Entrevista a Carlos Skliar

CARLOS SKLIAR

Por Luciana Malamud

 

Habla pausado. Recuerda que no es especialista en educación, aunque lleva años trabajando en el área, con numerosos escritos publicados. Reconocido por su trayectoria en educación especial, Carlos Skliar coordina el área de Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y habla desde una mirada filosófica sobre el largo trayecto que falta recorrer hacia la inclusión en nuestro país.

Consultado por la ONU acerca del derecho a la educación de personas con discapacidad, Skliar pone la lupa sobre el abismo que todavía existe entre el discurso pedagógico y la vida real en las escuelas del mundo, en la necesidad de reemplazar el peso de las leyes por el lenguaje de la ética, y sostiene que la capacitación no lo es todo.

“Los modos de solucionar ese abismo entre el discurso pedagógico y el de la vida escolar hasta ahora son irreales y hay que pensarlos de otra manera”, reflexiona,

“Primero es necesario entender cómo están construidas las leyes, a propósito de la necesidad de inclusión y reafirmación de derechos, porque parecen impecables, pero en realidad ya no dicen casi nada. Luego preguntarse qué recursos hay para hacer efectiva una ley. Hubo muchísimo dinero en las algunas décadas pasadas, pero puesto al servicio de una idea de capacitación que hay que revisar de punta a punta. Es indispensable salir del lenguaje jurídico y reemplazarlo por el lenguaje de la ética. Y está claro que con la capacitación sola no basta. También comprobé que el porcentaje de la población con discapacidad incluida en las escuelas es sólo del 5% en América Latina. En Argentina quizás un 10%.  Y, por último, vi que casi no había proyectos de seguimiento de la población con discapacidad en las instituciones escolares, salvo en Costa Rica, y alguno en Cuba. Entonces hay una legislación fantástica, la financiación equivocada, poquísimos sujetos incluidos, y nada de acompañamiento. Latinoamérica está al nivel del África en este sentido.”

En tu análisis hablás de una gran falta de información, como si no hubiera una verdadera dimensión del problema.

La mayoría de los países no tienen información sobre esta población. En Argentina tampoco. Son poblaciones inútiles desde el punto de vista de la productividad, o son invisibilizadas, o no tienen vos propia. Hay información del porcentaje de incluidos pero no de la deserción, como si la responsabilidad de la escuela terminara con la incorporación del alumno. La discusión es dónde deberían estar estos niños, cuál debería ser la estructura de las instituciones, y cómo buscar un equilibrio entre educar a “cualquiera” pensándolo como “cada uno”. Hay leyes y comunidades que se obsesionan con determinados tipos de sujetos y se olvidan de que en todos hay un cualquiera y un cada uno. Encontrar un equilibrio es el difícil arte de educar.

Las reformas educativas lo plantearon de otra forma: los maestros han sido formados para enseñarle a todos lo mismo y ahora deben enseñar a cada uno cosas diferentes. Para mí esto es impensable mientras se intente salir de una idea de lo común hacia una de lo específico pensándolo como una contradicción. Hay momentos en que hay que enseñarles a todos lo mismo, y otros en que hay que enseñar a cada uno algo diferente.

¿Están bien preparados los docentes para enseñar en el contexto actual?

La pedagogía es un saber basado en las relaciones, no un saber de anticipación. Lo primero es estar en relación con ese o esos otros de donde saldrán saberes pedagógicos Si prepararse significa estar fuera de esa relación, nadie nunca estará preparado para ese encuentro.

También hubo un exceso de preparación en el sentido de crear discursos racionales sobre ciertas poblaciones, y esto creó mayor alejamiento entre pedagogos y comunidad. ¿Pero tengo que saber todo acerca de los locos para relacionarme con ellos desde lo pedagógico? No. Lo que pasa es que primero se inventa un discurso sobre algo, la locura o la discapacidad, y luego se intenta que los sujetos coincidan con ese discurso. Lo mismo pasa con la infancia, se supone que primero hay que saber todo sobre los niños y luego viene la relación con ellos. Quizás lo mejor sería relacionarme con los niños para entender cómo funcionan los dispositivos de saber sobre la infancia. El problema es que no resistimos la diferencia y nos queremos preparar para domesticarla, disminuir los efectos del extrañamiento inicial.

Mi pregunta central es, ¿el pedagogo es el que sabe hablar sobre la violencia o el que debe saber conversar con los violentos? Creo que estamos equivocando algunos caminos al decir que un pedagogo debe especializarse en un tema cuando en realidad debe habilitarse a conversar con otro, porque si no, no hay relación, y por lo tanto, no hay saber. La relación pedagógica es una conversación que habilitará un saber. Y suele pasar al revés. El docente se asusta de la presencia de otros y exige preparación previa.

De todas formas, algunas personas tienen facilidad para esa conversación y luego le suman los saberes pedagógicos, pero hay otros que no tienen esa facilidad y entonces piden más herramientas.

Totalmente. Lo que encontré en muchos casos es que al decir “no estoy preparado” significa en realidad que no tuvieron oportunidad de relacionarse con ese sujeto diferente, y entonces no saben cómo reaccionarían frente a su presencia. Otros dicen entre líneas “no estoy disponible”. Y otros, “me siento responsable, no tuve oportunidad, pero tampoco estoy disponible”, o “no es mi rol”. Hay una diferencia.

También hay que ver la situación laboral de los docentes: los salarios, la infraestructura, los tiempos.

Hablás en uno de tus escritos sobre el derecho de los chicos a opinar en las políticas educativas. ¿Es posible en el caso de la educación especial?

No me cabe la idea de que alguien no puede opinar, sí creo que hay una enorme dificultad para escuchar. Esto también es una necesidad de los docentes, y para eso se necesita tiempo. No es sólo recibir el mensaje sino poder pensar qué hacer con eso. Yo viví en Brasil y pude ver cómo en una escuela donde iban chicos con autismo severo, se hacían asambleas con alumnos para ver qué hacían con la escuela. Así que es crucial que los niños se defiendan de nuestro excesivo cuidado y que puedan pensar sobre su educación.

¿Podemos hablar específicamente de la educación especial?

El sistema educativo debería contemplar tipos institucionales diferentes. Es decir, un chico es alumno de su provincia, y el sistema debe ser lo suficientemente permeable para en su recorrido escolar, tenga la posibilidad de encontrar diferentes proyectos institucionales, así sabríamos qué comunidad educativa podría acoger al niño en cada ciclo de la mejor manera.

¿Cómo es la situación en Argentina?

Hay una propuesta de inclusión, está la ley federal, pero veo un movimiento ambiguo porque como pasó en otros lugares del mundo, los proyectos parecen estar en manos de la gente de educación especial. Y hasta que no se conmueva al sistema de enseñanza común, no ocurrirá ningún avance interesante. Yo no veo que acá la escuela esté preocupada por este asunto.

¿Y cómo se hace para conmover al sistema general de educación?

Realmente no lo sé. Creo que hay algo previo que es un cierto funcionamiento social pre institucional, que es cuánto importa esto a la sociedad en su conjunto… En los países donde esto se movilizó de alguna manera, fue desde las campañas, de los medios como responsables de ciertas imágenes…Lo que hizo Tinelli con los enanos, exponiéndolos y ridiculizándolos, destruye cien años de intenciones de encuentro con ellos, por ejemplo. Creo que una política de medios es el mejor eje transformador. Me tocó ver en Italia y España cómo los medios se vuelcan a dar naturalidad a esta cuestión en lugar de establecer a los grupos inferiorizados ligados a los exótico o bizarro. Pero esto tiene que ir junto a una política de la fraternidad social, tiene que haber otra conversación.

Es necesario provocar actitudes de hospitalidad en las escuelas hacia esta población, pero el cambio supone un movimiento demasiado amplio como para querer hacerlo sólo dentro de la escuela. Pienso en otros modos de convivencia más universales que particulares. Más que de inclusión hay que responder todavía al interrogante de qué significa estar juntos en las instituciones educativas. Es como si las escuelas prefiriesen evitar el conflicto de la presencia de otros.

2 comentarios
  1. María Isabel Estrada Estrada
    María Isabel Estrada Estrada Dice:

    Exacto ….tengo la virtud de ser madre de un adolescente con múltiples discapacidades pero la peor discapacidad es la que viene por parte de la sociedad que no se centra en dar la oportunidad y se centra en sus etiquetas.Pero su perseverancia y nuestro apoyo como familia ha sido lo fundamental en su desarrollo y que él sepa exigir sus derechos además.
    Pero como docente percibo todo lo que se expone anteriormente y no me canso de repetir el apoyo principal es para la familia que no sabe aceptar el nuevo camino que le tocó recorrer sino se parte de ahí nunca llegaremos a un buen destino.
    Los alumnos son diversos y con sueños igual que todos .

  2. Claudia Rosales
    Claudia Rosales Dice:

    Gracias por tu participación y por tu testimonio, María Isabel.
    Tenemos tanto por respensar y hacer en la escuela!!!!

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