «vienen hablando de su sexualidad”, son nombrados y deseados como varones o mujeres y al nacer si tiene una discapacidad esa sexualidad que se venía nombrando en un juguete que se compraría como por ejemplo una pelota, en donde estamos brindando educación sexual y diciendo algo de lo que en nuestra sociedad se espera del “ser masculino” o “de los roles de género”, o esa sexualidad nombrada en los colores, por ejemplo pitamos la cunita de rosa porque es nena, … al saber de su discapacidad  ya no es tan importante si es varón o mujer, es discapacitado y allí comienza a silenciarse su sexualidad. Se habla de neurólogos, tomografías, operaciones.

Un período importantísimo de la vida que debemos tener muy en cuenta y que abarca desde la gestación hasta los 3 años de vida, en donde el cerebro del ser humano es muy permeable a los estímulos y en el caso de tener una discapacidad o una dificultad cualquiera,  debe de recibir cuidados médicos y estimulación temprana que ayuda al desarrollo y organización neuronal y  que marcan su ser sexuado.

Una de las primeras relaciones que existen entre una mamá y su bebé es la lactancia y muchas veces ese primer vínculo que instaura una impronta hacia el apego, muchas veces queda obturado por las intervenciones de cuidados intensivos.

Todo el esfuerzo que implica llevar adelante programas de estimulación temprana es válido si podemos dar la oportunidad de que sean felices aceptando su sexualidad.

Tener en cuenta la sexualidad desde un principio es fundamental y digo la sexualidad, porque el sexo es algo con lo que nacemos, la sexualidad, el modo de vivirla es algo que vamos construyendo y la palabra tratamientos y estimulación es la que prevalece. Con un gran listado de profesionales que rodean a ese ser.

Tomemos conciencia de estimular adecuadamente ya que obtendremos respuestas

  • De crecimiento Biológico: talla, peso
  • De desarrollo intelectual. Conocimientos cognitivos y habilidades como la atención, memoria
  • De maduración afectiva. reconocimiento de emociones básicas: afecto, miedo, tristeza, alegría
  • De integración social. Lo que más se busca, y si integro, aparecen los amigos, los novios el deseo de agradar y el placer de sentir atracción sexual por otro

A veces en las familias prevalece el deseo de los avances motores, el lenguaje, luego los cognitivos y lo sexual “no se mira, no se escucha” hasta que de alguna u otra forma aparece. Muchas veces de manera disruptiva con conductas sexuales antisociales, como lo es masturbarse en la escuela de una manera pública o en una reunión familiar.

Es importante reconocer algunas expresiones de la sexualidad de niños, niñas y niñxs con discapacidad intelectual y/o neurológica:

Al nacer y hasta el año y medio

  • Reflejo de succión alterado
  • Hay necesidad de estimular la conducta del lactante
  • L a posibilidad de sentir placer no es espontanea
  • Primera relación social madre-hijo está alterada
  • Relación de apego alterada

Entre el año y medio y los 3 años

  • El control del esfínteres si bien puede lograrse manifiesta avances y retrocesos
  • La conducta de apego es ambivalente
  • Dificultades para jugar
  • Lenguaje ausente o muy pobre y estereotipado

Entre los 3 y 6 años

  • Juega y manipula sus genitales
  • Relaciones familiares ambivalentes
  • Nos e autocalifica sexualmente
  • Le cuesta comprender juegos de roles
  • Deambula sin ánimo de explorar y sin intención

 

Vivimos propiciamos la socialización e integración de las personas con discapacidad en diversos ámbitos, pensemos entonces que  van a surgir los amigos, las parejas ,los noviazgos  y que la SEXUALIDAD DIRÁ PRESENTE!!

María Marta Castro Martín

Correo de contacto: mariamartacastromartin@gmail.com  Teléfono de contacto: 011-11-66038213

 

Formación profesional

Profesora de Psicología.

Especialista en Estimulación Temprana y Adecuada.

Educadora Sexual.

Especialista en Gerontología

Especialista en Violencia Familiar.

Posgrado en Educación Sexual en Discapacidad.

Sexóloga Educativa – Acreditada por FESEA (Federación Sexológica Argentina)

 

Referente de la Red Mariposas Naranjas Buenos Aires La RED MARIPOSAS NARANJAS es Miembro adherente a la Campaña del Secretario General de ONU «Únete para poner fin a la violencia contra las mujeres» Desde el Año 2013

 

Directora de ESTÍMULOS ADECUADOS Y EDUCAR EN SEXUALIDAD www.estimulosadecuados.com.ar – http://educarensexualidad.com.ar/ Ambas entidades dedicadas a brindar capacitaciones.

Autora del E-book

SEXUALIDAD Y DISCAPACIDAD: ¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE DISCAPACIDAD Y SEXUALIDAD? Prologo: Lic. Karina Vimonte –Lic. Osvaldo Macri- Marzo del año 2013

Autora del libro “Educación para la salud sexual en personas con discapacidad y/o disfunción.

Prologo: Luis María Aller Atucha Zeit Ediciones-Agosto 2014

Convocada como sexóloga experta latinoamericana a formar parte del libro «Sexología Clínica – una visión Latinoamericana» Educación para la Salud sexual en personas con discapacidad.

Octubre del año 2014

Columnista de sexualidad y discapacidad del programa “Somos capaces” de ASDRA. Asociación argentina de síndrome de Down

Miembro Honorario de SPESH (Sociedad Paraguaya de Estudios sobre Sexualidad Humana)

Miembro de AASES (Asociación Argentina de Sexología y Educación Sexual) – Filial Buenos Aires  año 2011-2015

La Psicomotricidad en la Escuela

La Psicomotricidad en la Escuela

“Cualquier tipo de conocimiento construido tiene una

estrecha relación con la inteligencia y la afectividad,

estas últimas dependen íntimamente de la vivencia corporal y motriz”

Bernard Aucouturier

 

“¿Por qué la hora de Matemática dura una hora y la hora de “Psico” dura 2 minutos?”

“Acá si de verdad podemos cantar “Libre Soy”. Esto es Libertad”

Estas son algunas de las frases que escuchamos los psicomotricistas que tenemos el privilegio de hacer Psicomotricidad en la escuela.

 

La sala de Psicomotricidad en la escuela es un regalo para todos los que formamos parte de la comunidad educativa. Sobre todo para los nenes, que rescatan al cuerpo y al juego dentro de un ámbito que habilita poco el movimiento infantil.

El movimiento es inherente a lo infantil y nos pide a nosotros, los adultos, que también nos “movamos” de ciertos lugares que ya no cobijan ni escuchan a los niños de hoy.

Pensar lo infantil hoy, nos convoca a pensar en cuerpo, tiempo y espacio, investidos de vivencias, de relaciones y de encuentros. También de desencuentros…

Es un tiempo y un espacio que permite al niño y la niña decir-se, contar-se y jugar-se para transformar-se e ir construyendo su subjetividad y su identidad con otros y entre otros.

Movimiento y juego. Es  necesidad y  derecho de la Infancia.

Desde la construcción teórica esto es un escenario que permitiría una escucha y una mirada atenta al despliegue de lo infantil.

Hace 20 años que hago P.P.A. (Práctica Psicomotriz Aucouturier) y lo digo con la mas firme certeza de que lo que sucede en la “Sala de Psico” se traslada y se expande x todos los rincones de la escuela.

La Psicomotricidad no es una técnica, es una manera de mirar, escuchar y acompañar al niño, con absoluto respeto por sus tiempos y construcciones individuales del desarrollo.

Una institución educativa que ofrece esta posibilidad, es una escuela resiliente que mira y respeta la infancia, que favorece el decir, la escucha y que transforma.

“Desde acá arriba veo un mundo diferente y veo que en la sala de Psico pasan muchas cosas. Pero muchas cosas, no es cualquier cosa” dijo con “sabiduría” Mateo de 5 años desde arriba del espaldar. (Espaldar: escalera que va a la pared en los gimnasios).

De eso se trata ser psicomotricista. Jugamos, proponemos, provocamos, habilitamos en un dispositivo espacial -temporal determinado y acompañamos lo que ahí acontece. El material está pensado para favorecer la construcción subjetiva y simbólica que responde al desarrollo. Los psicomotricistas tenemos un marco teórico que nos sostiene y nos permite leer el movimiento y el juego del niño favoreciendo su itinerario de maduración que hace un recorrido que va del “Placer de actuar, al placer de pensar, del Acto al Pensamiento” (Wallon).

La .P.P.A. propone un tiempo y espacio para el juego espontáneo en el que el niño se dice, se escucha, resignifica sus vivencias y se transforma. No es terapia pero en definitiva, resulta terapéutico.

“La Psicomotricidad es mágica porque acá tengo muchos poderes. Podés ser lo que quieras.” Dijo Benja tirando rayos congeladores.

Yo quiero tener un bebé- dijo Facu.

-No podés. Sos varón- respondió lógicamente Paula. El la miró, levantó su hombro y dijo: – ¿Por qué? si esto es juego! – Y así me convertí en la partera del bebe de Facu.

Jugar es subvertir, es hacer posible lo imposible. Es la omnipotencia de la que hablaba Winnicott. Ésta aparece, se impone,  domina miedos, sombras, vivencias traumáticas y las transforma. Podemos destruir, congelar, atrapar y hacer desaparecer a lobos, brujas, ogros y monstruos. Podemos ser médicos, arquitectos, bomberos, policías, ladrones y todo lo que el deseo pida. Hay nacimientos, casamientos. Es la sala donde todo es posible.

Se construyen vínculos, se producen encuentros y desencuentros que favorecen la construcción de un Yo más seguro y autónomo. El niño se va descentrando de sus propias emociones, se pone en el lugar del otro y así, queda más disponible para que el aprendizaje suceda.

Es un espacio de placer. Y el placer abre. Abre a la comunicación, a la creación y a la construcción subjetiva y a los encuentros.

La Psicomotricidad en la escuela le otorga un lugar de privilegio al cuerpo del niño y la niña, y al movimiento como expresión del psiquismo. Transforma en un “hacer significativo” aquello que pareciera no tener sentido.  Es necesario pensar a lo corporal, como un lenguaje que integra las áreas motriz cognitiva y afectiva donde a través de su cuerpo el Ser desarrolla su personalidad y su estilo peculiar de relacionarse con los otros y con el mundo que lo rodea.

El cuerpo no miente.

Los nenes saben que la “Sala de Psico” es un lugar seguro donde encontrarse. Con ellos y con otros. Y con todas sus posibilidades.

“Chicos!! ¿qué tal si dejamos todo esto así y la próxima vez seguimos construyendo nuestros sueños?” dijo Juan apilando bloques.

Así, la escuela se transforma en un lugar de escucha, de placer, de encuentro, de exploración, donde poder Hacer.  Un Hacer transformador, que a partir de las producciones corporales dadas en un aquí y ahora,  modifica sustancialmente el vínculo que establece con esos otros, a la vez que se modifica él mismo, en permanente aprendizaje.

 

Y así vamos transitando y habitando la escuela, la infancia, los encuentros y construyendo subjetividades posibles y poderosas. Todos pueden aprender. Todos aprendemos …

María Delia D’Anna

Profesora para enseñar primaria

Profesora en preescolar
Lic. en Psicomotricidad
Especialista en atención temprana del desarrollo
Diplomada en pedagogía
Con experiencia en diferentes ámbitos y niveles de la educación

 

Igualdad de género, medio ambiente y educación, las prioridades del voto joven

Cuando nos preguntamos qué pasa que las cosas no mejoran, hay muchas interpretaciones posibles. Pero no hay duda de que una de ellas es que l@s jóvenes no son escuchad@s, ni reconocid@s socialmente como deberían. Y si hablamos de política pública para jóvenes, encontramos que son las menos. Y casi inexistentes los programas para jóvenes en situación de vulnerabilidad que les permitan creer en ell@s mism@s y en tener un proyecto personal. Pero ell@s también deberian marcar agenda, siempre, porque son los que pueden tener respuestas a las problemáticas que l@s adult@s hoy no podemos resolver.

Según las cifras de la Cámara Nacional Electoral, 972.000 jóvenes estaban habilitados para votar el domingo pasado, representando el 2,8% del padrón electoral. Reproducimos abajo parte de una nota que publicó al respecto el diario La Nación  el mismo día de los comicios.

Por: Alejandro Horvat

«No me representan» es la frase que más se repite. Los jóvenes de 16 y 17 años que hoy votan por primera vez, en su gran mayoría, dicen no encontrar un partido político que les resulte creíble o que impulse la agenda que ellos consideran prioritaria: es decir, una vinculada a la educación, el medio ambiente y la igualdad de género. «Si nosotros somos el futuro, deberían escucharnos más. Los políticos deberían estar atentos a las cuestiones que nos preocupan, como la educación y el medio ambiente», dijo Candela Sapoznik de 17 años.

 Según los testimonios que recopiló el diario LA NACION, entienden que es necesario enderezar la economía, pero ponderan las cuestiones sociales en el orden de prioridades.

«Siento que voy a votar al menos malo. Del partido que más me atrae siento que me interesa la agenda social que presentan y el modelo económico que proponen me parece más justo y equitativo. La salud, la seguridad, la educación, el ambiente, son todos temas críticos. Yo, por ejemplo, trato de generar la menor cantidad de residuos posible. De hecho, no como golosinas u otras cosas para no tirar el envoltorio al tacho. Esto es parte de un desafío que propuso un instagrammer que lo llamó Cero Waste», dijo Sapoznik.

Julián Marquis, de 17 años, dice que ya tiene decidido su voto. «En la última semana, donde uno más siente que tiene que tomar una decisión, hablé con chicos del colegio y luego de pensar bastante descarté la posibilidad de votar en blanco, pero tampoco me representa ningún candidato, ni ninguna postura como para decir que me siento identificado», explicó.
Según las cifras de la Cámara Nacional Electoral, 972.000 jóvenes están habilitados para votar hoy en las PASO. Representan el 2,8% del padrón electoral. Según los testimonios que recopiló LA NACION, entienden que es necesario enderezar la economía pero ponderan las cuestiones sociales en el orden d
Foto: Mauro V. Rizzi

«Hoy en día el estado de la economía nos afecta a todos en la Argentina, pero también hay que evaluar qué vamos a hacer con la educación, con la igualdad de género, con el medio ambiente, que esto último tal vez no es algo que esté en el centro del debate. Creo que tiene que tener más protagonismo, al igual que la educación. La verdad que, en general, hubo pocas propuestas. Los candidatos sobre todo se enfocan en decir que no se parecen a sus contrincantes en vez de enfocarse en proponer», agregó Marquis.

Uno de los temas que consideran centrales es la lucha de las mujeres por la ampliación de sus derechos. El feminismo y el debate por la legalización del aborto fue el eje de campaña de algunos candidatos que se mostraban a favor o en contra, y utilizaron esta temática para captar votos. Sobre esta cuestión, los jóvenes consultados por LA NACION creen que, si bien un partido político no debe adueñarse de los reclamos que le pertenecen a la sociedad en general, prefieren que la agenda vinculada al debate sobre cuestiones de género esté presente en la campaña, aunque descreen que muchos partidos estén realmente comprometidos con esas temáticas.

«No está bueno que se banalice el feminismo y se use para sacar votos. Pero por otro lado, está bueno que el tema esté presente, más allá de las intenciones reales de cada candidato. Prefiero que impulsen ideas feministas, aunque sea por interés propio, a que no lo hagan y no tengan presente esta lucha», afirmó Martina Ebram, de 17 años.

El feminismo e igualdad de género, uno de los temas centrales para los jóvenes
Foto: Florencia Daniel

«Todo es política. Es muy difícil desligar estos temas de la política, pero no me gusta cuando los partidos usan estas banderas sin estar de verdad comprometidos. Aunque sí está bueno que los partidos políticos tomen posturas y hablen de si están a favor o en contra del aborto, por ejemplo», entiende Paula Wischnevsky, de 17 años.

Cuando se les consultó cómo suelen informarse, en todos los casos la primera respuesta fue que a través de las redes sociales. Estas son, muchas veces, la puerta de entrada para llegar a los medios masivos de comunicación o hacia portales web de menor alcance. También aprovechan las redes para intercambiar opiniones.

«Me informo por las redes, por la gente que conozco, busco las propuestas de los partidos. También leo diarios, pero muy poco sobre política. Cuando los leo, las noticias que me interesan suelen estar más relacionadas a cuestiones sociales», cuenta Ebram.

«Me informo mucho a través de redes porque siento que ahí podes ver qué opina la gente sobre ciertos temas. En la escuela también tengo la oportunidad de informarme y conocer propuestas. También leo medios grandes y después uno ve que hace con esa información», dice Marquis.

De este modo, muchos de esos miles de jóvenes de 16 y 17 años que irán hoy a votar elegirán entre candidatos que, para ellos, están lejos de encarnar una figura que los atrape y los motive a creer en el sistema político tradicional.