El idioma del cuerpo

 

Estás de visita en Alemania, la cuna de las escuelas Waldorf. Buscás cuál es la más cercana al lugar donde estás parando. Llegás hasta esa dirección. Te encontrás con un edificio enorme. Y entonces, sin prisa, pero sin pausa y casi a puntas de pie, intentás entrar. Primera puerta: abierta. Segunda puerta: abierta. Ya estás dentro. ¿Y ahora? Justo en ese momento sale un señor con un grupo de chicos, con su maestro. Me mira y me pregunta, en inglés, si necesito algo. Le cuento, también en inglés, que “soy maestra en Argentina y quiero conocer cómo son las escuelas Waldorf en Alemania”. Me lleva a recorrer la escuela, me muestra el parque, un aula, la dirección, la sala de música, adornos, muñecas sin rasgos definidos.

La charla, casi una entrevista, gira en torno a sus alumnos. Me cuenta que son de diferentes países y que, la mayoría son refugiados. Diversas nacionalidades, diversas culturas, diversos idiomas. Entonces, cómo se entienden. El idioma del cuerpo, me dice, es universal. Y, por lo que vengo viendo, la sonrisa les es común a todos ellos y todas ellas.


Me voy, sonriendo también y repensando mis propios modos de enseñar y aprender. Especialmente reviendo la noción de heterogeneidad tan en boga en estos tiempos en nuestro país.

La pedagogía Waldorf se basa en el conocimiento profundo de las necesidades del niño y en la búsqueda de una educación centrada en la espiritualidad, el arte, la creatividad y la libertad con responsabilidad.
La pedagogía Waldorf tuvo su origen en el año 1919, de la mano del filósofo alemán Rudolf Steiner y se fundamenta en una concepción del ser humano basada en la Antroposofía (ciencia del hombre)

 

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