CUENTO MOTOR

Recuerdo cuando era niño, junto a mis primos, solíamos reunirnos en el patio de mi abuelo al terminar de jugar. Ta Juan Bono, como le decían los adultos, nos contaba historias de nahuales de la región, aunque para regresar a casa tuviera miedo después de oír la historia del día, siempre volvía por más. Pensándolo bien, ahí tuve mis primeros acercamientos con la narración y con los cuentos.

La educación física, de manera general, busca el desarrollo integral del niño, en diferentes etapas, para alcanzar la corporeidad. En el área cognitiva, la imaginación y creatividad ocupan una gran parte en la etapa preescolar, los niños viven en un mundo de fantasía y nuestro deber es entrar en él y no lo contrario. Los infantes disfrutan de los cuentos, aquellos que los motiva a imaginar, a viajar a otros mundos. ¿Pero qué pasaría si ellos pudieran ser partícipes directos de estas historias?, volverse los protagonistas y “vivir” el cuento.

Es ahí donde aparecen los cuentos motores, una útil estrategia que se puede implementar en las sesiones de educación física, para alcanzar muchos propósitos. Los cuentos motores generan confianza, fomentan la colaboración en equipo, desarrollan las habilidades cognitivas al crear estrategias para resolver situaciones que se van presentando en el desarrollo de la historia y, lógicamente, estimulan y desarrollan las habilidades motrices básicas en los niños, entre otras cosas.

Les comparto el siguiente cuento motor. ¿Qué necesito?, una crayola para marcar y, sobre todo, mucha imaginación.

 

DE VUELTA A CASA

La actividad iniciará con la siguiente narración: La tortuga Huga, necesita llegar a casa antes de que oscurezca, ya que salió desde muy temprano, pero por ser muy distraída, no se dio cuenta de que se había alejado mucho de su estanque. Para mala fortuna de Huga no puede regresar por el camino fácil ya que, al caer el sol, los lobos rondan en busca de comida, y ella quiere evitar ser el menú de esa noche.

Después de mucho pensar, elige un camino y parte rumbo a casa, ¡ACOMPAÑEMOS A NUESTRA AMIGA EN ESTA AVENTURA! (comienzan a caminar lentamente)

Como sabemos, Las tortugas no son precisamente las más veloces del bosque, por lo tanto, nuestra amiga recordando que traía consigo su juguete saltarín, regalo de la abuela en su cumpleaños pasado, se montó en él, y comenzó a saltar. (posición de puños cerrados y brazos extendidos al frente, comenzar a desplazarse saltando con los pies juntos)

Al llegar a una parte del bosque, se dio cuenta de que no podía continuar con su saltarín, ya que, para su mala suerte, el volcán del bosque, ese día decidió despertar y comenzó a erupcionar, y parte la de lava cayeron en el camino, así que Huga debía cruzar saltando y cayendo en algunas rocas que se encontraban en el suelo.

Tomó impulso, respiró profundamente varias veces y comenzó a saltar cayendo en la primera roca sobre un pie, y el otro pie cayó en la siguiente roca, hasta lograr pasar.  (saltar sobre el trazo en el suelo alternando las piernas).

Ha sido un gran esfuerzo, pero lo logró y contenta cantó “Lo hicimos muy bien, lo hicimos muy bien, para parapa pa, ¡Jey!”. Para continuar su camino, tenía que atravesar por el terreno del señor Cirilo; un mono que había trabajado en el circo en sus años de juventud y al que le encantaban los retos. Y Huga tuvo que hacer lo que él pedía. El reto consistía en atravesar el rio; tarea fácil para una tortuga pensó Huga, pero antes de que se pudiera alegrar, Cirilo, que era muy listo, le dio la orden de pasar, pero colocando unos postes sobre el cauce, en filas dos a la derecha y adelante dos a la izquierda, a manera de que Huga solo tendría que saltar en un pie en los primeros postes y cambiar de pie para saltar  y así de manera consecutiva. (deberán saltar 2 veces hacia adelante con la pierna derecha y cambiar con la pierna izquierda y continuar con la pierna derecha  y nuevamente con izquierda para terminar con derecha)

¡Reto cumplido! Huga saltaba de emoción y Cirilo no salía de su asombro, ante la destreza de la tortuga. Aunque había sido una tarea fácil, la tortuga había terminado cansada; pero recordó que su maestro de educación física Paco el pavo real, le había dicho que era muy importante tener una buena respiración para recuperarse después de una actividad, así que infló su pecho como el pavo real (INFLAR EL PECHO) jalando mucho aire por la nariz y sacándola por la boca.

El sol ya estaba por ocultarse, Huga debe apresurarse si no quería  encontrarse con los lobos, continúa el recorrido y llegando a un extremo, se encontraba una gran muralla hecha de enredaderas y debía  pasar por un pequeño orificio, por lo cual se tenía que colocar de rodillas para lograr atravesar al otro lado, pero de repente escucha a lo lejos, el aullido del lobo. ( ¿me pueden ayudar aullando como los lobos?)

Tuga al escuchar los aullidos, rápidamente se acomodó para cruzar, y escuchó a los lobos más de cerca, no tuvo tiempo de colocar bien las 2 rodillas, y con una rodilla de apoyo, salió disparada hacia el otro extremo, y continúo su loca carrera olvidándose que era tortuga, y en ese momento parecía una liebre. (corriendo a máxima velocidad)

Los lobos la vieron y comenzaron a seguirla, uno a uno iban entrando por el agujero intentando darle alcance.

Iba la tortuga corriendo a más no poder, parecía que la suerte no estaba de su lado, porque el otro lado del camino, era muy estrecho, y rodeado completamente de espinas, de un lado y del otro. Por lo tanto, ella solo debía correr sobre ese pequeño espacio, y así lo hizo; los lobos ya habían cruzado la muralla y la tenían en la mira. Tuga corría lo más que podía, había partes del camino en que las ramas de las espinas atravesaban completamente el camino, por lo cual, ella debía saltar para evitar tocar alguna de ellas y continuar corriendo. En total fueron 10 veces las que evitó aquellas espinas atravesadas a medio camino. Los lobos la seguían de cerca, Y ya se imaginaban el banquete que se darían esa noche, cuando pensaron que ya la tenían, Tuga llegó a la laguna y se metió en ella, evitando así ser atrapada por aquellos hambrientos cazadores. Más de un lobo cayó al agua y así como entraron salieron aullando despavoridos, ya que como todos sabemos, a los lobos, no les gusta bañarse.

Tuga estaba demasiado cansada, sentía que el caparazón se le salía.  Y comenzó a respirar profundamente, inhalaba y exhalaba. Justo en ese momento escuchó la voz de su mamá que la llamaba a cenar – ¿En dónde te has metido Tuga? – le dijo su mamá, a lo que Tuga le contestó- No hay mucho que contar mamá, fue una tarde normal, ¿pero sabés? A partir de mañana me inscribiré al club de atletismo del señor conejo.

FIN.

Lobo Lobito

Colectivo Diidxa Xcuidi

(La voz del niño)

 

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