Reflexionando sobre los docentes en el Jardín Maternal

El Jardín Maternal surge como una respuesta social frente a la necesidad laboral de los padres, quienes precisan contar con espacios institucionales que los acompañen en la tarea de criar a sus hijos e hijas. Los ámbitos de crianza de la niñez dejaron de ser privativos de la familia para ser compartidos, cada vez más, con otras instituciones. Instituciones maternales que, si bien guardan similitudes con otras también pertenecientes al Nivel Inicial y dedicadas a niños de más edad, tienen marcadas diferencias.

Por un lado, las vinculadas con la edad de los niños (45 días a 2 años), donde la construcción de la subjetividad es un pilar fundamental que acompaña toda la tarea. Construcción que comienza desde el momento del nacimiento y que se irá conformando para constituir la estructura yoica de cada sujeto.

Por otra parte, y es aquí donde quisiera centrarme, los aspectos relacionados con la labor docente son diferentes. Aquí la maestra tiene necesariamente que compartir su tarea con colegas, dado que en las salas coexisten tres, cuatro o más maestras simultáneamente. Las planificaciones, las actividades, la responsabilidad de la higiene de niños y niñas, los seguimientos evolutivos, las evaluaciones, todo debe, necesariamente, compartirse. Lo cual no siempre resulta simple. Tengamos en cuenta que, es en el espacio aula donde se produce el encuentro de subjetividades que se deben acomodar a un quehacer y pensar compartido. Aquí se torna como un lema indiscutido “lo que nos convoca es la tarea, el rol de ser docentes”.

En todo ámbito, la convivencia, trae aparejado la probabilidad de conflictos; y más aún en las instituciones escolares, donde la posibilidad de que surjan malestares se ve potenciada por la cantidad de relaciones que se establecen. Cabría aquí pensar, cual es la situación de los Jardines Maternales, donde la tarea implica compartir no sólo espacios, sino el mismo rol, con el mismo grupo de niños, en el mismo tiempo y espacio. Se constituye, entonces, como una premisa fundamental el funcionar como un verdadero equipo de trabajo, donde los y las docentes tienen que llegar a acuerdos y sostenerlos, para andamiar lo mejor posible la construcción subjetiva de los chicos.

Teniendo en cuenta que cada institución tiene su modo particular de funcionamiento, pienso que hay algo que las abarca a todas, y sin lo cual prácticamente no se podría llevar a cabo la tarea: la Comunicación entre los distintos actores de la cotidianeidad escolar. Esta, se constituye como una herramienta imprescindible para ayudar al funcionamiento de la institución. Debe tener el foco puesto en la idea de relaciones vinculares entre personas, que se pueden establecer por distintos medios: palabras, silencios, gestos, movimientos, actitudes posturales. Apostar a la palabra es brindar los espacios necesarios para que se pueda construir acuerdos, discutir las ideas, consensuar las propuestas. Comunicación que se debe dar  intrainstitucionalmente (entre los distintos miembros de la institución), como entre la institución y la comunidad en la cual está inserta. También se podría pensar en una comunicación intrasala, que se refiere específicamente a la que se origina entre los distintos docentes de una sala y de estos para con sus alumnos y las repercusiones que esto origina hacia el interior del la institución y hacia la comunidad de padres.

Los y las docentes necesitan encontrar espacios de trabajo compartidos, en los cuales se pueda reflexionar, poner en palabras aquellas situaciones que hacen a su rol de enseñante dentro de un grupo de pares. Los encuentros formales e informales permiten intercambiar opiniones, ideas que en la mayoría de los casos ayudan a llevar adelante la tarea. La evaluación diaria, poder reflexionar sobre los contenidos propuestos, las actividades desarrolladas, las distintas respuestas de los niños, cómo presentar las actividades, quién las dirigirá, qué rol cumplirán los demás docentes, los vínculos establecidos, los momentos por los cuales atraviesan los niños, son claros ejemplos de aquello que debe ser compartido. Socializar la información recibida de los padres, sus expectativas, angustias, dudas.

Debemos tener en cuenta que, como dice Fullan, lo que caracteriza a las culturas del trabajo en equipo, es la asistencia, el apoyo, la confianza y la sinceridad. Donde el individuo y el grupo son valorizados por sí mismos y tanto el uno como el otro. No solo los individuos son valorizados; también lo es la interdependencia.

Es necesario pensar, analizar nuestras prácticas desde una concepción más amplia de pedagogía, que comprenda los procesos de enseñanza aprendizaje, y que sea entendida como una relación entre sujetos (entre subjetividades), relación en la cual se ponen en juego pasiones humanas. No podemos olvidar que el/la docente es una persona y, como tal, ama, sufre, teme, disfruta. Se torna necesario el acompañamiento constante de la conducción.

Así como son importantes los encuentros casuales, que se dan con mucha frecuencia, para intercambiar opiniones; es imprescindible contar con espacios semanales establecidos con anterioridad donde docentes y equipo de conducción puedan abordar las distintas temáticas vinculadas, especialmente, con el quehacer áulico. Encuentros que lleven a avanzar en el establecimiento de confianza, apoyo, sinceridad, pilares para lograr un buen funcionamiento en equipo.

Lic. Alejandra Rosales

Bibliografía:

Fullan M “La escuela que queremos”, Bs. As. Amorrortu editores 1996

Zampa Daniel “Mediación educativa y resolución de conflictos”, Ediciones Novedades Educativas  2005

López Emilia “Trabajadoras / es de la caricia”

 

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