Nosotros, los maestros

Los maestros oscilamos entre ser los salvadores o los peores del mundo. Pero, así nos ven y así nos muestran los medios de comunicación.
Exagero un poco, tal vez. Lo hago para graficar este gran abanico que es la docencia; el gran abanico donde el común de la gente nos pone.
¿Y quiénes somos los maestros?
Somos esos que vamos todas las mañanas con nuestras vidas a cuestas a la escuela a dar aquello que tenemos y somos los que nos empapamos de otras vidas, de modos de aprender, de nuevas ideas.
Nos empapamos de esos pequeños, medianos o grandes que van a la escuela a poner sus ideas, sus saberes, sus ganas de aprender.
Nos han dicho que somos “la segunda mamá”, “el único sostén emocional”, “el/ la que siempre acompaña” y tanto más.
¿Somos distintos? ¿Somos distintas?
Somos los que miramos a los ojos para transmitir emoción, somos los que tenemos una palabra de acompañamiento, los que buscamos una solución a los problemas que van sucediendo, somos los que pensamos mil maneras de enseñar para acomodarnos a nuestros estudiantes.
No vamos a salvar el mundo en cada uno de nuestros actos y nuestras enseñanzas; lo que sí hacemos diariamente es tratar de mejorar los mundos de nuestros alumnos.
Es así, día a día, paso a paso.
Somos los que trabajamos para posicionar en un mejor lugar a nuestros alumnos.
Cada día, a cada momento.
Somos los que nos comprometemos en la autoestima de nuestros estudiantes.
En cada acción, en cada oportunidad.
Somos, simplemente, esas personas que estudiamos para ser docentes.
Y finalmente, somos los que recibimos los abrazos, la ternura, la palabra de pedido de ayuda y el cariño infinito de nuestros alumnos.

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