Escuelita en Fez, Marruecos

Marruecos Fez, Ciudad Amurallada. Un lugar muy diferente al que vivo, una cultura que me cuesta comprender.
Ciudad increíble, bella, exótica.

La descubro paso a paso junto a un grupo de turistas que, como yo, no puede (ni quiere) salir de su asombro. Caminen juntos, nos dicen. Tengan cuidado, nos advierten. La Medina es extraña, calles curvas, burros y asnos con cargas sobre sus lomos que pueden lastimarte si no te corrés rápido hacia un costado al grito del guía.

Puertas y más puertas, una al lado de la otra. Intriga total.

Y, de repente, se abre una. Miro hacia adentro y tengo una imagen que jamás olvidaré (por suerte). Pregunto qué es y el guía, muy tranquilo me dice: Una escuela.
De ahí en más las acciones se reproducen con rapidez. Me veo en el aula con niños y niñas pequeñitos, con un docente observándome. Hablan francés ya que Marruecos fue protectorado de Francia. Sé muy poco de ese idioma entonces para captar la atención de los niñ@s y poder comunicarme acudí a una canción que “desentoné” con un pésimo acento y profunda emoción:

Frère Jacques, Frère Jacques,
Dormez-vous? Dormez-vous?
Sonnez les matines! Sonnez les matines!
Ding, dang, dong. Ding, dang, dongEl grupo de chicos y su profesor cantaron conmigo y me compartieron otra canción.
Pregunté por un niño que estaba sentado solo y me dijeron que se había portado mal y le tocaba penitencia.

Todo sucedió entre 5 y 10 minutos.
Aún los recuerdo.
Fue hace más de 10 años.
Felicidades que guardo en mi corazón.

 

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