La Psicomotricidad en la Escuela

La Psicomotricidad en la Escuela

“Cualquier tipo de conocimiento construido tiene una

estrecha relación con la inteligencia y la afectividad,

estas últimas dependen íntimamente de la vivencia corporal y motriz”

Bernard Aucouturier

 

“¿Por qué la hora de Matemática dura una hora y la hora de “Psico” dura 2 minutos?”

“Acá si de verdad podemos cantar “Libre Soy”. Esto es Libertad”

Estas son algunas de las frases que escuchamos los psicomotricistas que tenemos el privilegio de hacer Psicomotricidad en la escuela.

 

La sala de Psicomotricidad en la escuela es un regalo para todos los que formamos parte de la comunidad educativa. Sobre todo para los nenes, que rescatan al cuerpo y al juego dentro de un ámbito que habilita poco el movimiento infantil.

El movimiento es inherente a lo infantil y nos pide a nosotros, los adultos, que también nos “movamos” de ciertos lugares que ya no cobijan ni escuchan a los niños de hoy.

Pensar lo infantil hoy, nos convoca a pensar en cuerpo, tiempo y espacio, investidos de vivencias, de relaciones y de encuentros. También de desencuentros…

Es un tiempo y un espacio que permite al niño y la niña decir-se, contar-se y jugar-se para transformar-se e ir construyendo su subjetividad y su identidad con otros y entre otros.

Movimiento y juego. Es  necesidad y  derecho de la Infancia.

Desde la construcción teórica esto es un escenario que permitiría una escucha y una mirada atenta al despliegue de lo infantil.

Hace 20 años que hago P.P.A. (Práctica Psicomotriz Aucouturier) y lo digo con la mas firme certeza de que lo que sucede en la “Sala de Psico” se traslada y se expande x todos los rincones de la escuela.

La Psicomotricidad no es una técnica, es una manera de mirar, escuchar y acompañar al niño, con absoluto respeto por sus tiempos y construcciones individuales del desarrollo.

Una institución educativa que ofrece esta posibilidad, es una escuela resiliente que mira y respeta la infancia, que favorece el decir, la escucha y que transforma.

“Desde acá arriba veo un mundo diferente y veo que en la sala de Psico pasan muchas cosas. Pero muchas cosas, no es cualquier cosa” dijo con “sabiduría” Mateo de 5 años desde arriba del espaldar. (Espaldar: escalera que va a la pared en los gimnasios).

De eso se trata ser psicomotricista. Jugamos, proponemos, provocamos, habilitamos en un dispositivo espacial -temporal determinado y acompañamos lo que ahí acontece. El material está pensado para favorecer la construcción subjetiva y simbólica que responde al desarrollo. Los psicomotricistas tenemos un marco teórico que nos sostiene y nos permite leer el movimiento y el juego del niño favoreciendo su itinerario de maduración que hace un recorrido que va del “Placer de actuar, al placer de pensar, del Acto al Pensamiento” (Wallon).

La .P.P.A. propone un tiempo y espacio para el juego espontáneo en el que el niño se dice, se escucha, resignifica sus vivencias y se transforma. No es terapia pero en definitiva, resulta terapéutico.

“La Psicomotricidad es mágica porque acá tengo muchos poderes. Podés ser lo que quieras.” Dijo Benja tirando rayos congeladores.

Yo quiero tener un bebé- dijo Facu.

-No podés. Sos varón- respondió lógicamente Paula. El la miró, levantó su hombro y dijo: – ¿Por qué? si esto es juego! – Y así me convertí en la partera del bebe de Facu.

Jugar es subvertir, es hacer posible lo imposible. Es la omnipotencia de la que hablaba Winnicott. Ésta aparece, se impone,  domina miedos, sombras, vivencias traumáticas y las transforma. Podemos destruir, congelar, atrapar y hacer desaparecer a lobos, brujas, ogros y monstruos. Podemos ser médicos, arquitectos, bomberos, policías, ladrones y todo lo que el deseo pida. Hay nacimientos, casamientos. Es la sala donde todo es posible.

Se construyen vínculos, se producen encuentros y desencuentros que favorecen la construcción de un Yo más seguro y autónomo. El niño se va descentrando de sus propias emociones, se pone en el lugar del otro y así, queda más disponible para que el aprendizaje suceda.

Es un espacio de placer. Y el placer abre. Abre a la comunicación, a la creación y a la construcción subjetiva y a los encuentros.

La Psicomotricidad en la escuela le otorga un lugar de privilegio al cuerpo del niño y la niña, y al movimiento como expresión del psiquismo. Transforma en un “hacer significativo” aquello que pareciera no tener sentido.  Es necesario pensar a lo corporal, como un lenguaje que integra las áreas motriz cognitiva y afectiva donde a través de su cuerpo el Ser desarrolla su personalidad y su estilo peculiar de relacionarse con los otros y con el mundo que lo rodea.

El cuerpo no miente.

Los nenes saben que la “Sala de Psico” es un lugar seguro donde encontrarse. Con ellos y con otros. Y con todas sus posibilidades.

“Chicos!! ¿qué tal si dejamos todo esto así y la próxima vez seguimos construyendo nuestros sueños?” dijo Juan apilando bloques.

Así, la escuela se transforma en un lugar de escucha, de placer, de encuentro, de exploración, donde poder Hacer.  Un Hacer transformador, que a partir de las producciones corporales dadas en un aquí y ahora,  modifica sustancialmente el vínculo que establece con esos otros, a la vez que se modifica él mismo, en permanente aprendizaje.

 

Y así vamos transitando y habitando la escuela, la infancia, los encuentros y construyendo subjetividades posibles y poderosas. Todos pueden aprender. Todos aprendemos …

María Delia D’Anna

Profesora para enseñar primaria

Profesora en preescolar
Lic. en Psicomotricidad
Especialista en atención temprana del desarrollo
Diplomada en pedagogía
Con experiencia en diferentes ámbitos y niveles de la educación

 

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